lunes, 15 de mayo de 2023
Amor en los tiempos del Medioevo
viernes, 2 de diciembre de 2022
Crónica de un enfrentamiento épico en la pelota venezolana. El enfrentamiento entre Los Marcelinos!
A
60 años de un partido irrepetible en la pelota venezolana
El
enfrentamiento entre los Marcelinos
Domingo 2 de Diciembre
de 1962. El estadio de la Ciudad
Universitaria de Caracas se comenzó a llenar desde temprano en la mañana para
presenciar el encuentro entre Los
Industriales del Valencia y los
Tiburones de La Guaira, equipo éste que en ese año hacía su debut en
la Liga Venezolana de Beisbol Profesional o LVBP.
Como era usual en esa época, los domingos los juegos comenzaban a las 11 de
mañana, que con la entonación del Himno Nacional a través de la pista del
estadium el juego venía comenzado como las 11 y cuarto. Y ese domingo no fue
diferente de lo que ocurría semanalmente durante el séptimo día de la semana. Lo único distinto fue que ese domingo
2 de diciembre el mediodía caraqueño era más amigable con la llegada de Pacheco, que en aquellos tiempos le daba
un encanto especial a la ciudad capital,
la que alguna vez fuera llamada La Sucursal del Cielo.
Así que a las 11.15 am
con la voz de play ball por parte del
árbitro principal, señor F. Blanford, se daría inicio a las hostilidades entre
los llamados pericos del Valencia y Los Tiburones de La Guaira, juego que
marcaría un hito en la pelota profesional de todo el Caribe e incluso de los estados del Norte de América, ya que
lo que estaba por ocurrir jamás se había
visto y difícilmente se volvería a ver,
a pesar del entusiasta axioma beisbolero que dice que los récords se hicieron para ser rotos.
A decir del momento el estadio de la UCV estaba “de
bote en bote” un domingo en el que,
seguramente, se enfrentaban equipos con una marca rivalidad.
Saltaron al engramado
del Estadio de Los Chaguaramos los Tiburones
de La Guaira como equipo tradicionalmente home club en los juegos de la capital con Dámaso Blanco en tercera, Aquiles
Gómez en LF, Elio Chacón en el CF, Dave Roberts en 1B, Merrit Ranew de cátcher,
J.C. Hartman en SS, Graciano Ravelo en el RF,
Jesús Mora en la 2da y el cubano
Marcelino López como lanzador.
Por su parte, los Industriales del Valencia contaba en su
roster con Teolindo Acosta en el LF, Teodoro Obregón en el SS, Angel Scull en
el CF, Bill Bryan cátcher, Gustavo Gil, en tercera, Ken Harrelson en 1B, Luis
Rodríguez en el RF, Antonio Obregón en 2B y el pitcher criollo Marcelino
Sánchez.
El primer ininng
transcurrió sin anotaciones, en lo que parecía más bien un round de estudio,
como dijeran en boxeo. La primera carrera del juego entró de caballito cuando en
la primera parte del 2do episodio el pitcher cubano Marcelino López perdió
momentáneamente el home luego de 2 outs, concediendo base por bolas a
Harrelson, luego vendría un hit de Luis Rodríguez y para rematar el descontrol
otorgaría boletos seguidos a Antonio Obregón y al lanzador Marcelino Sánchez,
con lo que el partido se pondría 1 a 0 a
favor de Los Industriales.
La paridad en el
marcador se produciría en la segunda del
cuarto episodio cuando La Guaira logra anotarle una carrera al Marcelino
del Valencia, mediante imparable de
Dámaso Blanco (Dámaso siempre ha dicho
que él no era un out por regla y
en este juego lo demostraría) y Aquiles Gómez toca la bola para sacrificarse y
poner hombre en segunda. Seguidamente a Elio Chacón le conceden 4 bolas malas
en busca de un doble play salvador, pero lo que ocurre es que los corredores
avanzan por wild pich del Marcelino
criollo. Ya en tercera, Dámaso se
engomaría por flay de sacrificio de Dave Roberts. De esta manera al cerrar el
cuarto ininng el juego se empataría a una carrera por bando.
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Marcelino López, el de Cuba, grabó su nombre para siempre en la vida de los fanáticos del deporte favorito de los venezolanos con esos 15 ininngs de extraordinaria labor. |
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Siendo todo un veterano a los 23 años, Marcelino
Sánchez, el de Venezuela, inscribió su nombre en el libro de grandes
hazañas del béisbol venezolano. |
Por su parte el
Marcelino de Venezuela, el Sánchez, a los 23 años era considerado un
experimentado jugador ya que desde los 17 años comenzó a jugar beisbol
profesional con Orientales, en la temporada de 1956-1957. Al momento de este
memorable duelo, Marcelino Sánchez tenía
una experiencia acumulada de 6 temporadas, en las que al menos en 3 de ellas terminó
con efectividad por debajo de los 3.00
puntos, histórica cifra de excelencia en pitcheo.
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| La moderna pizarra eléctrica del parque UCV |
La pizarra eléctrica del estadio de la Ciudad Universitaria marcaba cero tras cero a partir del 5to capítulo sin que ninguno de los 2 Marcelinos diera muestra de dejar el encuentro así como estaba, de hecho se dice, en lo que muy bien pudo ser considerada como una leyenda urbana, que al finalizar el ininng 11 con la pizarra empatada a 1 el manager del Valencia le habría pedido la pelota a Marcelino Sánchez para dar paso a un lanzador relevista, lo que el criollo habría respondido con un lanzallamas “si él (Marcelino López) sale para el 12 yo también salgo a pichear”. Leyenda o no lo que sí iba camino a convertirse en una fábula del beisbol venezolano y caribeño era este encuentro entre estos dos Marcelinos al prolongarse la paridad en el pizarrón de Los Chaguaramos por espacio de 15 ininngs.
Sí, leyó bien la fanaticada que recientemente se incorpora al deporte rey de Venezuela, ¡15 ininngs! Y no solo eso, si no que durante esos 15 ininngs ninguno de los dos lanzadores daría muestras de bajarse del montículo.
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| Dámaso Blanco, estrella de los tiburones. |
Quedaría la mesa servida para que viniera al bate Dámaso Blanco con hombres en primera y segunda sin outs. El tercera base oriundo de Curiepe sacaría un trueno que pasó por encima de la segunda produciendo la carrera de la victoria en las piernas de Angel Mora, quien a toda mecha anotó desde la segunda base dejando tendidos en el terreno a los Industriales del Valencia y dando por finalizado un juego que además de jugarse a 15 entradas consumió un tiempo de 4 horas con 5 minutos.
“La locura se prendió en el universitario”, comentaba Delio Amado León.
En el sumario del juego
podemos apreciar que a pesar de la gran cantidad de entradas jugadas, entre los dos equipos
apenas se conectaron 15 hits (6 el Valencia y 9 La Guaira). Por el Valencia solo Teodoro Obregón y Angel Scull
duplicaron, mientras que por los Tiburones lo lograron Dámaso Blanco y Jesús
Mora. Esto fue muestra del férreo dominio de ambos lanzadores. Apenas entraron
al juego dos emergentes y ambos fueron de los litoralenses. Uno de los jugadores
más destacados del encuentro fue, sin lugar a
dudas, Dámaso Blanco (¿Quién dijo que Dámaso era un out fácil? Además, el
de Curiepe se prendía en las
postemporadas) al irse de 7-2, anotó la primera carrera de su equipo y empujó
la del gane. En aquel tiempo y hasta no hace mucho se destacaba el jugador que
empujaba la carrera ganadora, de modo que tenía méritos para ser considerado
entre los más valiosos del maratónico encuentro, incluso el más valioso …. de
no haber sido por la permanencia en el morrito de Marcelino López, en una
performance para la historia, en la que marcó una minúscula efectividad de
0.60.
Difícilmente, por no
hablar de imposibles, un juego con iguales características pudiera repetirse
en el presente y en el futuro de este deporte porque es que el béisbol ha
cambiado tanto que ya es extraño que un lanzador cubra la ruta completa. Una salida de calidad, en
nuestros días, significa que el pitcher trabajó durante 6 entradas y recibió 3
carreras o menos, de modo que en este encuentro entre los dos Marcelino, en justicia se habrían producido casi
6 salidas de calidad, 3 para cada lanzador. Es que en el béisbol moderno, es
decir, el jugado actualmente, además del
pitcher abridor, existen los relevos largos, los relevistas intermedios, los llamados
set up (los que lanzan el 8vo ininng y se acreditan un hold si logran mantener la ventaja) y los relevistas de cierre o
salvadores de juego. A todos ellos les
pagan un dineral por sus servicios y
tienen que demostrar su valía en el terreno de juego. Eso que ahora llaman
la sabermetría
vino a cambiar el beisbol para siempre.
Lo más cercano a un
juego como éste fue el duelo de cubanos protagonizado por Luis Tiant, por los
Industriales del Valencia y Orlando Peña por los Leones del Caracas el 5 de
Febrero de 1964, en lo que fue el séptimo juego de la serie por el campeonato
de la temporada 1963-1964, el cual se extendió por 10 ininngs con ambos
pitchers lanzando las serpentinas. Para matar la curiosidad de los fanáticos de
los eternos rivales, este juego se
definió en el cierre del décimo a favor de Los Gloriosos Leones del Caracas. ¡Ya
va…sin parcialismos, por favor!
Hoy 02 de Diciembre de
2022 se está cumpliendo 60 años de un hito en el beisbol venezolano, el día en
que se produjo un show irrepetible … el enfrentamiento
entre los Marcelinos.
“Este
juego se fue a la historia” seguramente dijo Marco Antonio de Lacavalerie o
“Musiú Lacavaleri”, voz oficial del circuito
de los Tiburones de La Guaira, al finalizar el juego.
¡Pero qué manera de
irse a la historia, caballeros!
sábado, 8 de octubre de 2022
Luis Arráez un campeón bate sin objeciones
domingo, 4 de septiembre de 2022
Nostalgia sesentera o "Se solicita muchacha de buena presencia ........."
Todo parece indicar que el estado nostálgico del venezolano no hace más que incrementarse con el paso de los años. Los sitios para derramar la nostalgia se incrementan cada día en las redes sociales, las que parecen redundar en aquello de que todo tiempo pasado fue mejor. Pareciera que haber vivido la juventud durante los años 60 y 70 otorga cierta libertad para juzgar sin censura el momento actual del siglo XXI que vivimos, de modo que detractores y detractoras de la juventud de 2022 es lo que más abunda en los medios electrónicos de comunicación.
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| Al comentario de "estas sí eran damas, no como las de ahora", las RRSS entran en ebullición |
Las abuelas contemporáneas, aquellas que se emanciparon en el 60/70, con frecuencia se quejan cada vez que ven una foto de su época y en vez de disfrutar la nostalgia por el buen tiempo vivido, lo que hacen es incriminar el presente con expresiones tales como “esas sí eran damas que se daban a respetar; no como ahora que andan enseñándolo todo”. O cuando los abuelos exhalan un “estas muchachas de hoy lo que se la pasan es guindadas de los hombres … unos bichos feísimos … no como en mis tiempos que para tú verles algo a las mujeres tenías que ser un buen buzo”.
Así que la discusión se
pone buena en las redes sociales cada vez que alguien en un arranque de
melancolía, lejos de rememorar con simpatía los años vividos, le da por
establecer símiles ¿o disímiles? con el momento contemporáneo que de abuelos y
abuelas les ha tocado vivir, no dejando muy bien parada a la juventud de esta
década de 2020. Lo bueno del asunto es que aquí en las RRSS nadie se queda callado
y, al contrario, a cualquiera se le sale su Otro yo del Dr. Merengue para defender con vehemencia cualquiera
que sea su posición. 
Bellas damas de los 60 engalanaban las calles de
Venezuela cuando ya era hora de subir el ruedo a los vestidos
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| Pavos de los '60 ataviados al último grito de la moda |
De modo que ni tan calvo
ni con dos pelucas, exclaman los defensores de aquella modernidad que vivió a
plenitud los 60s y 70s pero que no se dejaron enceguecer con el neón de la
época. Esas décadas tuvieron unos muy marcados referentes en muchos
acontecimientos, que si bien no todos los abuelos y abuelas de la tercera
década de 2000 las disfrutaron, no menos cierto es que fueron muchos los que se
dieron con furia viviendo a plenitud cada snob
que surgía a la luz de tan movidos años.
Para nadie es un
secreto, dicen los anti brecha generacional, que quienes vivieron su juventud
durante los 60s son los hijos del Festival
de Woodstock, aquel en el que se proclamó tres días de paz y amor, pero
también fueron días de sexo y drogas, aunque esto haya que escribirlo en letras
pequeñas en honor al legado cultural que heredamos de esos escasos 3 días. Para
el momento los hoy abuelos veían eso como algo normal. La película del Festival
se viralizó mundialmente en aquellos tiempos haciéndonos
disfrutar con todo frenesí en aquella Venezuela sesentera.
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| Tres días de música, paz, amor, sexo y drogas comenzaron el 15 de Agosto de 1969 con el Festival de Woodstock |
Toda esa turbulencia, argumentan, pegó con fuerza en todos los países de la América Latina cuyos jóvenes veían incrementar su nivel de testosterona por la facilidad que brindaba el momento protestatario que se vivía y que proclamaba a los cuatro vientos la consigna del amor libre como forma de liberación ante la represión de la sociedad, con lo que se asumía un incremento desconsiderado de las fuerzas productivas del afecto de la hembra y del varón.
El amor libre, entonces, no
era más que una forma de vivir el amor sin ataduras y alejados de los preceptos
sociales que limitaban la manifestación del cariño entre los amantes. Esa fue
una proclama de los años sesenta que los abuelos y abuelas de hoy vivieron y
que ven con asombro inusitado la exhibición de silicona en los pechos y glúteos
de nuestras mujeres, mujeres que hoy son
sus nietas y hasta bisnietas. Por cierto en un Miss Venezuela el animador del
programa le preguntó a una candidata qué opinaba del amor libre. Como se trataba de un
preguntaba que podía decir mucho de la candidata y hasta decidir el destino
final de la concursante, ésta respondió con una evasiva que aún en nuestros
días muchos abuelos comentan: “¿el amor
libre? Bueno, a mi ese tema me es inclusive” (subrayado nuestro). Dicho esto, hasta el jurado quedó
raspado con tan inesperada e inocua respuesta!
Por otra parte, atizan
la discusión quienes simpatizan por lo actual pero que vivieron aquellos
hermosos años, con el boom de las discotecas en los 60s y 70s se conoció una
nueva forma de relacionamiento entre los sexos opuestos ya que estos centros de
entretenimiento rápidamente devinieron en lugares donde expresar libremente el
amor, amparado en la obscuridad del lugar, argumentan los defensores del
quiebre de las brechas generacionales, como manera de coexistir pacíficamente
el pasado y el presente.
Uno llegaba a la
discoteca, dicen ellos, y era recibido por un mesonero quien con linterna en
mano se iba abriendo paso entre el humo de los cigarrillos y de otras hierbas
aromáticas hasta llegar a la mesa que tenía asignada la pareja o el grupo de
amigos. Una vez allí el mesonero tomaba el pedido, lo traía y desaparecía del
lugar dejando al grupo a su libre albedrío. Antes de perderse en la espesa
neblina, el mesonero indicaba con una suerte de linterna laser, dónde estaba la
pista de baile y dónde quedaba el baño; no obstante más de una pareja se perdía
cuando venían de regreso de la pista yendo a parar a camas, perdón, mesas de
otros; mientras algunos de regreso del baño ocupaban otros espacios incluso hasta
que sonaba el Alma Llanera. También
se adoptaba la regla de los 20 segundos que consistía en que quien fuera a
fumar contara 20 segundos antes de encender el fosforo o yeskero para así
evitar dejar al descubierto a parejas que tempranamente habían superado el
round de estudio y ya estaban en la pelea en el in fight. ¿Quiénes estaban en esas discotecas? Pues, nuestros
abuelos y abuelas! ¡Los asombrados de hoy, pues!
Los más jovencitos,
mientras tanto, iban agarrando experiencia en sus casas para cuando les tocara
debutar con su cédula de identidad laminada que marcaba los 18 años de edad. En
las tardes de los viernes se producían grandes matinees discotequéricos donde se cerraban puertas y ventanas y se aseguraban contra los
rayos del Sol y luz eléctrica y a la voz de un How can you mend a broken heart o mejor de un Down by the river que duraba 15 minutos, salían en busca de un
hombro donde descansar sus cabezas, con movimientos lentos pero de bastante
aproximación física inferior…. Y también superior. Tanto acercamiento físico devenía en grandes frustraciones para los hoy
abuelos, lo que al final se traducía en el síndrome de las Blue Balls, responsable de grandes dolores en una parte muy
sensible de sus anatomías.
Ah pero ya va, dicen los defensores
de la igualdad generacional, no obstante lo hasta arriba expresado, este
referente criollo se queda en pañales de tela al lado de lo que sucedía en el 273 West 54th Street de
la ciudad de Nueva York, sitio en el que se levantó por allá por 1977 una
discoteca que sería la envidia de todos los establecimientos de su clase. Se
trataba de la archi famosa discoteca Studio
54, lugar en el que concentraba lo más granado de la farándula mundial y al
que no podía asistir cualquiera que se lo propusiera, contándose incluso
quienes murieron en el intento, como fue el caso de un hombre que trató de colearse metiéndose por los ductos del
aire acondicionado, quedando aprisionado entre los hierros. Su cuerpo sería descubierto
3 días después cuando ya el olor era insoportable.
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| Afuera, el gentío buscando entrar. Adentro Michael Jackson y Elton Jhon compartiendo |
Además de la premium
cocaine, otra droga, esta vez de efecto euforizante, y que al apenas probarla la gente entraba en
una de socialización inmediata era también distribuida entre los asistentes frecuentes
a Studio 54. Se trataba de popper una droga que por su efecto empoderador era muy popular en este
establecimiento al punto que, se dice, frecuentemente el ambiente era rociado
con popper para crear sin mayores
complicaciones un ambiente de euforia colectiva. ¡Para romper el hielo rápido,
o sea!
Una pareja del jet set calienta en el Rubber room
La muerte de
este antro con clase ocurrió una vez que fue allanado por autoridades del
estado de Nueva York, descubriéndose en sus sótanos y techos bolsas de dinero
que no eran declarados. En el hallazgo se conseguirían fajos de billetes hasta
600 mil dólares, así como unas 300 pastillas de metacualona (medicamento sedante hipnótico, conocido popularmente
también en Caracas como Quaalude) y cocaína en grandes cantidades, decretándose
con esta acción judicial el cierre de la non plus ultra discoteca.
Mientras tanto las hostilidades continúan en las redes. Cada quien saca un recuerdo que le aflora de ese par de décadas y que les sirve para confrontar a quienes entrompan contra la juventud de hoy día como argumento que les permita reivindicar lo actual sobre lo antiguo.
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| Bajo el lema "El sexo vende asientos" las líneas aéreas comenzaron a subir el ruedo a los vestidos de las aeromozas. |
En este sentido hay quienes se recuerdan de la canción de Rocío Durcal y Palito Ortega del año 1967 “Amor en el aire”, no tanto como evocación de la canción misma sino como remembranza de que en aquella época las líneas aéreas se emanciparon por la calle del medio del pudor del momento y se lanzaron a la caza de pasajeros para sus vuelos, usando como gancho la sexualidad de las azafatas, quienes fueron vestidas con diminutos vestidos y shores en una develada insinuación a la facticidad de un encuentro de tercer tipo.
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| Azafatas en shores calientes |
Concluyen quienes presentan evidencias que no todo fue color de rosa hace 50 o más años, preguntándose: ¿Y qué me dicen del cándido Juego de la Botella? Ahh? En la década del 60 y del 70 el aparentemente ingenuo juego de la botella, que originalmente era jugado por adolescentes desprovistos de malicia, fue ganando espacios hasta convertirse en una diversión (¿?) de adultos universitarios y de grupos de mayores en general. Aquel juego de besitos en la mejilla poco a poco con el tiempo fue subiendo de temperatura obligando a los jugadores a despojarse de sus calurosas prendas de vestir hasta quedar, la mayoría, completamente en cueros, comenzando una verdadera ……¡Supervivencia al desnudo! Por cierto después de tantos años vuelve a ponerse de moda el pre nombrado juego, solo que ahora ha sido llevado a las tablas a través de obras de teatro, vodevil por supuesto, protagonizado por artistas de renombre, como Roxana Díaz y quien, según dicen los entendidos, tiene suficiente marco teórico en este juego, El Juego de la Botellita. Bueno, la verdad es que en tiempos de refritos cualquier estrategia de sobrevivencia es válida!
Mejor nos salimos un rato de las
redes sociales, redes que tienen enredado a medio mundo, mientras continúa la
diatriba acerca de cuál época fue mejor entre la de los años 60-70 y la actual,
con la ironía de que quienes piden
respeto por la actual es la de aquellos y aquellas, abuelos y abuelas de
hoy, que se beneficiaron
de todas las transformaciones que hubo en el relacionamiento de los seres
humanos, con especial mención al Movimiento para la Liberación de las Mujeres
en búsqueda de igualdad con el sexo
fuerte. ¡Claro, si se hablaba de un sexo
débil, lo demás se desprende por añadidura!
También hay que acotar que quienes
agreden a esta juventud llamada despreciativamente de silicona,
contradictoriamente son los mismos que vivieron con fruición la era de la
Liberación sexual y el ataque desmedido de la imposición del modelo de belleza
occidental caracterizado por la exigencia de proporciones corporales para la
adopción del paradigma de belleza. Tal vez sea por eso, ahora entiendo yo, que
durante esas dos décadas de oro en los avisos clasificados y en otros anuncios
de oferta de empleo, se demandaban requisiciones de personal con la inscripción
de “se solicita muchacha de buena
presencia ….
Propongo para finalizar
que lo dejamos hasta aquí, porque estas redes han logrado enmarañar la
discusión y hasta yo que comencé como un
oficiante de buena voluntad en todo este
asunto resulta que de defender una igualdad relativa generacional, ahora con
los indestructibles ejemplos presentados por los accionantes he sido persuadido por la creencia de nuestros abuelos, otros un
poco más viejos y ya desaparecidos, al concluir en que todo tiempo pasado fue mejor … si y solo si se
trata de los años 60 y 70 … o sea.
Héctor …. Héctor …. y
motorizado con moto propia”
martes, 15 de marzo de 2022
viernes, 5 de noviembre de 2021
Caracas: las leyendas urbanas cuelgan de cables eléctricos
𝐂𝐚𝐫𝐚𝐜𝐚𝐬: 𝐥𝐚𝐬 𝐥𝐞𝐲𝐞𝐧𝐝𝐚𝐬 𝐮𝐫𝐛𝐚𝐧𝐚𝐬 𝐜𝐮𝐞𝐥𝐠𝐚𝐧 𝐝𝐞 𝐜𝐚𝐛𝐥𝐞𝐬 𝐞𝐥𝐞é𝐜𝐭𝐫𝐢𝐜𝐨𝐬
Conforme a la creencia colectiva de que las leyendas urbanas son propias de países subdesarrollados, la realidad confirma lo contrario porque lo mismo en Caracas que en Ciudad de México, Buenos Aires, Nueva York, Madrid y Armsterdan la mitología urbana se pasea por las calles sin distingos de clases sociales ni de países con los más elevados PIB. En todos ellos las leyendas urbanas prosperan como en los pueblos nuestros en que la ruralidad y falta de luz eléctrica dio pie al nacimiento de la 𝐿𝑒𝑦𝑒𝑛𝑑𝑎 𝑑𝑒𝑙 𝐻𝑜𝑟𝑐𝑜́𝑛, 𝑜 𝑙𝑎 𝐿𝑒𝑦𝑒𝑛𝑑𝑎 𝑑𝑒𝑙 𝑆𝑖𝑙𝑏𝑜́𝑛, 𝑜 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑆𝑎𝑦𝑜𝑛𝑎. Por cierto en la misma meca de la modernidad occidental nacieron leyendas relacionadas con el Baseball, como la 𝑳𝒆𝒚𝒆𝒏𝒅𝒂 𝒅𝒆𝒍 𝑩𝒂𝒎𝒃𝒊𝒏𝒐, 𝒐 𝒍𝒂 𝑴𝒂𝒍𝒅𝒊𝒄𝒊𝒐́𝒏 𝒅𝒆 𝒍𝒂 𝒄𝒂𝒃𝒓𝒂 𝒐 𝒍𝒂 𝑴𝒂𝒍𝒅𝒊𝒄𝒊𝒐́𝒏 𝒅𝒆 𝒍𝒐𝒔 𝑴𝒆𝒅𝒊𝒂𝒔 𝑵𝒆𝒈𝒓𝒂𝒔 o esta otra que está calientica, de esta última post temporada de béisbol y que los periodistas deportivos parecieron ponerse de acuerdo en llamar 𝙇𝙖 𝙈𝙖𝙡𝙙𝙞𝙘𝙞𝙤́𝙣 𝙙𝙚 𝙅𝙤𝙚𝙮 𝘾𝙤𝙧𝙖, manager de los Medias Rojas de Boston que le prohibió a su pitcher caer en la tentación del 𝙥𝙚𝙧𝙧𝙚𝙤, comenzando a partir de ese momento el declive de los de Boston. Todas estas supersticiones son made in USA, por cierto; no en Santa María de Ipire, ni en Caracas.
En este sentido, desde hace mucho tiempo los cables eléctricos tendidos entre poste y poste en nuestras calles y avenidas han servido, además de enviar la electricidad a casas y comercios, de tendedero de zapatos desechados por sus dueños, en su mayoría jóvenes, quienes por una u otra razón, han preferido verlos guindando de los cables que darle cristiana sepultura en las compactadoras del aseo urbano. Esto que parecía un deporte amateur ha devenido con el correr del tiempo en media de docena de leyendas urbanas las cuales han tratado de explicar el enigmático origen de la tradicional costumbre juvenil, incluso de ella ha surgido un nombre para identificarla y hasta patentarla. A esta mixtura entre arte y misterio lo han llamado ❞𝒔𝒉𝒐𝒆𝒇𝒊𝒕𝒊❞. ❞𝑺𝒉𝒐𝒆❞ por los zapatos y ❞𝙛𝙞𝙩𝙞❞ por graffiti. O sea que es una forma de hacer graffiti con los zapatos!
Pero este arte callejero aparentemente inocuo se le asume, de acuerdo a la leyendas conocidas, algunas venidas de afuera, un origen gansteril o delincuencial al relacionarlo con acciones de pandilleros y mal vivientes que utilizan este artilugio para enviar algunos mensajes. Así, la leyenda recién construída narra que vendedores de drogas guindan los tenis muy cerca del sitio de expendio para avisarle a los usuarios que por ahí pueden conseguir su poción de yerba o algún otro alucinógeno de su predilección. Lo extraño del caso es que, popularizada la leyenda, los cuerpos policiales también deben enterarse de la contraseña. Esta leyenda ha dado lugar a que en el propio Nueva York y muy cerca de la meca del mundo financiero por antonomasia, Wall Street, se promuevan tours hacia los sitios donde hormiguean los principales 𝙨𝙝𝙤𝙚𝙛𝙞𝙩𝙚𝙧𝙤𝙨 del olimpo del modernismo. ¡Y pagan por dar ese paseo! Por allá también de que vuelan vuelan!
Otra de las leyendas sugiere también que esa es una forma como los pandilleros marcan su territorio, del mismo modo en que hienas, leones y tigres demarcan el suyo meando en los árboles para anunciar la inviolabilidad de esa tierra que se está pisando; es una forma de decir PROPIEDAD PRIVADA, NO PASE.
También se habla de que esta leyenda nació de las costumbres de los malandros quienes cuando atracaban a algún desprevenido transeúnte, le quitaban los zapatos y los lanzaban a los cables de la electricidad para ser exhibidos como trofeos, no se quedaban con ellos, con los zapatos, aunque en el medio venezolano esta explicación no es muy convincente, más si se tratara de un par de zapatos de los que usa 𝙉𝙖𝙘𝙝𝙤 𝙡𝙖 𝙘𝙧𝙞𝙖𝙩𝙪𝙧𝙖, los cuales rondan los 1500 dólares. A confesión de parte …..!
Del mismo modo en México se habla que cuando alguien muere sus mejores zapatos son arrojados a los cables eléctricos para que ya estén más cerca del cielo, de modo que cuando el finado emprenda el viaje definitivo pueda ponérselos y seguir el largo trayecto de una manera más cómoda. O más 𝑛𝑖𝑘𝑒!
Así como éstas hay unas cuantas historias, cuentos o anécdotas que en realidad no llegan a convertirse en leyendas por lo inverosímil de sus explicaciones, porque para que algo se convierta en verdadera leyenda debería estar bien imbricada en el sistema de creencias de la población, de lo contrario no pasará de ser un entretenido cuento de camino, o más bien de autopista y rascacielos.
Ahora bien en mis más de 50 años siendo parte de esta tradición jamás se me habría ocurrido suponer ninguna de esas explicaciones, ya que en mi experiencia propia lo vi y lo viví como un acto de irresponsabilidad ciudadana, de cambio de época y de cambio de la conciencia.
Henry, un amigo de la esquina de Luneta, en Altagracia, lanzó sus viejos zapatos a las cuerdas de electricidad luego de trabajar todo el mes de Diciembre para renovar aquellos a los que le había dado 𝑗𝑢𝑙𝑒𝑝𝑒 durante dos años. Subió a la azotea de su pequeño edificio, se levantó en americano y el par de viejos zapatos se enredaron y quedaron pendiendo por el resto de sus vidas. Recuerdo también a Plaja, un poco más arriba, en la esquina de Caja de Agua, quien se despojó de sus tenis y los lanzó al cableado porque al día siguiente comenzaba en la universidad. Por supuesto ya los zapatos coincidencialmente no daban para más. Por último recuerdo perfectamente la mañana en que Gabriel, un amigo de la pata de la esquina de Santa Bárbara, allí cerquita del La Salle de Tienda Honda, en la misma parroquia Altagracia, se deshizo de sus acostumbradas botas 𝘧𝘳𝘢𝘻𝘻𝘢𝘯𝘪. Esa noche al parecer tuvo una revelación que cambiaría el curso de su historia porque al otro día, bajo la explicación de que había comprendido que esas botas eran símbolo de la dominación y del neocolonialismo, las aventó lo más alto que pudo quedando ambas colgadas en lo más alto del tendido eléctrico, comenzando una nueva vida para Gabriel …. y también para las botas!
Finalmente, en lo personal nunca fui presa de esas veleidades por una razón muy simple y es por que mis zapatos eran para toda la vida. Si hubiese estado de moda la película 𝗗𝘂𝗿𝗼 𝗱𝗲 𝗺𝗮𝘁𝗮𝗿, sin ninguna duda esa debió estar dedicada a mis zapatos. Mis zapatos eran eternos. Ellos agarraban cartones para paliar sus huecos, luego pasaban a media suela y luego a suela corrida en un ciclo de interminable duración. Cuando llegaba al fin su ciclo de vida no los botaba, si no que los guardaba para los 𝑝𝑜𝑟𝑠𝑖𝑎𝑐𝑎𝑠𝑜𝑠 que siempre se presentaban. La vez que ya siendo un hombre de grandes responsabilidades tuve un superávit de zapatos los doné en una festividad de Quema de Judas en una Semana Santa, con tan buena suerte que ese judas no llegó a morir y mis zapatos tampoco, volviendo a la vida nuevamente en una 𝑎𝑝𝑟𝑒𝑡𝑎𝑧𝑜́𝑛 económica que tuve en esos días. En esos días y en otros también!
Lo que sí me pasó por la mente en más de una oportunidad fue en hacer un mercado de zapatos en el tendido eléctrico que pasaba frente a mi casa y que se extendía hasta San José del Ávila, bajo la modalidad utilizada por los buhoneros de El Silencio, quienes a la orden del 𝒑𝒖𝒚𝒂𝒎𝒆𝒔𝒆 procedían a bajar el flux de la escogencia del cliente, de modo que más de una vez me vi tentado en ponerme un par de zapatos 𝙥𝙪𝙮𝙖𝙤𝙨 , pero fui persuadido por mis amigos, no por el temor a bajarle un par de zapatos a los malandros de las leyendas que les he contado, sino por miedo a morir electrocutado, dado que la tradición oral del momento decía que los zapatos se habrían convertido en anguilas.
Así que no le vengan con leyendas al que sabe historia … historia viva e historia vívida o vivida… o sea.
domingo, 24 de octubre de 2021
La inscripción en el Pedagógico: un evento de naturaleza olímpica
Crónica conmemorativa del L Aniversario del Pedagógico de Maturín
Héctor Acosta Martínez
Cuando uno llega a un
nuevo sitio, lo mejor que puede hacer es asimilarse rápidamente a los usos y
costumbres del lugar, un poco para no sufrir por los efectos de la inadaptación
y bueno, tratar de encajar de una vez en
el ambiente.
Eso fue lo que, posiblemente,
contribuyera a mi temprana inserción en
la cultura maturinesa de principios de los años 70s, cuando ingresé a mi Glorioso Pedagógico de Maturín.
Una de esas
particularidades que me llamaron poderosa y asombrosamente la atención fue la
manera tan autóctona, endógena tal vez, como en ese tiempo se inscribían las asignaturas
antes del inicio de cada semestre.
Resulta que existía un
sistema, bueno más que sistema era un mecanismo, el cual consistía en que cada
profesor tenía un número determinado de tarjetas de las asignaturas que
facilitaba, incluso entre profesores que facilitaban la misma asignatura, las
cuales se diferenciaban por el número de la sección que le tocaba a cada
profesor. Entonces si usted quería
inscribir una materia con un determinado profesor, usted se dirigía al sitio en
donde se estaban repartiendo las tarjetas de ese profesor. Generalmente era el
mismo docente quien las entregaba. El profesor le hacía entrega, entonces, de
una tarjeta que venía identificada con el Nombre
de la asignatura, el número de la sección y las unidades de crédito (UC)
que tenía. Los demás datos los colocaba el estudiante de su puño y letra. Y uno, el estudiante, tenía que retirar las
tarjetas tan rápido como pudiera porque existía el riesgo de que se acabaran y
bueno, se cerraba esa sección y usted tenía que agarrar la materia con el que
quedara, que, muy seguramente, no era de su total agrado. El de usted!
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| Tarjeta de inscripción en el IUPEM de un estudiante que, seguramente, sudó para obtenerla |
El problema se presentaba cuando usted tenía que inscribir 7 materias y cada materia de cada profesor se entregaba en un sitio distinto, separado por cierta distancia dentro de la geografía iupemista. Entonces usted tenía que estar en buena forma para pegar carreras de un sitio a otro tratando de llegar antes que los otros 35 o 40 estudiantes. Aquello se convertía en un torneo atlético en el que quienes disponían de mejor estado físico obtenían las tarjetas deseadas, con sus profesores favoritos, seguramente. Pero aquellos que tenían algún hándicap, bien por el exceso de peso o por alguna discapacidad física, terminaban inscribiendo lo que quedara. El propio darwinismo iupemista, pues! Y esto no tiene nada que ver con Darwin, el hermano profesor de Educación Física.
También ocurría que
algún amigo, que quería extender sus
vacaciones en su sitio de origen, le pidiera el favor que le recogiera las tarjetas; entonces la carrera
era doble, más aún si no era de su misma Especialidad.
Así las cosas, en una
oportunidad le recogí las tarjetas a mi amigo margariteño Loyo (Eulogio), quien
estudiaba en la Especialidad de Inglés. Esto por supuesto lo hice luego de colectar
todas mis tarjetas (Historia). Luego me fui para los lados de Inglés, que era
el mismo bululú, solo que cuando llegué la presión había bajado
y ya los profesores heavy weight
habían sido seleccionados. Cuando, a su regreso de su lar insular, le entregué
sus tarjetas, Loyo se me quedó viendo y
con aires de resignación me dijo “coño,
cupaño, lo que me metiste fue el chere chere”. Bueno, Loyo, después de la
ribazón lo que queda es el chere chere!
Este diálogo se entendía perfectamente en todo el Oriente venezolano!
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| Prof. Eddy Córdova, referente e impulsor de la moda afro. |
Esta selección de profesores a través del precitado mecanismo se transformaba en un de sociograma porque dependiendo de sus resultados algunos profesores eran mayoritariamente seleccionados al gozar de las preferencias de las masas estudiantiles. De este modo, algunos muchachos como Eddy Córdova, Pedro Márquez (Pitongo), Carlos López, Eugenio Lárez, el Pájaro Bruzual, Hernán Pineda, Saúl Rivera, Manuel Moreno y algunos otros, quienes eran chicos recién graduados y disfrutaban la ocasión de ser los últimos modelos de la época, corrían con la suerte de que sus secciones se cerraban casi al abrirse. Eran caballos ganadores en este hipódromo de tarjetas, o sea!
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| El suscrito en los melenudos años iupemistas. |
Hubo casos en los que el número de estudiantes superaba con creces el total de tarjetas disponibles (¡no hay cama pa’ tanta gente!), lo que les causó pánico a un par de profesores que viendo la avalancha de estudiantes que se les encimaba decidieron salir al pasillo y lanzar las tarjetas al aire, de modo que quienes las obtuvieran producto del rebuleo que inmediatamente se formaría, serían los felices cursantes de esas asignaturas, no sin antes perder un US Keds, un zarcillo o una pulsera, bajo aquel método que más bien parecía una piñata en fiesta de recién nacido.
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| Prof. Simón Bejarano: excelencia y exigencia pedagógica. |
Las maturinesas, de
naturaleza afables y bien presentadas,
bien discretas en el andar y calzadas siempre de primera, en tiempos de
inscripción sufrían tal metamorfosis que al propio Kafka hubiera sorprendido.
Era impresionante ver a aquellas lindas féminas que en las tardes llegaban ataviadas
de vestidos y tacones a sus clases, transformadas en atletas olímpicas que ya
la misma Yulimar Rojas hubiera envidiado. Vestidas de monos, guachicones en los pies y pañoletas en
la cabeza llegaban dispuestas a batir todos los records de velocidad, salto
largo, salto con obstáculos; desde Tipuro al Sector E; del sector E al sector
A; del sector A a las canchas; de las canchas al sector B y de aquí de vuelta a
Tipuro. Algunas de mis amigas como Martina, Gisela, Laurita, Yamila (la eterna
Reina de El Corozo), la flaca Ingrid Meneses, Maggloris Arredondo, la flaca
Eunice Barreto, la gorda Dinorah y hasta la muy distinguida Nora Natera, de suyo
elegantes y de pausado transitar, participaban
sin pudor en ese inclemente maratón. Allí se perdía el decoro, el glamour y el
donaire. Ni los indios tarahumaras
(indígenas del Alto México, que corrían para todos lados sin ninguna motivación
especial) les hubieran visto luz.
Los varones también
sufrían los embates del malhadado mecanismo de inscripción. Igual se les veía
corriendo por todos los pasillos del Pedagógico, llevándose por el medio al que se le
atravesara. Los mejores dotados, por supuesto, llevaban la delantera. Otros,
que eran los mayorcitos de la partida, como Andarcia, Américo Rondón, Laverde,
Chichí Avila y Zaracual tenían mañas y de alguna manera se las ingeniaban para
inscribir sus materias. Mientras estaban
algunos que, como el gordo Ortíz, tenían su mayor hándicap en el peso, lo que
los obligaba a inscribir lo que dejaran, porque siempre llegaban detrás de la
ambulancia, cuando no dentro de ésta. Una vez,
jadeante y todo descompuesto, con la camisa rasgada y enseñando lo que
en Oriente llaman el maruto, escuché cuando
le decía a una amiga “ay no, mijita, yo
no voy a seguir en esta gueboná; mi mamá me mandó para acá a hacer una carrera,
no que viniera a vivir en una sola carrera”. Sería ésta la primera vez que
escuchaba esta expresión que más adelante se convertiría en un chiste nacional.
Para mí fue inventado en mi Glorioso
Pedagógico de Maturín.
En la tarde, ya todos cansados
se concentraban en la Plaza Central y allí contaban las peripecias del agotador
día y en ese mismo espacio comenzaba una transacción de tarjetas, como si se
tratara de un intercambio de cuentos como los que ocurrían todas las noches a
la entrada del cine Plaza de Ciudad Bolívar. Uno podía escuchar transacciones como:
“Cambio una Historia de
América con el flaco Silva por una con Etanys Mendoza”.
“Cambio un Inglés II con
Maikí por uno con Raquel Gardié”.
“Cambio una Geografía
con el negro Bejarano por una con la negra Borromé, o con cualquiera otra”.
“Cambio una Historia de
la Civilización con Oscar Velásquez por una con Chuberto”.
Pasado el amargo trago
de la inscripción poco a poco se volvería a recobrar la normalidad, siempre con la cordialidad y
el ingenio del oriental quien a todo le encontraba una salida graciosa con la
cual olvidar los sinsabores de la vida de estudiante de escasos recursos, como
eramos casi todos los del IUPEM.
A medio siglo de su
fundación mi Glorioso Pedagógico de
Maturín no ha dejado de ponerme a dar carrera; esta vez con la elaboración
de esta crónica que, como todo buen estudiante, la dejé para última hora a
pesar de tener más un año para realizarla y no obstante el látigo del buen editor que es Edmundo Zapata, quien con cierta
frecuencia me la recordaba.
¡Qué viva el Pedagógico de Maturín en su L Aniversario! ¡Qué viva!

















