sábado, 25 de febrero de 2017

Mi encuentro con el portugués

Y uno que otro desencuentro!

El venezolano común jura que habla portugués, mucho más aún si es caraqueño. En cualquier conversación es común escuchar  algún giro idiomático de los lusitanos. Ellos (nosotros) creen que al sufijar alguna palabra del español con la terminación eiro, iño (inho) ya están sobrados hablando portugués. Por eso es común escuchar en algún abasto o panadería llamar la atención del dependiente con un “Meira, panadeiro, dame un cafesiño”. Como el portuguès le despacha lo que pidió, el criollo cree que se la está devorando con ese idioma.

Como caraqueño reencauchado que soy, no me salvé de esa realidad, afectado por haber pasado la adolescencia en un sector del centro de Caracas que estaba repleto de portugueses, pero también de españoles en todas sus denominaciones y de italianos; todos venidos al país escapando de las guerras que en Europa eran muy comunes hasta no hace mucho.

Lo cierto del caso es que no escapé a la influencia de los lusitanos y, en ese sentido, yo también andaba por la vida hablando portugués; al igual que los portugueses de los programas cómicos de televisión, esos que hasta cuñas hacen, en el entendido, también, que están hablando portugués perfectamente, hasta con el acento, chico!

Con esa suficiencia en el idioma he ido varias veces a Brasil, a La Línea, o sea, y allí me he hecho entender perfectamente por los brasileños. Allá me han comprendido sin dudas cada vez que he requerido de “caipirinha, un champuciño, un pantalonciño, una cerveciña, y hasta rebajiñas” les he pedido, solo que con esta última palabra los tipos dejan de comprender, soltando de inmediato un “Eu nao entendo nao”. Sí, porque los carajos cuando niegan algo, lo ratifican inmediatamente “não entendo não”. Doble  negación. En castellano, luego lo supe, es como una especie de “no entiendo un coño”.

Así que por cosas del destino, hará unos tres meses que mi mujer, experta en conseguirme ocupaciones, me inscribió en un Curso de Portugués Básico, lo que despertó en mi cierta molestia; primero, porque … por qué ella me va a estar buscando nuevas ocupaciones inconsultamente y segundo y tal vez lo principal, por qué se presenta con un curso  de un nivel básico, para mi que he hecho del Portugués mi segunda lengua desde hace más de 40 años. Qué falta de respeto es esa?

Total que, no obstante la molestia, accedí a asistir al curso, más por curiosidad de lo que me podrían enseñar si ya todo lo sabía, que por el propio interés de sistematizar el aprendizaje de la lengua.

Así las cosas me presenté en mi aula de clases el día y fecha de mi inscripción, ya que venía retardado. La profesora muy dignamente se presentó y me hizo las primeras indagaciones acerca de mis competencias en el idioma. Enseguida comprendió que yo representaba una seria amenaza para sus aspiraciones de seguir facilitando el curso; no obstante me invitó a llenar una planilla como parte de la formalidad del curso. Ella, con la planilla en sus manos, me iba haciendo las preguntas:

-Nome!
-Nome?
-Sí. Qual é o seu nome?
-Esa palabra no me la aprendí, justifiqué.
-Le pregunto por su nombre, caballero!
-Ah ok. Yo me llamo Héctor.
-Heitor. En esta aula y a partir de este momento usted se llama Heitor.
-Ok. Obrigada.
-Sobrenome!
- Que le diga mi sobre nombre? Apenas conociéndonos y usted pretende que le diga mi apodo? No, lo siento. Eso es sólo para mis amigos!
- Faz favor! senhor Heitor, le estoy preguntando por su apellido, me respondió la profe conteniendo la risa.
-Ah ok, me hubiera preguntado por mi apelido!
-No, seu Heitor, porque si le pregunto por su apelido, entonces sí le estaría preguntando por su apodo!
Qué buena vaina! Ya la cosa no me estaba gustando mucho, ya que se me estaban viendo las costuras del  portugués que me enseñó Arlindo Gouveia en el abasto del edificio Mapal.
- Ok, mi sobrenome es Acosta.
-Endereço!
-Bueno, a mi me gusta mucho la vinagreta al ajillo, respondí ahora sí lleno de la seguridad que causa la sabiduría.
-kkkkkkkk kkkkkk señor Heitor, se trata de su dirección, no de su aderezo favorito.
Rodé, rodé feo, comenzaba a pensar con preocupación y ya con un sudorcito frío que me corría por la espalda.

Una vez dada mi dirección, la profesora, quien por razones obvias, ya lucía más relajada que al principio, me invitó a hacer una pequeña traducción, solo para demostrarse que debía colocarme en el curso que está antes del Básico, pensaba yo.

-Aquí va la oración,  seu Heitor:
“Lucy bate-papo com Vadinho enquanto desfrutam extasiados de tira-gostos”

Esta señora se está poniendo erótica, fue la impresión que me dio. Cómo me va a poner a traducir un párrafo tan íntimo, porque donde un venezolano ve la palabra papo con el verbo tirar, más el adjetivo extasiados allí tiene que haber gozadeira.

-Qué pena con usted, ciudadana profesora, pero ese párrafo es demasiado íntimo para que así, sin ninguna confianza, entremos en esos terrenos!

-Aún así, senhor Heitor, lo invito a sobre ponerse a la pena e intente hacer la traducción. Se trata de cuestiones meramente académicas, acotó la profe con una sonrisa a lo Mona Lisa.

-Bueno, que conste que es porque usted insiste. Allí lo que dice es que Lucy le está meneando aquello a Vadinho y que ambos se sienten a gusto y extasiados haciendo el amor. Está bien?

-kkkkkkkkk kkkkkkk kkkkk no, seu Heitor, kkkkk kkkk, allí no dice eso, dijo la profesora ahora sí destornillándose de las risas.

-Allí dice literalmente “Lucy conversa con Vadinho mientras extasiados disfrutan de unos bocadillos”.

Luego de esta espantosa experiencia (lo que es espantoso para mí, para los portugueses es maravilloso) entiendo lo que muchos portu-parlantes resumen en la expresión “mucha gente cree que el portugués es pollito deshuesado”, ya que con solo una pocas preguntas básicas, la profesora pasó la escoba conmigo (para los portugueses escoba es igual a vassoura). Y no dejan de tener razón, ya que como una basura (aunque basura para ellos es lixo) se siente uno luego de semejante paliza, independientemente que para ellos paliza equivale a una sova.

Así que en lo sucesivo habrá que tener más aprecio por ese idioma, no le vaya a pasar como a un amigo  quien se hizo novio de una brasilera, la que en una oportunidad, después de pasar una semana sin verlo, le expresó telefónicamente  “a minha  cabeça  doe de tanta pinga”. Bueno, mal traducido era para alarmarse, pero lo que la chica intentaba decirle era que le dolía la cabeza de tanto aguardiente.

De ahora en adelante voy a tener más atención y respeto por el idioma portugués, evitando hacer el ridículo ante los conocedores de la “lengua de Camões”. Por cierto, esa tilde sinuosa (~) que se observa encima de la õ en Camões, se conoce con el nombre de virgulilla, (en ningún caso se debe  confundir con nuestra  verguilla), y se usa  para nasalizar las vocales; así que si usted quiere hablar bien, comience por conseguirse una pinza de ropa y apriete  bien esa nariz al momento de pronunciarla… o sea.