viernes, 5 de noviembre de 2021

Caracas: las leyendas urbanas cuelgan de cables eléctricos

 𝐂𝐚𝐫𝐚𝐜𝐚𝐬: 𝐥𝐚𝐬 𝐥𝐞𝐲𝐞𝐧𝐝𝐚𝐬 𝐮𝐫𝐛𝐚𝐧𝐚𝐬 𝐜𝐮𝐞𝐥𝐠𝐚𝐧  𝐝𝐞 𝐜𝐚𝐛𝐥𝐞𝐬 𝐞𝐥𝐞é𝐜𝐭𝐫𝐢𝐜𝐨𝐬

Conforme a la creencia colectiva de que las leyendas urbanas son propias de países subdesarrollados, la realidad confirma lo contrario porque lo mismo en Caracas que en Ciudad de México, Buenos Aires, Nueva York, Madrid y Armsterdan la mitología urbana se pasea por las calles sin distingos de clases sociales ni de países con los más elevados PIB. En todos ellos las leyendas urbanas prosperan como en los pueblos nuestros en que la ruralidad y falta de luz eléctrica dio pie al nacimiento de la 𝐿𝑒𝑦𝑒𝑛𝑑𝑎 𝑑𝑒𝑙 𝐻𝑜𝑟𝑐𝑜́𝑛, 𝑜 𝑙𝑎 𝐿𝑒𝑦𝑒𝑛𝑑𝑎 𝑑𝑒𝑙 𝑆𝑖𝑙𝑏𝑜́𝑛, 𝑜 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑆𝑎𝑦𝑜𝑛𝑎. Por cierto en la misma meca de la modernidad occidental nacieron leyendas relacionadas con el Baseball, como la 𝑳𝒆𝒚𝒆𝒏𝒅𝒂 𝒅𝒆𝒍 𝑩𝒂𝒎𝒃𝒊𝒏𝒐, 𝒐 𝒍𝒂 𝑴𝒂𝒍𝒅𝒊𝒄𝒊𝒐́𝒏 𝒅𝒆 𝒍𝒂 𝒄𝒂𝒃𝒓𝒂 𝒐 𝒍𝒂 𝑴𝒂𝒍𝒅𝒊𝒄𝒊𝒐́𝒏 𝒅𝒆 𝒍𝒐𝒔 𝑴𝒆𝒅𝒊𝒂𝒔 𝑵𝒆𝒈𝒓𝒂𝒔 o esta otra que está calientica, de esta última post temporada de béisbol y que los periodistas deportivos parecieron ponerse de acuerdo en llamar  𝙇𝙖 𝙈𝙖𝙡𝙙𝙞𝙘𝙞𝙤́𝙣 𝙙𝙚 𝙅𝙤𝙚𝙮 𝘾𝙤𝙧𝙖, manager de los Medias Rojas de Boston que le prohibió a su pitcher caer en la tentación del  𝙥𝙚𝙧𝙧𝙚𝙤, comenzando a partir de ese momento el declive de los de Boston. Todas estas supersticiones son made in USA, por cierto; no en Santa María de Ipire, ni en Caracas.


En este sentido, desde hace mucho tiempo los cables eléctricos tendidos entre poste y poste en nuestras calles y avenidas han servido, además de enviar  la electricidad a casas y comercios, de tendedero de zapatos desechados por sus dueños, en su mayoría jóvenes, quienes por una u otra razón, han preferido verlos guindando de los cables que darle cristiana sepultura en las compactadoras del aseo urbano. Esto que parecía un deporte amateur ha devenido con el correr del tiempo en media de docena de leyendas urbanas las cuales han tratado de explicar el enigmático origen de la tradicional costumbre juvenil, incluso de ella ha surgido un  nombre para identificarla y hasta patentarla. A esta mixtura entre arte y misterio lo han llamado ❞𝒔𝒉𝒐𝒆𝒇𝒊𝒕𝒊❞. ❞𝑺𝒉𝒐𝒆❞ por los zapatos y ❞𝙛𝙞𝙩𝙞❞ por graffiti. O sea que es una forma de hacer graffiti con los zapatos!

Pero este arte callejero aparentemente inocuo se le asume, de acuerdo a la leyendas conocidas, algunas  venidas de afuera, un origen gansteril o delincuencial al relacionarlo con acciones de pandilleros y mal vivientes que utilizan este artilugio para enviar algunos mensajes. Así, la leyenda recién construída narra que vendedores de drogas guindan los tenis muy cerca del sitio de expendio para avisarle a los usuarios que por ahí pueden conseguir su poción de yerba o algún otro alucinógeno de su predilección. Lo extraño del caso es que, popularizada la leyenda, los cuerpos policiales también deben enterarse de la contraseña. Esta leyenda ha dado lugar a que en el propio Nueva York y muy cerca de la meca del mundo financiero por antonomasia, Wall Street, se promuevan tours hacia los sitios donde hormiguean los principales 𝙨𝙝𝙤𝙚𝙛𝙞𝙩𝙚𝙧𝙤𝙨 del olimpo del modernismo. ¡Y pagan por dar ese paseo!  Por allá también de que vuelan vuelan!

Otra de las leyendas sugiere también que esa es una forma como los pandilleros marcan su territorio, del mismo modo en que hienas, leones y tigres demarcan el suyo meando en los árboles para anunciar la inviolabilidad de esa tierra que se está pisando; es una forma de decir PROPIEDAD PRIVADA, NO PASE.

También se habla de que esta leyenda nació de las costumbres de los malandros quienes cuando atracaban a algún desprevenido transeúnte, le quitaban los zapatos y los lanzaban a los cables de la electricidad para ser exhibidos como trofeos, no se quedaban con ellos, con los zapatos, aunque en el medio venezolano esta explicación no es muy convincente, más si se tratara de un par de zapatos de los que usa 𝙉𝙖𝙘𝙝𝙤 𝙡𝙖 𝙘𝙧𝙞𝙖𝙩𝙪𝙧𝙖, los cuales rondan los 1500 dólares. A confesión de parte …..!

Del mismo modo en México se habla que cuando alguien muere sus mejores zapatos son arrojados a los cables eléctricos para que ya estén más cerca del cielo, de modo que cuando el finado emprenda el viaje definitivo pueda ponérselos y seguir el largo trayecto de una manera más cómoda. O más 𝑛𝑖𝑘𝑒!

 Así como éstas hay unas cuantas historias, cuentos o anécdotas que en realidad no llegan a convertirse en leyendas por lo inverosímil de sus explicaciones, porque para que algo se convierta en verdadera leyenda debería estar bien imbricada en el sistema de creencias  de la población, de lo contrario no pasará de ser un entretenido cuento de camino, o más bien de autopista y rascacielos.

Ahora bien en mis más de 50 años siendo parte de esta tradición jamás se me habría ocurrido suponer ninguna de esas explicaciones, ya que en mi experiencia propia lo vi y lo viví como un acto de irresponsabilidad ciudadana, de cambio de época y de cambio de la conciencia. 

Henry, un amigo de la esquina de Luneta, en Altagracia, lanzó sus viejos zapatos a las cuerdas de electricidad luego de trabajar todo el mes de Diciembre para renovar aquellos a  los que le había dado 𝑗𝑢𝑙𝑒𝑝𝑒   durante dos años. Subió a la azotea de su pequeño edificio, se levantó en americano y  el par de viejos zapatos  se enredaron y quedaron pendiendo por el resto de sus vidas. Recuerdo también a Plaja, un poco más arriba, en la esquina de Caja de Agua, quien se despojó de sus tenis y los lanzó al cableado porque al día siguiente comenzaba en la universidad. Por supuesto ya los zapatos coincidencialmente no daban para más. Por último recuerdo perfectamente la mañana  en que Gabriel, un amigo de la pata de la esquina de Santa Bárbara, allí cerquita del La Salle de Tienda Honda, en la misma parroquia Altagracia, se deshizo de sus acostumbradas botas 𝘧𝘳𝘢𝘻𝘻𝘢𝘯𝘪. Esa noche al parecer tuvo una revelación que cambiaría el curso de su historia porque al otro día, bajo la explicación de que había comprendido que esas botas eran símbolo de la dominación y  del neocolonialismo,  las aventó lo más alto que pudo quedando ambas colgadas en lo más alto del tendido eléctrico, comenzando una nueva vida para Gabriel …. y también para las botas!

Finalmente, en lo personal nunca fui presa de esas veleidades por una razón muy simple y es por que mis zapatos eran para toda la vida. Si hubiese estado de moda la película 𝗗𝘂𝗿𝗼 𝗱𝗲 𝗺𝗮𝘁𝗮𝗿, sin ninguna duda esa debió estar dedicada a mis zapatos. Mis zapatos eran eternos. Ellos agarraban cartones para paliar sus huecos, luego pasaban a media suela y luego a suela corrida en un ciclo de interminable duración. Cuando llegaba al fin su ciclo de vida no los botaba, si no que los guardaba para los 𝑝𝑜𝑟𝑠𝑖𝑎𝑐𝑎𝑠𝑜𝑠 que siempre se presentaban. La vez que ya siendo un hombre de grandes responsabilidades tuve un superávit de zapatos los doné en una  festividad de  Quema de Judas en una Semana Santa, con tan buena suerte que ese judas no llegó a morir y mis zapatos tampoco,  volviendo a la vida nuevamente en una 𝑎𝑝𝑟𝑒𝑡𝑎𝑧𝑜́𝑛 económica que tuve en esos días. En esos días y en otros también!

Lo que sí me pasó por la mente en más de una oportunidad fue en hacer un mercado de zapatos en el tendido eléctrico que pasaba frente a mi casa y que se extendía hasta San José del Ávila, bajo la modalidad utilizada por los buhoneros de El Silencio, quienes a la orden del 𝒑𝒖𝒚𝒂𝒎𝒆𝒔𝒆 procedían a bajar el flux de la escogencia del cliente, de modo que más de una vez me vi tentado en ponerme un par de zapatos 𝙥𝙪𝙮𝙖𝙤𝙨 , pero fui persuadido por mis amigos, no por el temor a bajarle un par de zapatos a los malandros de las leyendas que les he contado, sino por miedo a morir electrocutado, dado que la tradición oral del momento decía que los zapatos se habrían convertido en anguilas.

 Así que no le vengan con leyendas al que sabe historia … historia viva e historia vívida o vivida… o sea.