miércoles, 28 de octubre de 2026

El Sádico Ilustrado o el humor en clase ejecutiva

 


Por algo que aún no sé cómo explicar me acostumbré a desconfiar de todos los sustantivos que fueran acompañados por el adjetivo ilustrado porque, aunque la Ilustración fue un período  de florecimiento cultural para el mundo occidental, su uso ha servido para mejorar sustantivos que solos sería imposible considerarlos con seriedad.

Por eso cuando salió sorpresivamente el primer número del semanario con calificación de humorístico, llamado *El Sádico Ilustrado* sospeché que a alguien le estaban tratando de lavar la cara con semejante sarcasmo, pero haciendo uso magistral de un oxímoron que enganchaba a toda la sociedad preparada de la época.

Nació *El Sádico Ilustrado* con la suerte de contar con una pléyade de padrinos y de miembros honorarios que ya cualquier academia de la lengua, lo mismo que del oído, del gusto y del olfato, sería capaz de envidiar, siendo el Otoño de 1978  cuando la agraciada cual afortunada criatura vio la luz un 27 de Septiembre, bajo el singular carboncillo  de Pedro León Zapata.

Bajo la descripción de Revista humorística y satírica venezolana, dirigida por Pedro León Zapata, idea de Héctor Rodríguez Bauza y Agustín Lisbona Candial, en sus páginas colaboraron escritores y personajes públicos como Salvador Garmendia, Elisa Lerner, Manuel Caballero, Elio Gómez Grillo, Jesús Sanoja Hernández, Ludovico Silva, Luis Britto García, Manuel Graterol Santander (Graterolacho), José Ignacio Cabrujas, Aníbal Nazoa, Jaime Ballestas (Otrova Gomas), Earle Herrera, Rubén Monasterios, Simón Díaz, Francisco Herrera Luque, Héctor Mujica, Manuel Puig, además de dibujantes y artistas como Víctor Hugo Irazábal, Régulo Pérez y Abilio Padrón (Tebeosfera dixit). 

Cualquiera, aún sin ser narrador de boxeo, pudiera decir que allí lo que había era puro _heavy weight o_ , en otros términos, pero no alejado de lo deportivo, se expresaría  que ese equipo de gobierno editorial era un verdadero _dream team._ 

La línea editorial de la revista estaba dirigida por el in-genio de Zapata, quien, además, fungía como Director de Publicaciones, también de Portadista, Ilustrador y Humorista Gráfico _(¿y novio de la madrina? ¡Quién sabe!)_ en una gran parte de los 29 números que se publicaron entre el 27 de septiembre de 1978 y el 12 de abril de 1979, ambas fechas constituyentes de su acta de nacimiento y defunción, respectivamente; lo que significa que la criatura solo vivió 7 meses, no obstante el gran despliegue propagandístico que la cubrió durante su ampulosa existencia.

El traje del semanario era de total e impecable levita. Sus ilustraciones eran muy adelantadas para una época en  que la norma era el papel periódico. Su cobijamiento en papel glasé representaba un lujo en ese período y una demostración del buen gusto de sus gestores, quienes no se conformaban con cualquier pasquín, si no que reclamaban para sí la exquisitez de una cubierta que resbalara en las manos de los lectores como una obra de arte y que sus dactilares no se enchumbaran de tinta y polvo de imprenta barata.

Sus números fueron críticos con la llave adeco-copeyana, pero además también hacían humor con la dispersión de los partidos de izquierda del momento. Sin embargo, sus críticas, por muy mordaces que fueran no llegaron a empañar la relación que los editores mantenían con el poder político. Contrariamente a lo pensado, los sádicos tenían invitación abierta a todos los ágapes, saraos y convites que los amos del valle tenían con frecuencia; en ellos  recitaban, cantaban, leían y ofrecían lo mejor de sus producciones intelectuales.

Era tanto el contubernio entre los sádicos y los dueños del poder que los fotolitos del Sádico Ilustrado viajaban los jueves de cada semana a España, por Iberia, en primera clase, para ser impresos con la tecnología y el papel glasé que solo Europa garantizaba. El viaje de regreso con la joya ya pulida se realizaba  los días martes, para deleite de sus editores y de los sortarios personajes que se veían caricaturizados en las sátiras políticas y que en alguna medida contribuían a que este esfuerzo editorial se materializara, sin que sus autores sufrieran las consecuencias de su atrevimiento.

Era una ironía suprema que una revista dedicada a desnudar el despilfarro y la cursilería del bipartidismo se imprimiera bajo los estándares de la aristocracia editorial europea. Solo un país con un dólar a 4,30 y una borrachera de petrodólares podía permitirse que el humor crítico viajara en clase ejecutiva.

Atrás habían quedado los años en que los humoristas malavenidos con los gobiernos dictatoriales de los años 30, 40 y 50 tenían reservadas no muy cómodas suites en las mazmorras de La Rotunda, a donde iban a parar cuando un Leoncio Martínez con un inteligente y mordaz dardo  _-“hasta guando gomes, harmano”-_ incomodara al benemérito y tuviera éste que dar la orden a Tarazona de recoger al gracioso, para hacerlo escarmentar. 

También correrían la misma suerte humoristas como Francisco Pimentel (Job Pim) y Andrés Eloy Blanco; mientras que Aquiles Nazoa recibiría lo suyo a intervalos desde 1940 hasta la caída de Pérez Jiménez en 1958 y alguna que otra presión en la llamada época democrática.

Zapata y su grupo operaban bajo una premisa que hoy llamaríamos _"champagne socialist"_ o también, "izquierda caviar". Eran intelectuales de una sofisticación altísima, que despreciaban la "estética de la empanada" o el humor chabacano. Era un ejercicio de esnobismo subversivo: usaban las herramientas de la burguesía petrolera (viajes a Europa, tecnología de punta, costoso papel glasé) para dinamitar, en teoría,  la imagen de esa misma burguesía.

Por eso Aquiles Nazoa explicaba la clave de esta cercanía tan estrecha  entre los humoristas de caviar y los poderes fácticos, al expresar algunos años atrás  que _“los ricos de la sociedad democrática no liquidan por la violencia a los humoristas: los compran poniéndolos a recitar en sus sobremesas y permitiéndoles que los tuteen: los corrompen comprometiéndolos con la gratitud”._ 

Por supuesto, al invitar a los "sádicos" a sus fiestas y permitirles el lujo del papel glasé y los vuelos de Iberia, la élite bipartidista logró algo brillante: convertir la subversión en entretenimiento de sobremesa. 

Los políticos no se sentían amenazados por El Sádico Ilustrado; se sentían halagados de aparecer en sus páginas, porque eso significaba que eran lo suficientemente importantes y sofisticados como para ser parodiados en papel de lujo. Además, el poder político, tanto como el económico sabía que ellos les estaban permitiendo a los sádicos realizar su revolución, un tipo de revolución que no tumbaba gobierno.

El 12 de marzo de 1979 fue un día aciago para *El Sádico Ilustrado,* aciago como nunca había tenido uno en su semestral duración. Ese día desde lo más alto del Congreso Nacional de la República de Venezuela, el presidente electo, Luis Herrera Campins, tomaba posesión del cargo y desde la tribuna de oradores avergonzaba al presidente saliente, Carlos Andrés Pérez, al afirmar, ahí ante su hosca presencia y ante las cámaras de televisión que transmitían el evento para todo el país, que _“he recibido una Venezuela hipotecada”._ 

La sentencia cayó como un balde de agua helada en la redacción del semanario humorístico, al interpretarse que las mieles de la bonanza petrolera se estaban poniendo agrias y que aquel derroche de petrodólares ya era insostenible en la Venezuela que recibía el presidente llanero, quien como buen refranero lo más seguro era que mandaría a cada zapatero a su zapato o mejor dicho,  a sus zapatazos.., es decir.

En efecto, el 12 de abril de 1979,  exactamente un mes después de la célebre alocución de Herrera Campíns, el Sádico Ilustrado salió por última vez por las calles de Caracas para alegrarle la vista a aquellos que se podían dar el lujo de gastar un fuerte por la compra de un semanario que era un verdadero banquete para los sentidos, pero que sin la ayuda de sus _enconados enemigos_ no había manera de hacerlo nuevamente visible.

Por ahí alguien bien husmeador  testificó que  Herrera Campins habría alardeado en su tono carrasposo y ocurrente, al decir que _“este Sádico le duró a mi gobierno lo que una flatulencia  en las cabuyas de un chinchorro”,_ mientras acariciaba en el bolsillo de su paltó la pepa ‘e zamuro _“que  carga encima pa’ que lo libre de todo mal”._ 

Como quiera que se le mire el Sádico Ilustrado en tan solo 7 meses marcó una etapa decisiva del humorismo y, se pudiera decir, que logró zafarse de las amarras que lo ubicaban como un oficio menor, que no lograba separarse y montar tienda aparte de la chistología que se conforma con estimular los mecanismos fisiológicos de la risa.

La revista demostró que la caricatura, la sátira política y la crónica humorística podían tratarse con el mismo rigor estético y conceptual que un ensayo literario o una obra plástica. La caricatura dejó de ser un adorno para convertirse en el eje del discurso y  elevó la vara del uso del lenguaje.

De allí que, a pesar de su brevedad (29 números entre 1978 y 1979), la revista funcionó como un espejo incómodo pero hiperfidedigno de la Venezuela de la época, al capturar la psicología del venezolano del boom petrolero: el consumismo, la fascinación por lo importado, la vanidad política y la ilusión de bonanza infinita.

En definitiva, su gran legado fue demostrar que la sonrisa puede ser un ejercicio de altísima inteligencia, no solo sirviendo para hacer pensar al lector de su tiempo, sino que trazó un estándar de calidad gráfica y literaria que redefinió el periodismo cultural en el país.

Y sí, el gobierno de LHC logró que el zapatero  y su grupo de expedicionarios de la palabra y del arte se dedicara a sus zapatazos, lo que no impidió que el caricaturista insigne del diario El Nacional fuera a parar la carrera, con los zapatos aún con mucho lustre, a la ilustrísima Universidad Central de Venezuela, donde un 11 de marzo de 1980 cortó la cinta que inauguraba la celebérrima *Cátedra del Humor Aquiles Nazoa.* Pero ya esta es una historia  que  corresponderá contarla a otro.

Como el peligro me ha  acechado durante la paridura de esta crónica, ahora me provocó meterme en un nuevo problema, problema que he de asumir en exclusiva porque ninguna de las fuentes vivas consultadas me ha querido acompañar en esta aventura. A estas alturas del juego me pregunto y les pregunto _: por fin, ¿quiénes eran los Sádicos y quiénes los Ilustrados?_ 

No está fácil, ¿verdad? Sin embargo al reiterar que entre los creadores del concepto literario y los magnates y administradores de la bonanza petrolera -que bastante portadas se ganaron- había una relación simbiótica  de la que ambos salían beneficiados, no es descabellado, entonces, concluir en que ambos se intercambiaban los roles; no obstante, pareciera quedar claro que si algo es seguro es que los humoristas siempre jugaron el papel de Ilustrados y esto es así porque simplemente fueron los que pusieron las letras, las palabras, las metáforas, las hipérboles, la ironía y el legado. Eran "ilustrados" porque poseían las luces de la cultura y el intelecto.   

Por otro lado, los dirigentes políticos y los magnates del régimen puntofijista practicaban un sadismo sutil. Invitar a los humoristas a sus banquetes, pagarles los viajes y financiar el papel de lujo era una forma refinada de decirles: _"Búrlense de mí todo lo que quieran, que al final el cheque de la imprenta lo firmo yo"._ Era el sadismo del dominador que disfruta ver masticar a su crítico.

Finalmente, se podría decir que cuando al dueño del papel, en este caso del papel moneda, se le agota su existencia, entonces acaba la comedia y allí mismo nace entonces, la tragedia... esta vez sin un o sea de despedida. 

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