miércoles, 25 de diciembre de 2019

Un cuento de Navidad

Los cuentos de Navidad existen. Hasta antier pensaba que eran cosas del marketing televisivo que cada diciembre subraya la cursilería con la exacerbación de las emociones que nos lleva inconscientemente a pensar en las personas que, de alguna manera y por algún motivo, extrañamos. Aunque no soy de los que escogen esta temporada para pensar en los afectos, esta vez me tocó vivirlo en rol protagónico.

"Niño lindo ante tí me rindo".
Así que bien temprano en la mañana del 24 de diciembre sonó el teléfono de casa, ese que al igual que en muchísimas otras casas, tiene tiempo adornando la mesita de noche sin ninguna otra utilidad. Total que sorprendido atendí. Era mi amigo Judis Rosas, al cual tenía muchísimo tiempo que no le escuchaba la voz. Con la amabilidad de siempre me deseó de inmediato feliz Navidad. De allí hicimos un paneo por estos últimos años, pasando por los hijos y el obligatorio periplo geográfico, "el mayor mío está en Indonesia, mientras el del medio prefirió quedarse en el Quindío. Y los tuyos dónde están"? Al final me agradeció el mensaje que le había pasado hacía apenas dos días, en el que le ofrecí oro del arco minero a precios inmejorables. Sin embargo se excusó de no poder comprar porque este año no le había ido  bien con los ingresos. Finalmente nos despedimos prometiendonos una visita para "antes de que reviente el año". Bueno, como se despide uno en estas fechas. La verdad que me dio mucha contentura hablar con Judis. Fue casi un regalo del niño Jesús.

"El Callao tonight, Tumeremo Tomorrow night".
Yéndose Judis apareció en el hilo del cantv, nada más y nada menos que mi dilecta Maigualida Rivas, amiga, profesora de portugués y correctora de mi escritura seria. No saben la inmensa alegría que me produjo esta llamada. Con ella hablamos un poco de literatura, del acontecer político y de los ratos agradables que pasamos contemplando el atardecer en el Club portugués, acompañados de unas frías. Todo esto antes de... Ustedes saben. Antes de que se pusieran tan caras las cervezas en el Club. Mal pensados. Al filo del final se mostró sorpredida de que estuviera trabajando en Mi Casa Bien equipada. Me dijo que aunque no tenía necesidad de adquirir ningún artefacto, su hijo que está por emparejarse sí pudiera aprovecharla. Hablamos una o dos cositas más y nos despedimos con el acuerdo de vermos apenas comience el año nuevo.


"Cantemos, Cantemos con tesón y empeño que estos aguinaldos son margariteños".
Apenas me había dado tiempo de cepillarme los dientes, los que aún están vivos,  sonó el ring ring y no era el Gran Combo y del otro lado escuché la voz del Capitán de fragata, don Miguel Figueroa Adrián. Definitivamente, ésta sí que era una inmejorable sorpresa. A este pana tenía al menos 5 años sin hablarle y cerca de 30 sin vernos. "Toy contento, yo no sé qué es lo que siento" era lo que me provocaba cantar. Realmente no cabía de felicidad. Y me disculpan la feria de lugares comunes. Es que Miguel más que un amigo fue mi hermano! Y no me importa seguir con los lugares comunes! Qué es, pues? Comencé mi amistad con Miguel estudiando ambos 3er año de bachillerato y de allí en adelante nos hicimos inseparables amigos. En mi casa y en todas las casas de mis amigos Miguel era muy apreciado por todos, en especial por los viejos, quienes siempre le andaban buscando defectos a los amigos de sus hijos. Con Miguel no existía ese problema, porque el oriundo de Margarita le caía bien a todo el mundo. Se podrán imaginar entonces lo bien que continuaba pasando este 24 de diciembre, viviendo mi propio cuento de Navidad en primera plana!
Pasamos cerca de tres horas hablando, recordando y repensando algunas historias comunes del pasado. Hablando con "Margarito" cobra valor aquello que decía "haz que todas tus experiencias sean agradables porque de ellas vas a vivir cuando seas viejo". Y es que aunque me falta mucho para llegar a viejo, muchas veces me sorprendo mirando la vida por el espejo retrovisor. Miguel se despediría, como dije, tres horas después, prometiendo que en lo que tuviera un tiempito me llamaría para que le explicara cómo era el negocio con los carros Chery que horas antes le había ofrecido en un mensaje de Whatsapp.

"Un palito aquí, un palito allá".
Como ven, ya  habían pasado las horas, tanto que se hizo la "hora de bar" que para los seguidores de Miguel Otero Silva comienza a partir de mediodía. "El primero después de las 12" solía pontificar el popular MOS. Así que con esa alegría a cuesta me dispuse a prepararme el primer trago del día para disfrutar con la familia del Cuento de Navidad que me estaba gozando. Así que no había desarrollado el reporte speech de la primera llamada cuando Adrián Alejandro, alias el Negro, mi nieto, se presenta con el inalámbrico y su comentario adicional "pero bueno, viejo, tú parece que estuvieras cumpliendo años, aquí tienes otra llamada".

Esta vez, desde la República Oriental del Uruguay, me llamaba mi entrañable amiga Judith Cedeño, quien, al contrario que Miguel, no traspuso la condición de hermana. Y no era porque no poseyera méritos, no. Era porque siempre estuvo demasiado buena. Entonces era mejor mantenerla en amiga.

Por cuestiones de costo la llamada de Judith fue sumamente breve, lo que no impidió que me saludara con un "Feliz Navidad querido amigo..te he dicho que te quiero?". Naaaa, mucho con demasiado! Como una de las caractericas de las llamadas de mi pana es que ya despidiéndose me lanza algo para echar una peliaíta, esta vez no fue diferente. Después de los tradicionales adioses me increparía "viste, no te dije, si te hubieras venido pa' Uruguay, no estuvieras vendiendo los productos Haier del gobierno. Estás a tiempo". Y de inmediato sonó el tú tú tú tú tú del teléfono.

"Las campanas de la iglesia están sonando".
Las llamadas se sucederian una a una en el transcurso de la tarde. Casi todas en la misma tónica de Hermandad, afectos y solidaridad. Todo ello hasta que llegó la llamada que se encargaría de poner las cosas en su lugar y esa no fue otra que la de mi pana de toda la vida Carmen Luisa Perdomo Marín de Freites. 'Na guará!

Aunque con la Carmelina hablo a diario, cada vez que lo hacemos es como si fuera la primera vez en mucho tiempo.De hecho cuando no está en mi registro de las 10 últimas llamadas un sentimiento de desazón se apodera de mí.
Como con mi fraterna LaGuaireña estamos al día con la información de la Cinta Costera, del estadio de los Tiburones de La Guaira y del Desarrollo turístico de la Ciudad Vacacional Los Caracas, Carmen Luisa vino directo a aclarar la situación... bueno, tal cual es ella. "Chamo, dime una vaina, te robaron el celular?" Respondí afirmativamente. "Y cómo lo supiste, Carmela", le pregunté sorprendido. "Bueno, porque vino un pendejo desde tu teléfono, ofreciéndome Petros a 5 dólares. Lo que ese bolsa no sabe es que nosotros fuimos separados al nacer y que ese embuste mal echao no me lo iba a creer jamás. Marico él".

A Carmen Luisa no les fue posible engañar; sin embargo gracias a los bajos escrúpulos de quienes me sustrajeron el celular, pude tener un regalo de Navidad que ni pensándolo lo hubiera imaginado.

Y ahora "me perdonan que me vaya de la fiesta....".