viernes, 30 de noviembre de 2018

Entonces … ¡hagamos el humor!


Por donde se le mire es más beneficioso

En una situación como la que actualmente vivimos (¡cuántas crónicas con el mismo inicio!) lo mejor  será buscar aquellas actividades que nos den tranquilidad y dedicarnos a nuestra propia sanidad mental. Eso es parte de lo que recomienda el Instituto de Salud e Higiene Mental de la Liga del Bienestar y la Armonía (LIBAR), al ver que cada vez más personas se unen al combo  del Pesimismo y Fatalidad.

Todo ello en atención  a los estudios de último momento que hablan de un cambio en el comportamiento emocional del venezolano que lo ha llevado a somatizar su vivencia diaria, que aunque es neutra (la vivencia diaria) para una persona con recursos, la mayoría de los venezolanos la percibe amenazante. 
En este sentido, gente preparada en el tema como asociaciones y colegios de psicólogos, institutos de higiene y salud mental y física, etc., confirman problemas relacionados con la pérdida de la confianza, de la autoestima, crisis de pánico, seborrea, caspa y, lo peor de todo, problemas de inapetencia y de impotencia a la hora de hacer el amor lo que dificulta la satisfacción de necesidades primarias. Elemental!

Desde ya le decimos que si usted por las razones enunciadas anteriormente, se encuentra en el amplio espectro de inapetentes, pues no hay problema, no todo está perdido por cuanto usted es un fuerte candidato, entonces,  a hacer el humor.
Veamos algunos de los beneficios de hacer el humor.

Hacer el humor crea Sinergia, porque,  aunque usted puede iniciarse haciéndolo solo en su cuarto, en el baño, en la oficina o hasta en un café; seguramente muchos otros lo van seguir, ya que  hacer el humor, al igual que hacer el amor, produce adicción y consecuentemente, seguidores. Haciendo el humor se comparte con mucha más gente!
Así que usted puede comenzar haciéndolo solo; puede seguir luego haciéndolo en pareja, lo cual es mucho mejor; de allí puede pasar a hacerlo en tríos, lo que también es gratificante y finalmente puede terminar haciéndolo en grupos, sin riesgo de que alguien lo acuse de orgiástico.

Dicen que Woody Allen comenzó su carrera humorística sentado en un taburete en cualquier bar de mala muerte de Mannhatan, haciendo soliloquios que apenas podían abrirse paso entre el humo de tabacos trasnochados en madrugadas de interminable modorra etílica y en las que unas sonrisas de cortesía y algunos desganados aplausos le permitirían clasificar para la noche siguiente.

Es posible que los stand up comedy que practican contemporáneamente los neo-humoristas estén inspirados en los inicios de la carrera de Allen. Así que si usted lo practica con asiduidad es posible que, de no llegar a ser un Woody Allen, en cambio  podrá  execrar toxinas que lo libren de un tempranero ACV…. a menos que escoja  seguir viviendo en el círculo vicioso de la desesperanza aprendida y practicada.

En cuanto a las posiciones, al igual que en el tema de hacer el amor, usted puede escoger para hacer el humor la posición en la que se sienta más cómodo. Si usted siente comodidad al hacerlo sentado en una silla, en una poltrona o en un taburete como Allen, pues hágalo, pero hágalo desde ya sin muchas restricciones.

¿Quién iba a pensar que desde la incomodidad de su silla de ruedas alguien como Stephen Hawking (afectado por la  Esclerosis Lateral Amiotrófica,  ELA, enfermedad neurodegenerativa progresiva que afecta a las neuronas del cerebro y la médula espinal),  podría preparar sus mejores intervenciones científicas con el picante humorístico que sólo una mente libre de ataduras emocionales podría hacer?

Sin embargo, se cuentan por decenas las salidas inteligentes de Hawking, como aquella en la que en  medio de una conferencia preguntó:

- Qué le dijo Marte a Saturno? (What did Mars  tell to  Saturn?)

Como nadie adivinó, él mismo se respondió:

- Dame un toque de vez en cuando. (Give me a ring sometime).

Más allá de lo obvio, el chiste está en que probablemente no era una llamada lo que le habría pedido Marte, sino  “un anillo” que también se escribe “ring” en Inglés y que es, justamente, lo que más tiene Saturno.

En cuanto a las restricciones, hacer el humor tiene muchísimas menos limitaciones que hacer el amor. Observen que cualquiera puede hacer el humor con la esposa de su amigo o amiga sin que esto dé a pensar que son amantes. Así de sencillo es hacer el humor. Del  mismo modo usted lo puede hacer con su secretaria y con su mejor amiga. Y también con la peor. Y no pasa nada. Es más, usted, si le da la gana, puede hacerlo con su hija, con su hermana y hasta con su nieta. Y a nadie se le ocurrirá hablar de humorismo incestuoso. Ya por último, usted se puede encerrar en un cuarto, usted solo, y convertirse en el humorista millonario que jamás ha salido de la habitación, con sólo pararse frente al monitor y grabar un sketch semanal para la audiencia 2.0 que pulula por las redes, convirtiéndose en lo que llaman hoy en día un youtuber o influencer. Claro está que esto  es opcional ya que sólo depende de si usted posee esas pretensiones. 

Quien conoció tempranamente los beneficios del hacer el humor fue el editor Norman Cousins, quien en los años cincuenta fue diagnosticado de una rara enfermedad, conocida en ese entonces como espondilitis anquilosante y cuyo tratamiento era desconocido por los médicos de la época. Éstos, en una maniobra desesperada ante la falta de marco teórico, recomendaron a Cousins que le diera un poco de alegría a su vida, por lo que el paciente pidió que le consiguieran películas de El Gordo y el Flaco y varias de los Hermanos Marx. No pasó mucho tiempo para que los efectos de la risa comenzaran a notarse, al punto que 10 minutos de sano humor le generaba más de dos horas sin dolor. Finalmente Cousins fue dado de alta, ya que los otros pacientes no soportaban sus explosiones de risa, teniendo que continuar con el “tratamiento” en un hotel, donde logró curarse totalmente de la enfermedad,  para un tiempo después terminar ayudando a la gente a través de su libro “Anatomía de una enfermedad”.

¿Recuerdan que todo este cuento empezó con la pérdida de la libido y la necesidad de volcar todas esas energías en hacer el humor?

Bueno, la buena noticia que les tengo es que haciendo el humor pueden recuperar el encanto perdido por culpa de la somatización de las vicisitudes del día a día.
En tal sentido la ciencia positiva ha sentenciado, luego de largos estudios, que “quien te hace reír te hará también gemir” y que las parejas que se ríen juntas, terminan también acostándose juntas.

Por alguna razón desconocida, estas cosas la sabía mi tía Isabelita, quien le recomendaba a su sobrina favorita “hija, el día que te consigas un hombre que te haga reír …no lo dejes ir”. No dejó pasar dos autobuses!

Qué dicen?
Entonces … ¿hacemos el humor?