sábado, 16 de mayo de 2020

La vida venezolana en cuarentena. Cuento corto.

La vida venezolana en cuarentena
El inexorable tiempo detuvo su marcha en cuarentena. Nadie sabe qué día vivimos. El nieto inquiere por el día, pero lo que realmente quiere saber es “el número”
La abuela pregunta para saber cuándo toca lavar y cuándo limpiar profundamente. Y la hija soltera pregunta todos los días, nerviosamente hasta el fastidio, en qué fecha estamos. Hasta un día  que grita alborozada “hoy es Viernes 24 de Abril”
Cuando todos indagan asombrados cómo lo supo, responde“porque hoy me vino el periodo
Todo esto lo que significa es que hasta los estados de excepción tienen una regla salvadora!

lunes, 11 de mayo de 2020

La Historia Imaginada: La mujer del César


Julio César salió hecho una furia de su oficina ocupada en una de las alas del Palacio de gobierno. Al otro costado estaba su residencia oficial, que compartía con su esposa Pompeya y sus dos pequeños hijos.

Estaba el líder e integrante del Primer Triunvirato dando su más dura y cruenta pelea; pero en esta oportunidad no se trataba de guerreros armados que les competían hasta la muerte por arrebatarle el poder construido en base al valor y arrojo demostrado en cada cruzada. No. Esta vez el enemigo silente del temido Senador romano se encontraba navegando constantemente en el océano de sus pensamientos. Eran los celos. Los malditos celos.

Las dudas acumuladas en cada ausencia, en cada lucha librada a expensas del abandono del hogar no lograban ser compensadas con las alforjas repletas de oro, diamantes y alhajas de variados colores, obtenidas como botines de guerra en cada una de las escaramuzas en la que participó triunfante.

Los celos  se venían acumulando desde hacía mucho tiempo, a pesar de su holgada receptividad por parte de las damas de la época republicana. Sin embargo eso no le bastaba para sucumbir a la estrategia de pensamiento que lo llevaba a crear películas en su imaginación, de las cuales no salía muy bien librado.

Así que aquella mañana  fue el acabose.

-         Pompei! Pompei! Gritaba desaforadamente llamando a la que hasta ese momento fuera su esposa.
-         Enseguida la busco, su majestad!, se comprometió el jefe de la servidumbre.
-         No, digli che tra 5 minuti ti vedremo alla nostra residenza!, dijo en voz altanera el vencedor de la Guerra de las Galias.
-         Capisco, la sua exccellenza, contestó el fiel lacayo al mismo momento  que salía disparado en busca de la consorte.

No pasaron los 5 minutos cuando ya la pareja se encontraba en la alcoba principal de la residencia tratando de arreglar sus diferencias.

-         Aquí me tienes, marito, ¿perché mi stai cercando cosi insistentemente?, preguntó en tono sumiso la elegante mujer.
-         Yo quiero que tú me digas qué carajo es lo que tú tienes con el patricio ese que fue encontrado coleado en la fiesta de la Buena Diosa, inquirió el César con toda autoridad.
-         ¿Cómo se te ocurre, mío marito, si yo a ese ragazzo ni lo conozco?, respondió Pompeya no del todo sorprendida.
-         Entonces dime qué hacía disfrazado de mujer buscando acercarse a ti?, continuó Cayo Julio César el interrogatorio.

“Según cuenta Plutarco en sus "Vidas paralelas", un patricio romano llamado Publio Clodio Pulcro, dueño de una gran fortuna y dotado con el don de la elocuencia, estaba enamorado de Pompeya, la mujer de Julio César. Tal era su enamoramiento, que en cierta oportunidad, durante la fiesta de la Buena Diosa -celebración a la que sólo podían asistir las mujeres- el patricio entró en la casa de César disfrazado de ejecutante de lira, pero fue descubierto, apresado, juzgado y condenado por la doble acusación de engaño y sacrilegio”.

Situación ésta que diera lugar a la airada reclamación que le hacía el César a su mujer, en la que dudaba de su honorabilidad, aun cuando no tenía suficientes pruebas para acusarla de infidelidad.

-         Pero qué culpa tengo yo, imperatore massimo,  que un hombre que esté de mi enamorado trate de acercárseme sin yo saberlo? Preguntaba la mujer como parte de su defensa.

-         Algo tuvo que haber visto es atrevido  para tomar ese riesgo. Algún atisbo de debilidad pudo él haber advertido en ti que lo llevó a intentar esa desquiciada maniobra!, seguía César argumentando su furia desmedida.

-         Que yo sepa, sumo esposo, jamás he abierto mi corazón a otro hombre que no sea Su Excelencia. Jamás en nuestra sacro santa unión, un postigo de mi vida se ha abierto para que alguien le dé luz a ese espacio que ya su merced le dio suficiente iluminación. Lo juro, santo marito, porfía Pompeya en un desesperado esfuerzo por convencer a Julio César.

-         Bueno, es verdad que no tengo pruebas de tu infedeltà, incluso, puedo estar convencido de que no lo fuiste; pero una cosa te digo y en ello soy intransigente, mia moglie non solo mi debe fedeltà, sino que tampoco puede dar lugar a dudas de parte de los hombres. Quien sea mi mujer debe tener un tal comportamiento que aleje y propicie el rechazo de cualquier intento de sojuzgar  la inquebrantable voluntad de lealtad hacia mi persona. Quien fuera la mujer del César ……….

Antes que Cayo Julio César pudiera terminar su perorata fue interrumpido por un apenas perceptible ruido que escuchó bajo su ventana. Con la velocidad de otrora corrió hacia la puerta. Al abrirla y salir se dio cuenta que Cayo Posca, su más leal esclavo, se alejaba sigilosamente, tratando de no levantar sospechas entre la Guardia republicana que  custodiaba al dictador, lo que no impidió que éste lo llamara para reprenderlo:

-         Cayo Posca! Cayo Posca! Hágame el favor y se me presenta aquí de inmediato!
-         En qué puedo servirle, su merced, respondió el fiel esclavo, en tono humilde.
-         Se puede saber qué hacías tú bajo mi ventana?, preguntó César sospechando de lo que se trataba.
-         Nada, su alteza. Yo solo pasaba!, respondió Cayo Posca, en un dejo de indiferencia.
-         Habrás de saber que yo sé en lo que andas, aseguró el Procónsul republicano. Espero que esta conversación no vaya a ser motivo de canzonatura en tus francachelas, advirtió César .
-         Caramba, su Excelencia, yo sería incapaz de exponerlo ante la opinión pública ….además,  le juro que no he escuchado nada, aseveró quien había sido manumitido por el propio César y quien formaba parte de su grupo de confianza.

No se tiene certeza del origen de la infidencia, lo cierto es que un siglo después, Plutarco, quien fuera biógrafo de romanos y egipcios a igual ras, publicaría en su obra Vidas Paralelas, la advertencia que le hacía César a Pompeya, con lo que le daba rango de majestuosidad a la duda de los celos:

“La moglie del sindaco, oltre all’onestà, anche debe apparire”

“La mujer del alcalde, además de honesta, también debe aparentarlo”.

Claro, en aquel pueblo pequeño, que eran la mayoría de los pueblos de la Antigüedad, todo se sabía, de modo que más tarde se estaría al corriente que lo que Plutarco dirigía personalmente al máximo Edil, era un extracto de la lucha que mantuvo el César con Pompeya, en aquellos incómodos derrames de celos del massimo magistrado y que un siglo después   Plutarco  lo patentaría como:

"No basta que la mujer del César sea honesta; también tiene que parecerlo".

domingo, 3 de mayo de 2020

La despersonalización del discurso en revolución


- Vamos a darle un pase a la alcaldesa Erika Farías, quien se encuentra haciendo un recorrido por La Vega.  Adelante, alcaldesa!

 -      - Gracias, Presidente, saludar la iniciativa que usted ha tenido de ordenar esta jornada de desinfección de las parroquias caraqueñas.

Caminando apurado esta conversación no tendría nada censurable porque se trata de una más de entre las cientos de ellas que se producen a diario en revolución, pero, sin saberlo, terminan modificando arbitrariamente el idioma e introduciendo giros idiomáticos poco usuales en estos lados del continente americano, donde la lengua de Cervantes impuso sus mecanismos de producción, difusión y cambios lingüísticos.

¿De dónde nuestros dirigentes políticos han sacado la moda de iniciar una conversación empleando un verbo en infinitivo? Pues bien, ya es una costumbre  dentro del gobierno, que sus líderes comiencen sus intervenciones con verbos tales como saludar, agradecer, reconocer, confirmar, celebrar, etc., dejando la oración morfológicamente incompleta, al carecer de un sujeto que se haga responsable de la acción emprendida. Así, cabe preguntarse, en la intervención de la burgomaestre (no faltará quien me diga que es burgomaestra): ¿sobre quién recae la acción de saludar? ¿Quién saluda a quién? ¿Quién se siente saludado?

Maigualida Rivas, amiga consuetudinaria de estas crónicas y lingüista de  obligada consulta práctica, nos alumbra el tema planteado al afirmar que “ese fenómeno que tú llamas “giro idiomático” no es otra cosa que la despersonalización del idioma. Se usan morfemas que despojan al texto de tener y mantener un sujeto léxico. Una acción deber ser realizada por alguien que sería el sujeto”.

En esta forma de construcción del lenguaje queda destrozada aquella clase  aprendida al caletre desde primaria, según la cual para darle sentido a una oración, ésta  debe poseer sujeto, verbo y predicado. Es como esa otra expresión muy usual que se produce por pena,  miedo o no sé qué otra cosa, mediante la cual las personas terminan sus diálogos con la expresión se le quiere. Por favor, ¿quién carajo quiere a quién? A mi nadie se me quiere. A mi me quieren o no me quieren. Yo no puedo decir que Ivette me quiere por que me dijo que se me quería. En esa frase nadie asume la acción de querer. Generalmente cuando alguien me dice que se te quiere, lo (la mayoría de las veces es la) obligo a especificar, a través de la pregunta ¿quién específicamente me quiere? O puedo ser un tanto sarcástico, preguntando ¿quién se me quiere?

En este sentido, Maigualida hace aún más explícita su participación al enjuiciar algunas de las razones de la ocurrencia de este fenómeno, al señalar “se evita señalar la presencia explícita del sujeto, de quien necesariamente realiza la acción para  trasladarla, más bien, hacia un contexto impersonal, alguien inespecífico que no puedes identificar porque está diluido  en aquel “se” que mencionas “se le quiere”. Se invisibiliza así, al sujeto concreto. “Se dice”, “se sabe”, “se rumora”, “alguien afirmó” o el consabido “uno no sabe qué pasó allí”. ¿Quién es “uno”? ¡Nadie! Es decir, lo perfectamente invisible.
Cuando esto sucede, se está construyendo realmente un mecanismo perverso de despersonalización que lo más seguro es que conduzca a nunca encontrar culpables de nada de lo que suceda en nuestro país”.  

Entonces, como podríamos salvar a la burgomaestra del sin sentido? Muy sencillo, diciéndolo de la siguiente manera: “Presidente, saludar la iniciativa que usted ha tenido, al  ordenar esta jornada de desinfección de las parroquias caraqueñas, es lo que me propongo reconocer a través de esta intervención”. Si usted lo deja hasta caraqueñas quedará un largo punto suspensivo cuya funcionalidad es insuficiente para proporcionarle sentido completo.

El otro aspecto por destacar es que toda redacción comience con un infinitivo, corresponde al enunciado de un objetivo, propósito, meta o misión. En estos casos se trata únicamente de especificar  la acción que alguien previamente identificado en otra parte del texto, va a ejecutar.

Maigualida, sin embargo mete chola a fondo en el análisis, al punto de llegar a una conclusión determinante:
“En una situación comunicacional como la que explicas en tu artículo,  en la que el Presidente  inquiere la participación de la alcaldesa de la capital en relación con acciones preventivas de salud por el problema del coronavirus, ella simplemente “saludar” la iniciativa o interviene “para saludar” la iniciativa, es una clara muestra de despersonalización del discurso.
En el español tenemos muchas formas de esas despersonalizantes que desaparecen al sujeto como por arte de magia y una de ellas es comenzar por un verbo en infinitivo que en realidad ejerce funciones de sustantivo, gramaticalmente hablando, pero que no singulariza a nadie. Están empleando, nuestros revolucionarios, esa forma discursiva para evitar personalizar las actuaciones”.

Pensándolo bien, es posible que todos estos líderes de la revolución tengan razón en utilizar un discurso despersonalizado, porque como acota Maigualida alcaldes, gobernadores y ministros lo único que hacen es “saludar” las iniciativas del Presidente, porque muy pocos las cumplen …saludos como los que se  hacen en los buques con la bandera, en señal de bienvenida. Cortesía pura.

Al cierre de esta crónica me quedó sembrada la duda,  de si es inocente que cada vez que se dan pases en vivo y directo  y los referidos dicen cosas como “aquí estamos, Presidente, cumpliendo con las instrucciones que nos dio……”, ¿será realmente ingenuo o será que, por si algo sale mal, tener el camino abonado para decir que eso fue culpeMaduro? Ah pues, se han visto casos ….o sea!