viernes, 18 de mayo de 2018

Hänsel y Gretel ... o la colonización temprana del pensamiento



Héctor Acosta Martínez


La educación formal usa muchas estrategias para instruir a las personas, haciendo mucho énfasis en la enseñanza de los más pequeños. Los juegos, los cuentos, las representaciones son algunas de las que más se usan para despertar en los niños el aprendizaje a través de lo lúdico. Sin embargo no siempre los contenidos y las intenciones van de la mano, por lo que a veces nos encontramos con contenidos que eventualmente pudieran causar el efecto contrario.

De esto último me di cuenta justamente anoche cuando mi nieto Adrián Alejandro (AA) interrumpió mi juego de béisbol para que le escuchara la lectura de un cuento, de esos que mandan en las escuelas para ejercitar y crear el hábito de la lectura.

El cuento al parecer era una adaptación didáctica del cuento de los Hermanos Grimm, Hänsel y Gretel en su versión La Casita de Chocolate.

El cuento comienza cuando los padres de Hänsel y Gretel son escuchados por éstos planificando   abandonar en el bosque a la pareja de hermanos, dado que por su precaria situación económica, no podían hacerse cargo de su manutención; de manera que no encuentran otra solución más eficaz de resolver el problema que dejarlos a su suerte en el bosque a la espera que alguna familia  pudiente (probablemente de la realeza, por su cercanía al castillo de un rey) pudiera encontrarlos y hacerse cargo de ellos y darles la vida que su pobreza les había negado.

No pudo esta primera parte del cuento causar una primera grata impresión en mi nieto, por lo que sólo le dio por exclamar "qué padres tan crueles!" porque además es dramática la escena en la que les estimulan el sueño y una vez dormidos entonces los padres se marchan, lo cual había sido conmovedoramente planificado.

“Mañana, de madrugada, nos llevaremos a los niños a lo más espeso del bosque. Les encenderemos un fuego, les daremos un pedacito de pan y luego los dejaremos solos para ir a nuestro trabajo. Como no sabrán encontrar el camino de vuelta, nos libraremos de ellos”.


Luego, una vez que se despiertan y comienzan a deambular por el bosque encuentran una casa, penetran en ella y resulta que adentro la casa es de Chocolate y dulces, así que sin pedirle permiso a nadie comienzan a lamer paredes, techos y ventanas ya que absolutamente todo era irresistible.

Adrián Alejandro continuó casi en soliloquio los comentarios "oye, pero que niños tan pasaos, esa casa no era de ellos para disponer de lo ajeno". No le podía negar la razón.

Más adelante aparece la dueña de aquella casa encantada. Era la consabida bruja, presente en la mayoría de los cuentos infantiles, quien aunque al principio era bondadosa, un ratito más adelante se le descubre su verdadera personalidad, al declarar que su intención era comerse a los niños, para lo cual pone a Hänsel en cautiverio ya que como estaba algo famélico, tendría necesariamente que engordarlo antes de manyárselo. Mientras tanto Gretel era explotada en las labores del hogar.

Cansada de tanto esperar que el niño se metiera en carnes, la bruja decide comérselo y le pide a Gretel que caliente el horno antes de meter a rostizar a su hermanito.

Luego de un rato, Gretel diseña una estrategia para hacer que la bruja comprobara la temperatura del horno, lo cual ocurre conforme a lo planeado. Una vez en la puerta del horno, Gretel empuja a la bruja hasta lo más profundo y de inmediato cierra la puerta asegurándola con un pedazo de hierro atravesado, haciendo que la que muriera rostizada fuera la bruja.

AA que es un niño inocente, pero de los inocentes que contemporáneamente están saliendo, ya a este nivel no pudo contener su asombro, no por la bruja ya que es algo normal en ellas, sino por el desarrollo que había alcanzado la niña. Así que desde su corazón ingenuo soltó un "pero bueno, viejo, esta Gretel también era medio malandra". Aunque le acoté que estaba luchando por su vida y la de su hermano, no pareció convencido de este argumento.

Una vez solventado el peligro y ya a punto de abandonar la cabaña, Hänsel y Gretel descubren que la bruja era una persona rica, que poseía grandes riquezas como oro, alhajas y joyas, por lo que al partir cargan con todo lo que humanamente podían, para llevárselo a sus padres. 

Luego de esta escena Adrián Alejandro confirmaría lo que ya venía  pensando "abuelo, esos niños eran unos ladrones, cómo se van a llevar lo que no es de ellos" se preguntaba el nieto con sobradas razones.

Al final del cuento Hänsel y Gretel consiguen el camino de regreso. En el cuento original es un gran cisne que los lleva en su lomo hasta el hogar de sus padres, quienes al verlos lloran de alegría, pero la alegría es aún mayor cuando los hermanitos les entregan toda la riqueza que lograron robar a la bruja, lo que los librarían de la pobreza y del trabajo per sécula:

“Volcó Gretel su delantal, y todas las perlas y piedras preciosas saltaron por el suelo, mientras Hänsel vaciaba también a puñados sus bolsillos. Se acabaron las penas, y en adelante vivieron los tres felices”. (La madre, devenida en madrastra, había muerto).

"Qué sinvergüenzas"! exclamaría mi nieto, ahora sí con mi total aprobación.
"Ahora no van a trabajar más por el dinero robado que les llevaron los niños. Son malandros, abue!", terminó enjuiciando el párvulo. 

Un dato interesante es que la literatura on line de la que me serví para estudiar el cuento, presenta y promociona el de Hänsel y Gretel como “Cuentos tradicionales para educar en valores”.

Hilando muy fino uno termina dándoles la razón ya que en mi caso, las actitudes de la familia  de Hänsel y Gretel permitieron que, sin muchos intermediarios, Adrián Alejandro identificara los VALORES que se violaban en cada acción de los protagonistas de este cuento infantil alemán.

Ahora bien, a lo que AA no tiene acceso aún, por su corta edad, es a la comprensión del mensaje subliminal que subyace en la obra de los Hermanos Grimm ya mencionada; aunque es bueno destacar que no son los Hermanos Grimm (Jacob 1785-1863 y Wilhelm 1786-1859) los creadores o autores de la esta fábula, ya que el papel de estos hermanos fue el de recopiladores de la cuentística tradicional alemana, desconociéndose hasta ahora quiénes son los verdaderos autores.

Toda esta obra es una monumental desacreditación de la pobreza y de los pobres. Desde que arranca la obra con la terrible conversación entre padre y madre en la que se planifica la manera como los niños iban a ser extraviados en el bosque, es una exaltación a la falta de escrúpulos de un estamento social caracterizado por la carencia de recursos materiales (pobreza) y como consecuencia gnoseológica la carencia de valores, incluso de los más básicos, como lo es el amor por los hijos.

Es bueno recordar que los mensajes subliminales son mensajes dirigidos a la mente inconsciente, la que los percibe pero sin darse cuenta de lo que está pasando y se les llama con el prefijo sub que significa debajo para indicar que el mensaje subyace en el contenido de un parlamento mayor.

Por los mensajes subliminales presentes en las películas, la TV y la radio es por lo que creemos que los árabes son terroristas; los negros son drogadictos, los chinos son camorreros, los japoneses son unos tramposos; los latinos son traficantes y vagos; los rusos son grandes mafiosos, las latinas son putas, los pobres son deshonestos y los catiritos ojos azules norteamericanos… bueno, esos son los muchachos de las películas, así pertenezcan a tétricos organismos como el FBI, la DEA, la CÍA o a los inefables MARINES.

Pudieran existir mejores formas de analizar el contenido subyacente en este cuento de la literatura universal, pero de lo que no nos debe quedar lugar a dudas es que el colonialismo ideológico comienza a una muy temprana edad lo que impide que de adultos sea aún muy difícil percibirlo como la amenaza que en realidad representa y que en pleno siglo XXI se manifiesta como la desnacionalización del individuo y en la adopción oportunista de la nacionalidad de culturas que nos las venden, y en efecto las compramos, como mejores que las nuestras, o sea.



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