miércoles, 19 de agosto de 2020

Rafael Rangel: una vida y mil perdones!

Toques de Historia

La literatura universal y más aún la contemporánea, siempre ha puesto especial empeño en la importancia de seguir los sueños para llevar una vida plena y llena de realizaciones personales y/o profesionales; pero por sobre todo un especial énfasis en la necesidad de llevar una vida con propósito, tal como más adelante lo teorizaría  Viktor Frankl, sobreviviente de los campos de concentración de Auschwitz.

En el caso de José Rafael Estrada (1877 – 1909) mejor conocido en la posteridad como el sabio Rafael Rangel, ir en busca de sus sueños pintó su vida de un gris intenso con el que se despediría en agosto de 1909, luego de que sus fuerzas flaquearon ante una lucha que le había robado las ilusiones y el deseo de ser quien siempre quiso ser desde muy temprana edad por allá en su natal Betijoque, en la fría serranía trujillana.

Justamente en esas tierras andinas Rangel recibe su instrucción primaria en la primera Escuela Federal creada en Betijoque en 1879, dirigida por el educador trujillano don Enrique Flores. A temprana edad conoce a quien sería su principal fuente de inspiración y modelo a seguir en el campo de las ciencias médicas, como lo fue el Dr. Pablo Acosta Ortiz, médico llegado a tierras trujillanas a la edad de 21 años y a quien apodaban “el mago del bisturí”.

Posteriormente en el año 1896 egresa de la Universidad del Zulia graduado de Bachiller en Filosofía, a la edad de 19 años. En ese último año de bachillerato el joven Rafael Rangel recibiría el primer golpe de los poderes fácticos, al tropezar con la decisión del Dr. Rafael López Baralt, quien como director de la sección de Seroterapia del Instituto Pasteur de Maracaibo, le niega al joven bachiller la solicitud para enrolarse en calidad de asistente, en una comisión que viajaría a Bogotá para realizar un seminario sobre la curación seroterápica de la Lepra. Una y otra vez el Dr. López Baralt rechaza la solicitud de Rangel, lo que produce en éste una inmanejable ofuscación que termina en un enfrentamiento verbal durante el cual le lanzó  al médico calificativos mordaces  que complicaría las hostilidades y obstaculizarían futuras oportunidades.

Previendo las casi seguras consecuencias que este acontecimiento tendría en su vida como estudiante, Rangel decide emigrar hacia la Universidad Central de Venezuela, de la mano de su mentor el Dr. Pablo Acosta Ortiz quien intercede ante las autoridades de la academia para que acepten a Rangel.

El cambio finalmente se logra y Rafael Rangel comienza sus estudios en el primer año de medicina, bajo la dirección del Dr. Luis Razetti, en Anatomía; Adolfo Frydensberg, en Química y José Gregorio Hernández, en Histología. Culmina el primer año en Julio de 1897 con calificaciones sobresalientes y se inscribe para cursar el segundo año; el cual interrumpirá para dedicarse a la investigación, actividad que en verdad lo apasionaba y sobre cuyo ejercicio decía  no necesitaba ser médico para hacer carrera académica.

El sueño que Rangel persiguió con tanta vehemencia fue el de especializarse en el exterior, en el gran Instituto de Seroterapia de Calcuta, India,  en su área de estudios de Inmunología Seroespecífica, de modo que con el aval de los  reconocimientos recibidos por los médicos que le asesoraban en su trabajo, además de su alto desempeño en el laboratorio, en 1898 solicitó al Congreso de la República una beca para hacer esos estudios en el extranjero. El parlamento terminaría rechazando su solicitud, mediante decisión de la comisión encargada, la cual contaba entre sus miembros con el médico y político Dr. Rafael López Baralt, con quien dos años atrás, Rangel había tenido el altercado  al cual nos referimos líneas atrás. Esta fue la segunda frustración que sufriría el tenaz trujillano y que bloqueó su oportunidad de realizar la tan anhelada especialización en los centros internacionales del saber.

Por méritos propios Rafael Rangel se fue abriendo camino en el área de laboratorio al cual ingresó en 1897 como asistente del Dr. José Gregorio Hernández. Ya el año anterior había cursado estudios en el prestigioso Instituto Pasteur de Caracas en donde dejó una magnífica impresión en el Dr. Santos Aníbal Dominíci, a la sazón director de esa institución.

Con el Dr. Hernández se dedica enteramente al laboratorio de la  Universidad; allí confecciona láminas y preparaciones histológicas que le sacan a su nuevo mentor un reconocimiento que lo llenaría de orgullo, al comparar sus aportaciones con un  futuro premio Nobel de medicina de 1906, al expresar que sus aportes “no iban en zaga a las del propio Ramón y Cajal”.

Pero Rangel tenía un hándicap que explicaría a decir de algunos de sus biógrafos, parte de la suerte que había corrido en su deseo de especializarse en el exterior que, como todo científico tenía en aquel momento plenos derechos en sus aspiraciones. Al describirlo físicamente, el Dr. José Manuel Espino resalta lo siguiente:

“Era Rafael Rangel un individuo alto, derecho, algo canijo, de cabello negro ondulado, de bigote ralo, de color atezado, aunque de facciones corrientes (…). De continente respetuoso, casi tímido, de cuerpo laxo con los brazos colgantes, caminaba deslizándose como  ayudado por el viento. Su semblante, además, era sereno y poco expresivo, sin rasgos o gestos emocionales… aunque de natural retraído, Rangel era afable con quienes frecuentaban su trato”.

De modo que no son pocas las opiniones que ponen  por delante su rasgos físicos amulatados, su tez oscura tirando a zambo y su negra y ondulada cabellera como la causante de las tantas discriminaciones que Rangel recibió a lo largo de su corta pero fructífera existencia, en aquella Caracas en la que el mantuanismo invadía los espacios políticos y de la ciencia para seleccionar a los individuos que, dentro de la casta, llegarían a obtener los más altos cargos aunque carecieran de méritos para ejercerlos.

Sin embargo, aunque se conocía del carácter frágil de quien sería conocido como el sabio Rangel y de su propensión a la depresión, éste continuaba cosechando triunfos en su vida profesional, a pesar de lo  esquivo que le había resultado su encuentro con su sueño, de modo que la entrada del siglo XX lo encontraría bañado por el éxito de sus hallazgos, para orgullo de algunos y para envidia de otros. Entre sus grandes logros vale la pena destacar los siguientes:

En febrero de 1901 se creó, vía Junta Administrativa de los Hospitales, el nacimiento del Laboratorio del Hospital Vargas, siendo Rafael Rangel nombrado su primer director. En ese laboratorio hasta el momento de su deceso había dirigido un total de 16 tesis médicas y cuya única exigencia de su parte era que los tesistas mencionaran al laboratorio. Con el apoyo del Presidente Cipriano Castro logró convertir al laboratorio en un centro de investigación activa en el campo de la parasitología.

En 1903 descubre nuevos anquilostomos en su estudio para determinar la causa de la anemia severa que se vivía en esa época en el sector rural de Venezuela y que fuera causa de muchísimas muertes en ese sentido. Fue este tal vez, el estudio que mayor reconocimiento le produjo, ya que con el mismo fueron muchísimas las vidas que se salvaron gracias a alta pertinencia de sus descubrimientos al dar pie para el tratamiento adecuado de dichas enfermedades.

En un viaje a los llanos venezolanos que realiza en 1904 estableció la causa de una enfermedad que azotaba a los caballos definida vulgarmente como “derrengadera” o Peste Boba, al encontrar organismos unicelulares o tripanosomas en la sangre de animales infectados (Belisario y Maya, 2006).

En el mismo año de 1904 descubre la presencia de infusorios y hongos en las legumbres y hortalizas del Valle de Caracas dando inicio a los tratamientos para los padecimientos por disenterías y otras enfermedades intestinales que se habían convertido en un azote de la población al cobrar numerosas muertes.

Entre 1906 y 1907 se traslada a Miraca, muy cerca de Coro, en el estado Falcón, donde estudia una enfermedad bacteriana que se conocía como “el grito de la cabra”, la que diagnostica correctamente como ántrax.

Sin embargo, los éxitos alcanzados por el bachiller Rangel no eran suficientes para que el mundillo científico y político de la época correspondiera a su esfuerzo abonando al ansiado sueño de estudiar en el exterior en institutos de reconocida calidad y a los cuales compañeros de trabajo suyo como el doctor Razetti, Dominíci, Hernández y otros sí habían podido acceder.

 

Así, en el año 1900 Rangel consigue con el primer presidente del Estado Trujillo nombrado por Cipriano Castro, la aprobación de una beca de estudios para trasladarse al exterior a estudiar serología inmunoespecífica. Sin embargo al año siguiente el Estado cambia de Presidente y con ello se esfuma la alegría de Rangel, al enterarse que el nuevo mandatario regional era el marabino Dr. Rafael López Baralt, quien ya en dos oportunidades había rechazado peticiones similares, incluso ya aprobadas por los organismos con pertinencia en la materia, de modo que esta vez no sería distinto porque el presupuesto aprobado no se ejecutó por órdenes del ya conocido doctor y político.

Algo parecido ocurriría en septiembre del año 1903 cuando el Doctor Pablo Acosta Ortíz presenta el trabajo elaborado por Rangel, intitulado “Etiología de ciertas anemias graves de Venezuela”, ante el Colegio Médico de Venezuela, donde se encontraban presentes, entre otros, Luis Razetti, J.M. de los Ríos, Elías Rodríguez y José Gregorio  Hernández.

Es bueno recordar que aunque Rafael Rangel tenía méritos indiscutibles por encima de cualquiera de los médicos sembrados en nuestra conciencia, por sus aportes a la ciencia y a la preservación de la especie humana, habían algunos centros como el Colegio Médico de Venezuela y su sucesora Academia de Medicina,  a los cuales no podía acceder dada su condición de Bachiller, por lo que muchas de sus glorias fueron repartidas entre médicos que en el futuro podían expedir tratamientos en consonancia con los hallazgos del bachiller Rangel, mientras otros tantos gozaban de gran renombre al presentar estos trabajos en congresos en el exterior.

En esta línea el trabajo presentado por el doctor Pablo Acosta Ortíz fue merecedor de una recomendación por parte del Colegio de Médicos de Venezuela, al tenor del Acuerdo N0. 2 que decía así “Recomendar al gobierno como obra de utilidad nacional, que envíe al señor Rangel a una Escuela de Patología Tropical, con el objeto de que perfeccione allí sus conocimientos e implante luego en Venezuela la enseñanza de una parasitología tropical”. Huelga decir que este acuerdo tampoco llegó a materializarse. En 1905 con la creación de la Academia de Medicina ingresó el ideólogo de su creación, el Dr. Rafael López Baralt, con lo que las posibilidades de concretar recursos para este nuevo intento se veían reducidas a la nada.

La admiración que despertaba la obra de Rangel jamás se tradujo en una solidaridad activa por parte de quienes se consideraban sus amigos y mentores, no al menos cuando se trataba de enfrentar el poder político para defender los acuerdos tomados por los miembros de sus academias. Al contrario  un silencio sepulcral era lo que seguía a cada nuevo atropello de los poderes fácticos hacia Rangel, tal vez en el entendido que quien los desafiara estaba destinado a correr con igual suerte.

En 1908, año que precedió al de su muerte, Rangel es propuesto ante el Congreso de la República por los titulares de las carteras de Obras Públicas y de Instrucción Pública, para recibir una pensión que le permitiera viajar a Europa a realizar estudios. Como ya a estas alturas es de suponer, el congreso bajo la influencia decisiva del doctor López Baralt, negó la solicitud.

En un hecho controversial que marcaría el inicio del final de la vida de Rangel, en marzo de 1908 surge en La Guaira una enfermedad que fue diagnosticada en un primer momento como peste bubónica. En aquellos tiempos el hoy Estado La Guaira era el principal puerto de Venezuela. Por allí salían los productos de la actividad económica extractiva que la clase comercial   enviaba al exterior y por allí mismo entraban los productos requeridos por los habitantes de Venezuela, sobre todo de la Caracas en desarrollo. Lo mismo que muchos años después, la de Venezuela, se podría decir con propiedad, que era una economía de puertos.

De  manera que una peste en el principal puerto de Venezuela, representaba el peligro de que, ante su eventual comprobación, el puerto sería cerrado y se producirían  cuantiosas pérdidas económicas, por lo cual el poder político y económico tenía sus ojos puestos, no en la peligrosa propagación de la peste, sino en que el territorio portuario se mantuviera  abierto. Así se lo hicieron saber a médicos e investigadores.

Así las cosas, a pedido del Presidente Cipriano Castro, quien era un admirador de la obra del trujillano, Rafael Rangel es enviado con urgencia a investigar el problema. Llega al puerto el 20 de Marzo y de inmediato comienza su trabajo al examinar a dos enfermos cuyas patologías eventualmente se relacionaban con la peste bubónica. Sin embargo, luego de hacer los exámenes microscópicos propios de su especialidad, Rangel concluye que en esas muestras no existen evidencias para diagnosticar esa enfermedad como peste bubónica al no encontrar la presencia del bacilo de la señalada pandemia.

El puerto de La Guaira permaneció abierto, lo que no hizo más que incrementar el número de casos de la misteriosa enfermedad, razón por la que Rangel hubo de bajar al puerto para someter a pruebas los nuevos casos que le fueron presentados. En esta oportunidad, un mes más tarde, sí logra comprobar la presencia de bubones y con ello el peligro de una peste de grandes proporciones. Con la discreción del caso se dirige al Presidente Castro para manifestarle que “he podido examinar bacteriológicamente uno de los referidos casos y me es muy doloroso participarle que esta vez he encontrado el bacilo específico de la peste” (Belisario y Maya, 2006). Esta vez el puerto es cerrado y el General Cipriano Castro nombra a Rangel jefe de la campaña sanitaria que con gran eficiencia es llevada por el investigador. Un mes más tarde, 23 de mayo, se declara terminada la pandemia y Rangel regresa a Caracas con la gloria a cuestas.

La brillantez de los aciertos de Rangel habría de pasarle factura en el corto tiempo. Se  desataron las intrigas con imperdonable saña en contra del bacteriólogo betijoqueño. Se regaron rumores que había puesto en peligro la vida de los habitantes de La Guaira porque, al comienzo de sus investigaciones había mentido  acerca de la etiología de la enfermedad para congraciarse con el poder político en manos de Castro. Con estos artilugios domésticos pasados como jurídicos, Rangel fue acusado de prevaricación con lo que saldría lesionada su autoimagen de hombre honesto y de total entrega a la ciencia, haciendo mella en una psiquis en la que cada revancha, cada envidia y cada rechazo abonaban el camino hacia la autoflagelación.

Aunado a lo anterior, Rangel también fue víctima de un grupo de malogrados habitantes que dieron su autorización a Rangel para quemar sus ranchos y haciendas, como medida de erradicación de animales, como ratas y ratones que eran potenciales portadores de la pandemia. Rangel terminaría comprometiéndose con los lugareños a resarcir los daños causados por esta acción, la que estaba refrendada por el poder político del momento que se había comprometido con el investigador a pagar los daños y perjuicios causados, lo que no ocurrió durante lo que quedaba de vida de Rangel y a lo que el sabio tuvo que hacerle frente en su laboratorio del Hospital Vargas al presentarse una protesta en las propias puertas de su centro de trabajo.

El 19 de agosto de 1909 el bachiller Rangel, un adelantado para su época, reúne a sus estudiantes en el Hospital Vargas para presentar su último trabajo científico. Durante la exposición Rangel se muestra emocionalmente fuera de sus cabales: habla sin control, gesticula, llora y de pronto se encierra en un silencio total, aún estando allí en presencia de sus estudiantes. Posteriormente es llevado a su habitación.

Finalmente el 20 de agosto de 1909 la mente brillante, lúcida y sobresaliente de Rafael Rangel, toma la triste e infausta decisión de poner fin a sus días al ingerir una letal dosis de cianuro de potasio, en su laboratorio, el lugar en el cual desarrolló una magnífica carrera en pro del avance de la ciencia y de la preservación de una cantidad infinita de vidas. Poco pudieron hacer médicos y estudiantes por salvar la vida de este salvador de vidas.

Aquel hombre de hablar pausado y de un apasionamiento sin igual por la bacteriología se quitaría la vida en el aciago momento de ver definitivamente infranqueable el camino hacia la realización de aquello que movía su existencia y que en sentido estricto constituía el propósito de su vida.

A la muerte física seguiría la muerte moral de aquel científico que no tuvo la suerte de ser favorecido con una pigmentación agradable a la discriminante sociedad caraqueña de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Ahora sí aparecieron los lúcidos científicos y políticos que nunca demostraron algo de valentía para defenderlo de las injusticias que, como un látigo cayeron una tras otra sobre su humanidad. Ahora sí aparecieron las reputaciones consagradas para vaticinar en retrospectiva los defectos de su personalidad para explicar la trágica decisión. Ahora sí las nulidades engreídas del Valle de Caracas  salieron del anonimato para  adjudicarle a su carácter maníaco depresivo la funesta decisión de acabar con su vida. Hablaron las deidades impolutas del Olimpo mantuano para excavar más profundo el lecho definitivo del sabio de Betijoque.

Y en la iglesia no doblaron las campanas por el taciturno trujillano, quien no mereció un entierro digno pues al quitarse la vida dejó de ser hijo de Dios al “cometer pecado mortal”, a decir de la inquisidora  iglesia apostólica y romana en la persona de su Arzobispo.

Sólo el estudiante Salmerón Olivares, interno del Hospital Vargas, fue capaz de despedir a Rafael Rangel con palabras que ninguno de sus amigos fue capaz de pronunciar:

“… este es una víctima, como lo fueron siempre en nuestro medio, los buenos, los dignos, los incontaminables, los que no abatieron nunca la bandera santa de su honor, y tuvieron muy en alto y amaron mucho este pedazo de tierra enfermo que tenemos por Patria…Mañana, cuando la posteridad serena y justiciera nos muestre con clara luz de los hechos del presente, la figura inmortal de Rangel se destacará gigante con la aureola de sus méritos, y entonces, una lágrima muy cálida, muy amarga como lo irremediable, quemará silenciosa la mejilla de la Patria querida. Rangel no ha sido legítimamente valorado por su época porque fue un avanzado a ella. Tenía que pasar de incógnito realizando en silencio la obra de su inmortalidad. El medio le fue hostil en principio, y las pequeñeces de ese medio y sus miserias fueron lentamente matando en él las puras fuentes de sus ideales más levantados y más nobles, hasta poner en su alma de luchador honrado y fuerte, la desconfianza y el desaliento que habían de ser funestos para aquella naturaleza adscrita al propio esfuerzo, con el único fin de hacer bien a su Patria y a la humanidad. Alma sencilla y buena, como era rico en luz su cerebro privilegiado, nunca pensó en la ingratitud, pero la ingratitud le acechaba en silencio y le hirió de muerte”.

A 111 años de su desaparición física, el sabio Rafael Rangel no ha dejado de hacer el bien  con sus investigaciones y aportes al conocimiento científico en el área de la bacteriología y, lo que él nunca imaginó, se transformó en el modelo de sí mismo que siempre quiso ser, para la gloria de toda Venezuela. Sabio Rafael Rangel, su propósito ha sido cumplido!

Rafael Rangel: una vida y mil perdones!


Agradecimiento: a Maigualida Rivas por los textos, revisión, inspiración y "venta"  del  tema motivo de esta crónica. 

 

domingo, 2 de agosto de 2020

ReinArepa: ni reina ni mucho menos arepa!



Eran cerca de las 6:00 pm cuando la menor de las hermanas de Mercedes, una amiga del barrio Nueva Guayana, se apareció con su bolsa de Clap, cosa que habían estado esperando con sobradas ganas ya que la provisión de alimentos había venido bajando drásticamente como consecuencia de los precios  de los últimos días.
De modo que esa tarde-noche el emocionómetro de la familia de Meche se movió desde la mucha tristeza a una infinita, pero efímera alegría. 

Ese día habían hecho una vaca para comprar un kilo de queso "del más duro, chamo", aprovechando que las lluvias lo habían hecho bajar del pódium en que se encontraba en compañía de la carne y de los huevos.

- Tra acá esa harina pan, que ya es que vamos a poner las arepas en el budare, ordenó Vicenta, la tía-abuela mayor de Meche y una de las viejas más retrecheras de la familia.

- Pues estás muy equivocada, Tita, porque no trajo harina Mendoza, que es tu preferida- soltó de una vez la menor de las muchachas, como buscándole la lengua a la vieja matrona, quien siempre está de a toque para iniciar una discusión.

Sin embargo esta vez fue diferente porque la sola posibilidad de tener algo para cenar le había cambiado el estado de ánimo. Así que como quien no quiere la cosa, le respondió jocosamente:

- No me vas a provocar, no me vas a provocar ... traqui traqui traqui traqui jajajaja jajajaja - reía con una alegría que no cabía en sus arrugas.

Finalmente comenzaría el proceso de elaboración de las arepas. La vieja con toda su buena disposición comenzó el proceso de "domesticación" de la harina ....y aquí fue cuando empezó Cristo a padecer.

- Vergación, muchacha er demonio, pásame un poquito más de agua que está harina es arrechísima - pidió la tiabue enfrentando el reto mientras el resto de la familia ordenaba en la alacena  los  demás alimentos que trajo la bolsa. 

- Jueputa, Mercedes der Valle, ponme a calentar un poquito de agua, chica, que esta vaina no va a ser más fuerte que yo! 

- Tía, una amiga de la universidad me acaba de decir que el agua debe estar muy pero muy caliente para amasar o mejor dicho, amansar esa harina, dijo una de las más jóvenes.

- Bueno, y qué carajo quieren ellos, que uno se chamusquee  las manos?  Búscame los guantes del corona virus pa' que no quemame las manos!

Al rato, luego de tantos intentos por domar la harina de maíz, la vieja gritó exhausta:

- Quién fue el genio que metió esa piazo de arena de maíz en la bolsa Clap?

- No sé, tía, pero dicen que las harinas buenas  son para la exportación, respondió Meche.
- Bueno, no me creas a mi. Eso se lo escuché decir a Castro Soteldo con respecto a la Harina Goya, argumentó Meche tratando de no meterse en problemas.

- Ahh ya entiendo! La vieja práctica de oscuridad pa' la casa y claridad pa' la calle, es decir, lo que tanto nos criticaron a nosotros en la cuarta - atacó la vieja con fuerza.

- Yo me pregunto, de acuerdo a lo vieja bruta yo soy,  y será que Castro Soltero le da de comer a su familia de esta harina?
- Soteldo, tiabue, Soteldo, corrigió Meche.
-  Es que Soltero debe ser para nunca haber amansado, como dice Licha, una bestia como esta. Por cierto, cuál es la marca de esta presunta harina y dónde cipote la hacen?
- Bueno, tiabue, aquí dicen que la traen de Brasil. Se llama ReinaArepa!
- Dios mío! Me imagino que las reinas pepeadas que se comía nuestra Susana Dujim no se las preparaban con este reina - atizó más la brasa la anciana, irónicamente.

Mientras tanto, la familia congregada alrededor de la cocina, se esforzaba por no caer en depresión, ya que aquel engrudo amarillento que yacía en un perol de la cocina era lo único que tenían para mitigar el hambre.

Cuando ya estaban a punto de romper en llanto, Fucho, el padre, quien había estado todo el rato en silencio, alentó a su familia diciéndoles:

- Ustedes no han escuchado el dicho "si del cielo te caen limones tienes que hacer limonada?". Ahhh? Entonces hagamos arepas con la harina que tenemos y comamoslas  con humildad en unión familiar! 

- Eso sí, advirtió la tía-abuela antes de dejar la protestadera, el que tenga puente, plancha o corona, que vea bien como las muerde, porque estos ladrillos le parten una pieza a cualquiera, -sentenció la matrona, al mismo tiempo que refunfuñaba en voz baja para no romper la motivación creada por el viejo:

- Ay, Soltero, te quiero ver por un huequito comiéndote estas arepas, porque el que se come estas briquetas en la mañana y en la noche, al otro día seguro termina expulsandolas en  forma de pellas $##_&-_$## y más!

martes, 16 de junio de 2020

Una historia del COÑO!




Crónicas del Pedagógico

Una historia del COÑO!


Hay quienes dicen que los que no disfrutan de su vida universitaria dejan de vivir una etapa trascendental de su existencia,  cuya acreencia le pasará factura antes de la llamada de San Pedro. El secreto, para muchos, está en saber combinar la obligatoria dedicación al estudio con la necesaria vivencia extra cátedra. De modo que si se dedica todo el tiempo a quemarse las pestañas se habrá perdido el disfrute de la terapéutica bohemía; pero si se le dedica demasiado tiempo a la placentera vida de las goliardías, el fin último se habrá perdido y con ello una importante inversión de tiempo y dinero.

En el Glorioso Pedagógico de Maturín, donde realicé la carrera universitaria, aprendí la combinación de ambas diversiones, lo que hizo posible que cuando a los 17 años dejara a mi hija Aniuska en la universidad de una ciudad distinta a la oriunda, le dijera con toda confianza “hija, estudiar y joder, esa debe ser la consigna de tus días a partir de ahora”. La verdad es que la carajita me calcó la instrucción!

En aquellos tiempos cuando inicié estudios (1974),  el Pedagógico aún no había sacado su primera promoción. Apenas mi cohorte era la tercera y Maturín era un pueblo que se abrió por completo a este instituto docente. Todo el mundo quería estudiar en el Pedagógico o Pelagógico  como lo llamaba el papá de la gorda Dinorah. ¿Será porque era para peladores? No sería descabellado que fuera ésta la razón!

El Pedagógico cambió el ritmo de la ciudad. Le dio una nueva fisonomía e hizo que se respirara una nueva atmósfera y finalmente contribuyó a que la temperatura se elevara unos cuantos grados más, por todo ese bullicio que hacían tantos orientales juntos. Más calor para una ciudad que se rostizaba!

Pero el Pedagógico nació cojeando de una pata, como todos los institutos de educación universitaria que nacen en la provincia, y es que después que se monta la formalidad viene la pregunta “y ahora ¿quién va a dar clases aquí? Ahí viene el peo!

Me imagino el esfuerzo de sus creadores tratando de reclutar gente de calidad en la capital, que  quisiera venir a sudarse la guardacamisa  en las cálidas aulas de Tipuro!

Dice la gente que para este cometido se mandó a hacer una canción pegajosa para vender la ciudad y de cuyo parto nació “Maturín es la ciudad, por quien siento admiración y estos recuerdos del alma los llevo de corazón”. Después vendría Billo’s a ponerle la guinda a la torta con su “Maturín y Barcelona son dos joyas del Oriente……contemplar el Neverí y bañarme en Mapirito”. El marketing tenía que estar presente!

Finalmente el esfuerzo fructificó y se logró el reclutamiento de una buena camada de jóvenes profesionales egresados en diversas ramas del saber, quienes formarían parte del comité de bienvenida. Tan buena fue la cosecha que hasta venía un master entre ellos; cosa por demás rara en aquellos tiempos tan alejados de la tónica del Cambalache de Gardel.

Pronto la masificación de los estudios en Educación trajo consigo nuevas necesidades y con ella la entrada de noveles profesionales que, ya que había sido difícil reclutarlos en el exterior, pues tuvo que recurrirse a un reclutamiento endógeno (aunque este vocablo aún no estaba en el de modé del momento) para suplir las plazas vacantes y también, alguien tenía que decirlo, las cuotas para la conocida casa de la Avenida Bolívar, muy activa en aquellos tiempos en todos los ámbitos de la ciudad.

La consecuencia inmediata de esta situación fue la baja en la calidad de los profesores de nuevos ingresos, lo que generaría un descontento en los estudiantes que reclamaban  mayor calidad, más actualidad y un más alto nivel de los estudios.

En ese marco se da la aparición fantasmal de un panfleto, consustanciado con lo apócrifo, como suelen ser ellos, que tenía como tarea denunciar con nombres y apellidos, la llamada por los estudiantes “piratería académica”. De esta manera quedó la mesa servida para la aparición del …….COÑO!!

Ahora me veré en la obligación de ingresar al confesionario para poder describir algunos de los intríngulis del panfleto en cuestión; confesiones de su autor 40 y pico de años después. Un mea culpa con retroactividad!

Fue el COÑO una creación de este cronista para llamar la atención de algunas cosas que no iban bien con algunos profesores, con la intención de que al verse retratados públicamente buscaran las maneras de mejorar. Decíamos despectivamente en aquel entonces “es que están llenando el Pedagógico de profesores de liceo”. A muchacho se le perdona todo …… sobre todo después de 43 años!

Algunos aliados, como mi amiga la flaca Ingrid, me decía “mira ese que va ahí me dio clases en 5to grado. Aquel que va allá me dio clases en el Isnardi. Y a aquel otro lo protestaron por malo en 4t0 año en el Miguel José Sanz”. Así me describía la flaquita a la mayoría de los profesores que eran candidatos a un COÑO!

Pero al mismo tiempo que hacíamos una labor constructiva, también nos divertíamos mucho con las historias que comenzaban a conocerse con cada nuevo número de COÑO que amanecía en los pasillos y aulas del Pedagógico. Sí, porque es que este COÑO era noctívago!

De una fuente digna de todo crédito, y valga el insidioso  lugar común periodístico, nos enteramos del impacto creado por COÑO, a través de un aliado cuyo nombre prefiero omitir, una mañana que apareció regado  por todo el Pedagógico.

Cuenta mi cooperante (este vocablo también es de nuevo cuño) que al llegar una profesora a su cubículo venía hecha la mar de nervios, cosa que fue advertida por su colega, quien la interrogó al verla llegar:

-Pero, bueno, Jardinelia, ¿qué tú tienes, que se te nota tan desencajada?
- Ay, Josefina, es que me dijo Leobaldo que había salido un nuevo COÑO!
- Ay, mi madre, no puede ser! ¿A quiénes habrán sacado en este número?
- Qué voy a saber, si yo  pegué  una sola carrera hasta aquí, que hasta perdí la tapita de una sandalia, respondía una jadeante Jardinelia
- Virgen Santísima, ojalá que esos carajos no me hayan sacado en este COÑO!, elevaba sus deseos la profesora Josefina.
- Verga, quién podrá informarnos?, se preguntaba Jardinelia.
- Por qué no bajamos las dos a tomar café, como las que no sabemos nada?, proponía la profe Josefina
- Te volviste loca, Pina? Lo que soy yo no salgo de esta oficina hasta que se vaya el último autobús, además voy a andar renca con esa sandalia,  dijo concluyente la Profe Jardinelia.
- Bueno, mana, y quiénes serán esos grandes carajos que están sacando ese COÑO?, se preguntaba Josefina
- Yo no sé, pero ahí tiene que haber profesores pasando datos, especulaba convencida Jardinelia!

Y miren ustedes que no estaban peladas! Quien soltó esta sopa estaba ahí sentado en uno de esos cubículos!

Sin embargo, no eran solo los profesores quiénes estaban intrigados, también los estudiantes especulaban.

Así que una vez el viejo Américo Rondón, secundado por su inseparable Zaracual, me dijo de frente:

-Mira, carajito, estas son vainas tuyas!

Ese par de carcamales, veteranos de mil batallas en las escuelas de la zona, andaban tras la pista, ya que según afirmaba Américo, me había visto pegando no sé qué cosa en la cartelera de la entrada, allí donde el MEUP tapizaba de fotos y manuscritos invitándonos a “desechar las ilusiones y prepararse para el combate”.

A la negra Teresa Pierluissi la encontré una vez en un grupo de amigos y compañeros, justo en el momento que solemnizaba sobre el tema:

- Yo conozco esa redacción. Esa forma de expresarse no es de otro que de Héctor Acosta. A mi no me va a joder!, aseguraba la principal promotora de la lectura de El Principito y segunda tomusúa del Pedagógico, después del  legendario afro de Eddy Córdova.

Más adelante, debido al crecimiento de la demanda, COÑO tuvo que incrementar la producción y con ella el número de aliados al proyecto, siempre con el juramento de un goliardo, de morir manteniendo en secreto la identidad del autor intelectual y de los demás involucrados, por supuesto. Incluso, mis amigos del Partido Comunista no sabían lo que yo hacía con la batea que me prestaban dos o tres veces por mes. Y dos o tres veces por mes salían los noctívagos, a la medianoche de cualquier día de semana, a sembrar de COÑOS las instalaciones de mi Glorioso Pedagógico de Maturín.

Durante un buen tiempo COÑO puso en jaque a más de un profesor, de esos que daban clases con un parcho en el ojo y escribían en la pizarra con un garfio; mas les confieso que mi ánimo comenzó a decaer cuando a  COÑO le salió competencia, representada en  un tal Movimiento Independiente Estudiantil Revolucionario De Avanzada, ya que COÑO era un proyecto muy serio  para estar rivalizando con ese excrementoso movimiento estudiantil, de modo que a partir de ese momento decidí mandar a sus siglas a ese nuevo panfleto y yo, que estaba a punto de graduarme, me fui con mi COÑO para otra parte… o sea.





sábado, 16 de mayo de 2020

La vida venezolana en cuarentena. Cuento corto.

La vida venezolana en cuarentena
El inexorable tiempo detuvo su marcha en cuarentena. Nadie sabe qué día vivimos. El nieto inquiere por el día, pero lo que realmente quiere saber es “el número”. 
La abuela pregunta para saber cuándo toca lavar y cuándo limpiar profundamente. Y la hija soltera pregunta todos los días, nerviosamente hasta el fastidio, en qué fecha estamos. Hasta un día  que grita alborozada “hoy es Viernes 24 de Abril”. 
Cuando todos indagan asombrados cómo lo supo, responde“porque hoy me vino el periodo”. 
Todo esto lo que significa es que hasta los estados de excepción tienen una regla salvadora!

lunes, 11 de mayo de 2020

La Historia Imaginada: La mujer del César


Julio César salió hecho una furia de su oficina ocupada en una de las alas del Palacio de gobierno. Al otro costado estaba su residencia oficial, que compartía con su esposa Pompeya y sus dos pequeños hijos.

Estaba el líder e integrante del Primer Triunvirato dando su más dura y cruenta pelea; pero en esta oportunidad no se trataba de guerreros armados que les competían hasta la muerte por arrebatarle el poder construido en base al valor y arrojo demostrado en cada cruzada. No. Esta vez el enemigo silente del temido Senador romano se encontraba navegando constantemente en el océano de sus pensamientos. Eran los celos. Los malditos celos.

Las dudas acumuladas en cada ausencia, en cada lucha librada a expensas del abandono del hogar no lograban ser compensadas con las alforjas repletas de oro, diamantes y alhajas de variados colores, obtenidas como botines de guerra en cada una de las escaramuzas en la que participó triunfante.

Los celos  se venían acumulando desde hacía mucho tiempo, a pesar de su holgada receptividad por parte de las damas de la época republicana. Sin embargo eso no le bastaba para sucumbir a la estrategia de pensamiento que lo llevaba a crear películas en su imaginación, de las cuales no salía muy bien librado.

Así que aquella mañana  fue el acabose.

-         Pompei! Pompei! Gritaba desaforadamente llamando a la que hasta ese momento fuera su esposa.
-         Enseguida la busco, su majestad!, se comprometió el jefe de la servidumbre.
-         No, digli che tra 5 minuti ti vedremo alla nostra residenza!, dijo en voz altanera el vencedor de la Guerra de las Galias.
-         Capisco, la sua exccellenza, contestó el fiel lacayo al mismo momento  que salía disparado en busca de la consorte.

No pasaron los 5 minutos cuando ya la pareja se encontraba en la alcoba principal de la residencia tratando de arreglar sus diferencias.

-         Aquí me tienes, marito, ¿perché mi stai cercando cosi insistentemente?, preguntó en tono sumiso la elegante mujer.
-         Yo quiero que tú me digas qué carajo es lo que tú tienes con el patricio ese que fue encontrado coleado en la fiesta de la Buena Diosa, inquirió el César con toda autoridad.
-         ¿Cómo se te ocurre, mío marito, si yo a ese ragazzo ni lo conozco?, respondió Pompeya no del todo sorprendida.
-         Entonces dime qué hacía disfrazado de mujer buscando acercarse a ti?, continuó Cayo Julio César el interrogatorio.

“Según cuenta Plutarco en sus "Vidas paralelas", un patricio romano llamado Publio Clodio Pulcro, dueño de una gran fortuna y dotado con el don de la elocuencia, estaba enamorado de Pompeya, la mujer de Julio César. Tal era su enamoramiento, que en cierta oportunidad, durante la fiesta de la Buena Diosa -celebración a la que sólo podían asistir las mujeres- el patricio entró en la casa de César disfrazado de ejecutante de lira, pero fue descubierto, apresado, juzgado y condenado por la doble acusación de engaño y sacrilegio”.

Situación ésta que diera lugar a la airada reclamación que le hacía el César a su mujer, en la que dudaba de su honorabilidad, aun cuando no tenía suficientes pruebas para acusarla de infidelidad.

-         Pero qué culpa tengo yo, imperatore massimo,  que un hombre que esté de mi enamorado trate de acercárseme sin yo saberlo? Preguntaba la mujer como parte de su defensa.

-         Algo tuvo que haber visto es atrevido  para tomar ese riesgo. Algún atisbo de debilidad pudo él haber advertido en ti que lo llevó a intentar esa desquiciada maniobra!, seguía César argumentando su furia desmedida.

-         Que yo sepa, sumo esposo, jamás he abierto mi corazón a otro hombre que no sea Su Excelencia. Jamás en nuestra sacro santa unión, un postigo de mi vida se ha abierto para que alguien le dé luz a ese espacio que ya su merced le dio suficiente iluminación. Lo juro, santo marito, porfía Pompeya en un desesperado esfuerzo por convencer a Julio César.

-         Bueno, es verdad que no tengo pruebas de tu infedeltà, incluso, puedo estar convencido de que no lo fuiste; pero una cosa te digo y en ello soy intransigente, mia moglie non solo mi debe fedeltà, sino que tampoco puede dar lugar a dudas de parte de los hombres. Quien sea mi mujer debe tener un tal comportamiento que aleje y propicie el rechazo de cualquier intento de sojuzgar  la inquebrantable voluntad de lealtad hacia mi persona. Quien fuera la mujer del César ……….

Antes que Cayo Julio César pudiera terminar su perorata fue interrumpido por un apenas perceptible ruido que escuchó bajo su ventana. Con la velocidad de otrora corrió hacia la puerta. Al abrirla y salir se dio cuenta que Cayo Posca, su más leal esclavo, se alejaba sigilosamente, tratando de no levantar sospechas entre la Guardia republicana que  custodiaba al dictador, lo que no impidió que éste lo llamara para reprenderlo:

-         Cayo Posca! Cayo Posca! Hágame el favor y se me presenta aquí de inmediato!
-         En qué puedo servirle, su merced, respondió el fiel esclavo, en tono humilde.
-         Se puede saber qué hacías tú bajo mi ventana?, preguntó César sospechando de lo que se trataba.
-         Nada, su alteza. Yo solo pasaba!, respondió Cayo Posca, en un dejo de indiferencia.
-         Habrás de saber que yo sé en lo que andas, aseguró el Procónsul republicano. Espero que esta conversación no vaya a ser motivo de canzonatura en tus francachelas, advirtió César .
-         Caramba, su Excelencia, yo sería incapaz de exponerlo ante la opinión pública ….además,  le juro que no he escuchado nada, aseveró quien había sido manumitido por el propio César y quien formaba parte de su grupo de confianza.

No se tiene certeza del origen de la infidencia, lo cierto es que un siglo después, Plutarco, quien fuera biógrafo de romanos y egipcios a igual ras, publicaría en su obra Vidas Paralelas, la advertencia que le hacía César a Pompeya, con lo que le daba rango de majestuosidad a la duda de los celos:

“La moglie del sindaco, oltre all’onestà, anche debe apparire”

“La mujer del alcalde, además de honesta, también debe aparentarlo”.

Claro, en aquel pueblo pequeño, que eran la mayoría de los pueblos de la Antigüedad, todo se sabía, de modo que más tarde se estaría al corriente que lo que Plutarco dirigía personalmente al máximo Edil, era un extracto de la lucha que mantuvo el César con Pompeya, en aquellos incómodos derrames de celos del massimo magistrado y que un siglo después   Plutarco  lo patentaría como:

"No basta que la mujer del César sea honesta; también tiene que parecerlo".

domingo, 3 de mayo de 2020

La despersonalización del discurso en revolución


- Vamos a darle un pase a la alcaldesa Erika Farías, quien se encuentra haciendo un recorrido por La Vega.  Adelante, alcaldesa!

 -      - Gracias, Presidente, saludar la iniciativa que usted ha tenido de ordenar esta jornada de desinfección de las parroquias caraqueñas.

Caminando apurado esta conversación no tendría nada censurable porque se trata de una más de entre las cientos de ellas que se producen a diario en revolución, pero, sin saberlo, terminan modificando arbitrariamente el idioma e introduciendo giros idiomáticos poco usuales en estos lados del continente americano, donde la lengua de Cervantes impuso sus mecanismos de producción, difusión y cambios lingüísticos.

¿De dónde nuestros dirigentes políticos han sacado la moda de iniciar una conversación empleando un verbo en infinitivo? Pues bien, ya es una costumbre  dentro del gobierno, que sus líderes comiencen sus intervenciones con verbos tales como saludar, agradecer, reconocer, confirmar, celebrar, etc., dejando la oración morfológicamente incompleta, al carecer de un sujeto que se haga responsable de la acción emprendida. Así, cabe preguntarse, en la intervención de la burgomaestre (no faltará quien me diga que es burgomaestra): ¿sobre quién recae la acción de saludar? ¿Quién saluda a quién? ¿Quién se siente saludado?

Maigualida Rivas, amiga consuetudinaria de estas crónicas y lingüista de  obligada consulta práctica, nos alumbra el tema planteado al afirmar que “ese fenómeno que tú llamas “giro idiomático” no es otra cosa que la despersonalización del idioma. Se usan morfemas que despojan al texto de tener y mantener un sujeto léxico. Una acción deber ser realizada por alguien que sería el sujeto”.

En esta forma de construcción del lenguaje queda destrozada aquella clase  aprendida al caletre desde primaria, según la cual para darle sentido a una oración, ésta  debe poseer sujeto, verbo y predicado. Es como esa otra expresión muy usual que se produce por pena,  miedo o no sé qué otra cosa, mediante la cual las personas terminan sus diálogos con la expresión se le quiere. Por favor, ¿quién carajo quiere a quién? A mi nadie se me quiere. A mi me quieren o no me quieren. Yo no puedo decir que Ivette me quiere por que me dijo que se me quería. En esa frase nadie asume la acción de querer. Generalmente cuando alguien me dice que se te quiere, lo (la mayoría de las veces es la) obligo a especificar, a través de la pregunta ¿quién específicamente me quiere? O puedo ser un tanto sarcástico, preguntando ¿quién se me quiere?

En este sentido, Maigualida hace aún más explícita su participación al enjuiciar algunas de las razones de la ocurrencia de este fenómeno, al señalar “se evita señalar la presencia explícita del sujeto, de quien necesariamente realiza la acción para  trasladarla, más bien, hacia un contexto impersonal, alguien inespecífico que no puedes identificar porque está diluido  en aquel “se” que mencionas “se le quiere”. Se invisibiliza así, al sujeto concreto. “Se dice”, “se sabe”, “se rumora”, “alguien afirmó” o el consabido “uno no sabe qué pasó allí”. ¿Quién es “uno”? ¡Nadie! Es decir, lo perfectamente invisible.
Cuando esto sucede, se está construyendo realmente un mecanismo perverso de despersonalización que lo más seguro es que conduzca a nunca encontrar culpables de nada de lo que suceda en nuestro país”.  

Entonces, como podríamos salvar a la burgomaestra del sin sentido? Muy sencillo, diciéndolo de la siguiente manera: “Presidente, saludar la iniciativa que usted ha tenido, al  ordenar esta jornada de desinfección de las parroquias caraqueñas, es lo que me propongo reconocer a través de esta intervención”. Si usted lo deja hasta caraqueñas quedará un largo punto suspensivo cuya funcionalidad es insuficiente para proporcionarle sentido completo.

El otro aspecto por destacar es que toda redacción comience con un infinitivo, corresponde al enunciado de un objetivo, propósito, meta o misión. En estos casos se trata únicamente de especificar  la acción que alguien previamente identificado en otra parte del texto, va a ejecutar.

Maigualida, sin embargo mete chola a fondo en el análisis, al punto de llegar a una conclusión determinante:
“En una situación comunicacional como la que explicas en tu artículo,  en la que el Presidente  inquiere la participación de la alcaldesa de la capital en relación con acciones preventivas de salud por el problema del coronavirus, ella simplemente “saludar” la iniciativa o interviene “para saludar” la iniciativa, es una clara muestra de despersonalización del discurso.
En el español tenemos muchas formas de esas despersonalizantes que desaparecen al sujeto como por arte de magia y una de ellas es comenzar por un verbo en infinitivo que en realidad ejerce funciones de sustantivo, gramaticalmente hablando, pero que no singulariza a nadie. Están empleando, nuestros revolucionarios, esa forma discursiva para evitar personalizar las actuaciones”.

Pensándolo bien, es posible que todos estos líderes de la revolución tengan razón en utilizar un discurso despersonalizado, porque como acota Maigualida alcaldes, gobernadores y ministros lo único que hacen es “saludar” las iniciativas del Presidente, porque muy pocos las cumplen …saludos como los que se  hacen en los buques con la bandera, en señal de bienvenida. Cortesía pura.

Al cierre de esta crónica me quedó sembrada la duda,  de si es inocente que cada vez que se dan pases en vivo y directo  y los referidos dicen cosas como “aquí estamos, Presidente, cumpliendo con las instrucciones que nos dio……”, ¿será realmente ingenuo o será que, por si algo sale mal, tener el camino abonado para decir que eso fue culpeMaduro? Ah pues, se han visto casos ….o sea!

jueves, 19 de marzo de 2020

Átomos de HAM para el autobusero




Átomos de HAM"

Para el autobusero

1) En el enfrentamiento contra el corona virus para el autobusero no existen días de parada.

2) Los contagiados se bajan de la Four Runner para montarse con el autobusero.

3) El autobusero se ha portado como un auténtico COVI Bryant.

4) "Esa mujer sí (chin) chilla" dijo el autobusero de la ex pdta de Costa Rica.

5) En el este del este están como locos habilitando las paradas quemadas en las guarimbas.

6) En el partido CULO los tapabocas son hechos de papel toilet.

7) En Italia a los viejitos los dejan en la parada, mientras en Venezuela el autobusero los monta a todos.

8) En el autobús de Nicolás la gente anuncia la parada con aplausos.

9) La gente del partido CULO en vez de tapabocas van a usar es taparrabos

10) Los presidentes summa cum Laude, ante el autobusero lo que suman es necesidad.

*Los Átomos de HAM son una creación de Héctor Acosta Martínez.