viernes, 6 de marzo de 2020

“El Bloque fantasma” del 23 de Enero o la solidaridad venezolana al extremo!

Por si usted no lo sabía 

En la madrugada del 7 de Agosto de 1957 una gran explosión estremeció la ciudad colombiana de Cali, cuando 1053 cajas de dinamita cargadas en 7 camiones del ejército detonaron, produciendo lo que más adelante se conocería con el nombre de “La explosión de Cali”.

Resulta que en aquel  momento Colombia abría caminos interioranos de penetración a través de la construcción de carreteras en el Departamento de Cundinamarca, para lo cual el ejército estaba encargado de detonar las cargas explosivas que permitirían abrir los cauces a las nuevas vías que entrelazarían las localidades vecinas. En ese sentido, el bunker desde el que se planificaba todas estas operaciones estaba en Cali. Allí estaban apostados los camiones del ejército cargados de dinamita, esperando la orden para producir las explosiones controladas que hicieran posible las nuevas ruas.

Algo ocurrió que aquella carga de dinamita hizo explosión en plena ciudad causando la desaparición de más de 3000 personas, más de 1200 heridos y pérdidas materiales por la destrucción de viviendas que ocasionó un sin número de damnificados.

Tiempo más tarde, en Caracas, Venezuela, mucha gente que visitaba e incluso que vivía en la populosa parroquia del 23 de Enero, no disimulaba su asombro al darse cuenta que en el urbanismo faltaba el Bloque 8. No fueron pocos los que corroboraron con sus propios ojos  que después del Bloque 7 venía el Bloque 9 y así continuaba la progresión hasta completar los 38 superbloques  que comprende el sector, además de 42 bloques pequeños. Había incluso quienes se dedicaban a contar bloque por bloque en busca del fantasmal Bloque 8. Los más traviesos ponían a otros a buscarlo en la parte alta de Monte Piedad o en zonas más alejadas de donde debía estar. Lo cierto es que por muy intensa que fuera la búsqueda, el hallazgo del Bloque 8 jamás tuvo éxito.

¿Qué fue lo que ocurrió, entonces?

Mientras se producía “La explosión de Cali”, en Venezuela el Presidente de la República, General Marcos Pérez Jiménez había ordenado dos años antes, y en efecto ya estaba en construcción, un urbanismo en el sector oeste de la ciudad capital y que llevaría por nombre “2 de diciembre”, en honor a la fecha de su  asunción a la presidencia. Con el derrocamiento del Presidente Pérez Jiménez el 23 de Enero de 1958,  la “Urbanización 2 de Diciembre” daría paso a la hasta hoy conocida Parroquia “23 de Enero”, ya que al asumir el poder, Rómulo Betancourt ordenó el cambio de nombre.

El desastre ocurrido en la costeña ciudad colombiana coincidió con que el urbanismo caraqueño se había desarrollado hasta el Bloque 7. En un gesto de solidaridad cargado de simbolismo,  Pérez Jiménez, en vista de la gran cantidad de personas sin hogar que dejó la explosión,  donó el Bloque 8 a la Ciudad de Cali, dando lugar a la construcción de un bloque de similares características, en lo que más tardecita se llamaría la   “Unidad Residencial República de Venezuela”.

“El edificio venezolano”, como se le conoce en la capital del Valle del Cauca, consta de un bloque de 140 apartamentos, los cuales fueron entregados a los sobrevivientes de la desgracia y cuyo gesto representa un hito en la expresión material de la solidaridad entre los pueblos de la Patria Grande, en la que Venezuela ha dado muestras fehacientes de desprendimiento, cuando se trata de expresar su más hondo sentido de hermandad.

Por si esto fuera poco, es necesario acotar que el terreno en el que se construyó la “Unidad Residencial República de Venezuela” era propiedad del médico venezolano Adolfo Bueno Madrid, quien tenía algunos años residenciado en Colombia, dedicado al negocio inmobiliario y que fue quien en última instancia donó el espacio de tierra que albergaría el Bloque 8, conocido también en Venezuela como “El Bloque fantasma”.

Ayer, lo mismo que hoy en día, Venezuela ha dado muestra de practicar una solidaridad innata con sus vecinos y con algunos otros que no lo son tanto. Prueba de ello es que en 2006, medio siglo después del destacado aporte de Pérez Jiménez, el Presidente Hugo Chávez, en un inusitado gesto de bonhomía, compró la impagable deuda de la República Argentina, lo que salvó al país austral de una quiebra inminente.

No obstante, aquel beau geste del fallecido Presidente venezolano hoy es soslayado por la nueva pareja presidencial argentina, así como por  muchos otros presidentes del continente americano, quienes parecen considerar en bloque, que la solidaridad es, justamente, cosas de fantasmas… o sea.