domingo, 23 de noviembre de 2014

Dios mío, dónde te has metido?

 1993

DIOS MÍO, ¿DÓNDE TE HAS METIDO?
(CARTA DE  UN CRISTIANO DE LA DECADENCIA)

Querido Dios:

Perdona que utilice este medio tan masivo para hacerte llegar estas líneas que se supone deben ser confidenciales; pero es que te he estado buscando por todas partes y has hecho total mutis. No sé so no te han dado los mensajes que te he dejado, o es que ha habido demasiados ruidos en la comunicación, o será que están muy congestionadas la líneas Enes de tu corazón. No sé; pero me siento burda de aristotélico últimamente, por tu falta de respuestas afirmativas y tienen que ser afirmativas porque de negativas ya estoy hasta aquí.

De nada han servido mis oraciones interrogativas, afirmativas, yuxtapuestas, etc. Ni mis penitencias en las penitenciarías de La Planta, El Rodeo, Sanjuán de los Morros, La Pica, El Dorado, etc.; ni mis ayunos en la mañana, a mediodía  y en la noche; ni mis prédicas predicado verbal, nominal y circunstancial; ni mis promesas de todas las formas, menos de cumbiambera. Aunque te parezca mamadera de gallo, es absolutamente en serio, lo que pasa es que todavía no he terminado de perder el pudor que me queda, al desnudar ante los mas media el cuento de la pelazón en la que me encuentro sume urgido desde que me dio la manía de meterme a escritor; aunque, viéndolo bien, era la misma de cuando fui profesor, gestor, así como cuando ejercí de ingeniero práctico.

Son muchas las cosas buenas que de ti me dicen, pero lo que he vivido en los últimos tiempos no tiene nombre y dudo que apellido tampoco tenga. Por ejemplo, de unas lunas para acá he comenzado a sentir fuertes apretujones en el pescuezo, me falla la respiración, siento un nudo en la garganta y el corazón se me tranca, siento como si me fuera a tragar la manzana de adán aunque ganas no me faltan, por lo menos así moriría con la dicha de haberme comido alguna vez una fruta exótica y lo peor de la cosa es que tus hinchas terrenales a manera de consuelo me dicen, sobándome el hombro: “No te preocupes, que Dios aprieta pero no ahorca”. Cónfiro, vale, lo que falta es que agarres un torquimetro y terminas de una vez este sadismo, porque para tener que someterme más adelante a una traqueotomía, si es que salgo con vida de ésta, en el Uyapar o en Guaiparo, lo mismo de retirar desde ya mi ticket  para Chirica sin retorno. O sea…

Tan grave se ha tornado la cosa que el prurito que tenía contra los juegos de “evite y azar” he tenido que superarlo. Tú más que nadie recuerdas que al principio fui un perseguidor implacable de los juegos de lotería y similares. Después utilice un testaferro para realizar todas esas vergonzosas operaciones. Bueno, ahorita si me  ves no me conoces, ya que he devenido en un testa-duro y desprejuiciado tahúr, el que no vacila en prepararse en cualquier kiosco y gritar a galillo limpio: “Dame la corrida del 42 y me la volteas. Me das el 05 en los nones y me haces un binomio de Newton con el 969; ah y con los cuatro fuertes que me quedan me juegas el cochino, que ese no pela hoy”. Sin embargo, mi lord, toda esa experticia acumulada de muy poco o de nada me ha servido, porque tu omnipresente figura, precisamente, presente no se ha hecho.

Todavía me acuerdo nítidamente cuando iba a clases  de catecismo en el asilo San Vicente de Paul y el cura de La Milagrosa hacia tanto énfasis en el Salmo aquel que sentenciaba “Dios castiga a los malos y premia a los buenos”. “Voy en góndola” pensaba yo en aquellos días y me veía en aquel paraíso rodeado de imponentes bellezas que se tapaban sus partes con diminutas hojitas de parra, paseándose entre los uveros de exuberantes playas.
(Cualquier muestra e precocidad en la extrapolación anterior es producto de las insinuantes figuras que aparecían en el libro de Coquito de aquel tiempo) hoy cuando veo tanto banquero y político prófugo, gozando de la exquisiteces que para mi estaban reservadas, concluyo en que los papeles se invirtieron y que el malo de la partida soy yo, que no tengo derecho ni a bañarme en Toro Muerto, por la contaminación mercurial y excremental que se hospeda en sus tranquilas aguas.

A veces pienso que te fuiste de Venezuela, tal vez a otro lugar donde más te necesitan y que no delegaste en nadie por no haber quien te inspire suficiente confianza por estos lares. De ser así es probable que te consigas por México ya que de tanta lloriquedera los manitos te hayan logrado conmover con el consabido “pobrecito Méjico”, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos.” de ser así, nosotros que todo lo copiamos, comenzaremos a popularizar este original estribillo:”Pobre Venezuela, tan vacía de Dios y tan llena de políticos corruptos y bananeros”.

No quiero despedirme, Diosito, sin recordarte que lo del torquímentro y lo de acabar de una vez era echadera de broma. No se te ocurra.


martes, 18 de noviembre de 2014

La Comunicación enredada

La Comunicación en redes o la Comunicación enredada

Uno  de los aspectos de las Ciencias que tienen años llamándome la atención y al que mayor tiempo le he dedicado, es el de la Comunicación; a él le he dedicado, además,  cuantiosas sumas de dinero, a veces mío y a veces de otros. Cuánto hubiese deseado que el conocimiento alcanzado fuera directamente proporcional a la inversión en la materia!

En ese mismo sentido, hay una aplicación  de esa Comunicación que en los tiempos que corren es crucial y en quien he gastado algunas de mis neuronas, de las que todavía no han sido afectadas, creo yo, y ese elemento es La Comunicación en las Redes Sociales. Pero … Qué es lo que me motiva?

Fundamentalmente en los últimos tiempos, he visto la gran cantidad de problemas que se producen en la Comunicación que uno establece en las Redes; o sea en  Facebook, Twiter, Messenger, WhatsApp, mensajes de texto, correo electrónico, etc. De manera que ese desperdicio llamado “malos entendidos” está a la orden del día en todas esas redes sociales; aunque más de una vez se convierten, producto de lo que venimos hablando, en redes antisociales, porque ….¡cómo he visto gente últimamente declarando “boto tierrita y no juego más”!, abandonando el juego de la Comunicación, cuando no, derivando esto en enemistades y rompimiento de todo tipo de relaciones.

Ahora bien, lo primero que puedo pensar, un pensamiento muy viejo, por cierto, es que los seres humanos en general, hemos sido preparados maltrechamente para establecer comunicaciones afortunadas con nuestro semejantes, ya que existe todo un complejo mundo por conocer que influye en la recepción del mensaje de nuestros emisores en los términos en los cuales el mensaje ha sido concebido. O sea que el mensaje, cualquiera que sea, encierra una intencionalidad, es decir que no es tan ingenuamente natural o naturalmente ingenuo, como pareciera ser.

Así, los estudios en este sentido de la Comunicación han demostrado que en ese proceso de comunicarnos hay comprometidos una serie de factores que harán posible la comprensión ulterior de los mensajes, de tal manera que en esa comunicación cara a cara el tono de voz, la expresión corporal, el carácter y los gestos, contribuyen en un 93% al entendimiento comunicacional. La conclusión es obvia: gestos y fisiología son determinantes en ese proceso de intercambio humano de contenidos.  Y qué pasó con el 7% restante? Bueno, ese 7% lo aporta la palabra. Queeeeé?

Con esta información nos venimos, entonces, para tratar de entender lo que sucede en las redes sociales, encontrándonos que el primer y principal problema que se nos presenta es que la Comunicación que se establece en este ámbito es de puras PALABRAS, ya que por ser eminentemente escrita se nos imposibilita VER gestos, ESCUCHAR tonos,  OBSERVAR la expresión corporal, SENTIR la respiración, etc.

El problema se presenta cuando, a falta de la inobservancia de  gestos y Fisiología, comenzamos a imaginárnosla, a crearla, creación ésta que hacemos sobre las bases de nuestros propios mapas del mundo y sobre el pre-juicio que tenemos de nuestros interlocutores. Desastre total, la mayoría de las veces!
Pero hagamos un ejercicio real. Tomemos la siguiente respuesta que le dio mi amiga Estela a una de mis comunicaciones: 

“Y qué es lo que estás haciendo tú jajajaj” (negritas, comillas  y subrayado mío)

Si a esta expresión yo le coloco la gestualidad amable de mi interlocutora, la cual conozco muy bien, una cara genuinamente sonreída y la risa fácil y desprejuiciada, evocadora de momentos de relax y agradable compartir, el resultado es que continuaré el diálogo en la virtualidad de mi PC con ella y hasta agradeceré el que se haya tomado el tiempo para leer y responderme.

Caso muy contrario es que a esa misma expresión le coloque un rostro adusto, una corporalidad retadora, unos movimientos de  manos ofensivos y un jajajaj como los del  Guazón o la risa macabra   de las hienas. En ese caso mi respuesta podría ser  algo parecido a esto:
-        
“  - mire, Profesora Salguero, se va bien largo a ¿=)(&%$%&&/((/%·$%&/&%%&/&((()====(&%$·$·, Okey?” Y boto tierrita y no juego más!

Por eso, ya para ir cerrando, lo recomendable es que cuando escribamos lo hagamos pensando en alguien, en que ese alguien tiene sus propios mapas, creencias  e interpretaciones y que, en consecuencia, pudiera vivir en un plano interpretativo distinto al de uno. Es lo más seguro! Ah, pero ya  que sabemos algo de esto, cuando leamos también debemos pensar que esto mismo le sucede al que escribe, o sea….


El Pantalón Campana




Del frustrado pantalón campana al
desnudo tumba gobierno

Corrían  los últimos años de la década más hermosa que ha conocido la humanidad, la del ´60 y a los jóvenes de aquel entonces nos faltaba tiempo para disfrutar de toda la explosión   musical que tuvo lugar desde comienzos de esa década hasta bien entrados los años ´70. Tanto la llamada música moderna, como la salsa y otros géneros musicales competían por la aceptación de la audiencia.

Por su parte, la Guerra de Vietnam se encontraba en sus niveles más álgidos y el Socialismo Científico luchaba por ganarle la pugna al Capitalismo, mientras en las Universidades públicas cada vez mayores sectores de la “sociedad pensante” radicalizaba  sus posiciones vanguardistas a favor de la Revolución Bolchevique y en contra del stablishment y de la sociedad de consumo. Mientras los menos jóvenes y más leídos y preparados imaginaban y daban gallardas discusiones acerca de la sociedad igualitaria importada de la Unión Soviética, los más jóvenes nos entregábamos, algunas veces desde la clandestinidad –dependiendo de la orientación ideológica de los líderes del hogar- a entonar las canciones de Los Beatles, Los Rollings Stones, del Grupo Creedence y otros más que irrumpieron con inusitada fuerza en la esfera musical de la década de oro, en la que el Festival de Woodstock del año ´69 marcó el punto cenital.

En la misma época, pero en el campo político, el Mayo Francés de 1968 terminaba de acicalar las mentes progresistas de los jóvenes comunistas del momento, quienes al mismo tiempo que se negaban a hacer comparsa con la sociedad de consumo, rechazando cualquier atisbo de música hablada en Inglés, terminaban refugiándose en la música clásica, como para evitar las provocadoras tentaciones de una música que, bailada en la obscuridad de las discotecas de la época, provocaba un sinfín de sensaciones, a veces inaguantables hasta para el más radical de los puristas revolucionarios. De todos modos quienes sucumbían a la tentación del demonio capitalista, se auto-castigaban leyendo o releyendo el Manifiesto del Partido Comunista, por eso sería que Un nuevo fantasma recorre Europa quedó grabada en la memoria de todos los revolucionarios, lo que no significa que necesariamente todos fueran impíos, o sea.

Por cierto que un compañerito de clases al que llamaba El Indio Vejar, gochito para más señas, trataba de halagarme con la música de esos años, pero al ver que no reaccionaba a ninguna, por los temores de contravenir las indicaciones del líder de mi manada, se  recordó que en mi casa sólo había escuchado música clásica y entonces me dijo: “ah sí, quieres que te ponga un clásico? Ya te voy a poner un clásico”! Y justamente, sacó un LP y en su tocadiscos RCA Victor comenzó a sonar El Clásico Presidente de la República de 1963, en la voz de Virgilio de Khan, Alí Khan. Para terminar el cuento con una infidencia, resultaba que su hermana se había hecho novia de un   play boy de la época conocido con el remoquete de Tapa Tapa, el que le tenía un apartamento tapizado con todos los discos de los clásicos hípicos de esos años.

Ahora bien, otro de los aspectos que constituyó un problema en esa vida de convivencia poli-ideológica   en los años finales de los sesenta, fue el de la moda; ya que la moda, como ha sido toda la vida en nuestros continentes, representaba la cultura occidental con toda su carga consumista y, por supuesto, con un marketing identificado con la cultura anglosajona. Una de mis grandes frustraciones de entonces fue ponerme un pantalón campana, o acampanado o de bota ancha como también se le llamaba. Aún recuerdo con apetencia aquel pantalón campana, tipo blue jean, que usó George Harrison, guitarrista y arreglista de Los Beatles, en la celebérrima portada del no menos celebérrimo disco “Abbey Road” tal vez el más famoso y el de más historia de todos cuantos grabaron Los Chicos de Liverpool. Ese pantalón me llevó a tomar el riesgo de plantearle a mi mamá la posibilidad de presentar una moción para que el líder se paseara por la eventualidad de dejarme comprar un pantalón campana. Cuando la vieja regresó con el resultado, yo ya lo sabía, ya que ese pantalón campana me lo tendría que ir a poner bien lejos del territorio demarcado.

Así era la militancia en el campo de las ideas revolucionarias. Muchas veces exigía acometer grandes privaciones, para demostrar que la oposición al modelo consumista pequeño-burgués era un asunto que devenía en un apostolado que enfrentaba en todos los terrenos las tentaciones que el Tío Sam  ponía en el camino; no siendo pocos los que  adoptaban prácticas inquisitorias en el sostenimiento de un celibato dirigido a la adopción totémica de los principios filosóficos asociados al marxismo, leninismo, trostkismo, maoísmo o cualquiera de los ismos de la cata ideológica   izquierdista. Sin embargo, para un carajito de 15 años esto era poco entendible, ya que a esa edad lo principal era vivir la vida loca sin ataduras a preconceptos con los que, seguramente, uno tenía que comenzar a lidiar en apenas tres o cuatro años, de manera que yo seguiría clamando por mi pantalón campana.

Pero los años no perdonan, como dice el adagio popular, y con ellos surgen cambios, transformaciones a veces radicales en el comportamiento de las personas, de manera que lo que una vez fue una norma de inapelable cumplimiento, hoy puede ser solo un fugaz recuerdo del sostenimiento del de modé de una era. Tan ridículas pueden ser las explicaciones de estos cambios, que Joan Manuel Serrat, uno de los imprescindibles para insuflar el ánimo de los radicales de los sesenta, le fusiló a Winston Churchill su justificación al cambio de ideales, con aquello de que “Quien a los veinte años no sea revolucionario, no tiene corazón y quien a los cuarenta lo siga siendo, no tiene cabeza”.

De manera que pasaron los años, pasaron casi cuatro décadas. Cada adulto se fue a formar su nueva manada; como pudieron, como supieron, como nos enseñaron. El ideal estaba allí. Los valores estaban allí. Los principios estaban allí, claramente marcados. Sólo que, aparentemente, las cosas cambiaron y las nuevas camadas hicieron sus sustituciones bajo la indiferencia de quienes otrora marcaron rígidamente el camino a seguir: la inexorable revolución socialista. Así ocurrió también la sustitución ¿dialéctica? de los líderes: Carlos Marx fue sustituído por Carlos Ortega; Vladimir Illich Ullianov (Lenin) fue sustituído por Henrique Capriles; Mao Tse Tung fue sustituído por Leopoldo López; Rosa Luxemburgo fue sustituída por María Corina Machado y Ernesto Guevara, el Ché, ha sido sustituído por Robert Alonso.

Cada uno de estos líderes emiten nuevas y creativas órdenes a sus subordinados, en la consecución de un ideal de vida, de vida capitalista, me imagino; ultraderechista, intuyo; terrorista, presiento; perversa y hasta ridícula, estoy seguro. “Caceroleen el 24 de Diciembre a las 12 de la noche” y cacerolean; “no vayan a la playa en Carnaval, ni en Semana Santa” y no van; “destruyan árboles, semáforos, carros y bosques” y los destruyen; “tranca tu calle, tranca tu urbanización, atraviesa tu carro” y se tranca y se atraviesa; “vístete de blanco” y se visten; “ahora vístete de negro” y se vuelven a vestir; “ahora desvístanse, tómense fotos desnudos, móntenlas en facebook, en twiter y en todas las redes sociales” y se desvisten y se toman fotos desnudos y las montan en facebook, en twiter y en instagram.

Visto esto, yo no puedo concluir sin pedir una reivindicación histórica, que exonere y devuelva los derechos conculcados a aquel cándido jovencito que en la década del sesenta solicitaba nimiedades. Así que exijo que se me devuelva al año 68 y se me entreguen todos los pantalones campana que un joven puede usar durante los cinco años de su bachillerato; también exijo que se me permita escuchar “Simpatía por el diablo”, el éxito por antonomasia de los Rollings Stones, a todo volumen en el balcón del apartamento, en el moderno picot Phillips; ah y por último pero no menos importante,  que se me permita llegar después de las 10 de la noche de las fiestas, ya que    esa era la hora  en que la cosa se ponía buena, teniendo  que dejar a las novias alborotadas para que otro viniera a terminar el trabajo por mi comenzado, ah bueno! 


La Tesis doctoral


El amargo placer de trabajar en 
la Tesis Doctoral

Pocas cosas en la vida de un universitario causan tanto placer sonoro como aquel de escribir su Tesis Doctoral. Tal vez la rimbombancia del término sea la responsable de que, aún dentro del sufrimiento que produce escribir un trabajo de 300 páginas sin anexos, se consiga llegar al éxtasis, al menos enunciativo, cuando se empieza a trabajar en tan dura cuestión. Hay algo de caché en eso de escribir la Tesis Doctoral!
Comenzando con que la Doctoral es la única  Tesis que tiene nombre y apellido. Nadie que esté trabajando en ella se le ocurre decir “estoy trabajando en mi trabajo de grado”, no, dice clara y pomposamente “es que estoy trabajando en mi Tesis Doctoral” y usted se imagina esa “Tesis Doctoral” en negritas, subrayada y en letra 18 Times New Roman. ´Na guará!
Las demás tesis no reúnen méritos como para ser llamadas por nombre y apellido. Uno jamás ha escuchado a alguien decir “no he podido salir porque estoy trabajando en mi Tesis TSUral” o “la Tesis Licenciatural me roba todo el tiempo” o “estoy desaparecido porque estoy trabajando en mi Tesis Magisteral”. Además que suena de un feo cacofónico!
Algunas veces me ha tocado saludar a colegas profesores que tenía tiempo sin verlo(a)s y la respuesta a mi saludo “épale, qué te has hecho que tenía tiempo sin verte”?, ha sido invariablemente la misma “pero, cómo, si es que estoy escribiendo mi Tesis Doctoral”. Y uno se siente vago, sin oficio, ocioso, trashumante, porque es que además te responden en forma rezongona y, claro, uno ve a alguien con ojeras, trasnochado y a veces hasta famélico y la verdad es que le despierta cierta compasión y hasta un poco de admiración, por qué no?
Pero también se nota cierta dosis de orgullo en la respuesta, aunque un poco morboso, ya que te están diciendo “mira, estoy sufriendo, no salgo de mi casa, no llevo a los niños a comer helados, no me reúno con nadie, más nunca me he echado un palo” todo por estar escribiendo …. Mi Tesis Doctoral, esto último lo agrego yo, porque … es que la otra cosa que jamás he logrado observar es que quien escriba su Tesis Doctoral lo haga en un estado óptimo de felicidad, no! No he visto a nadie que exprese “hurra, estoy escribiendo mi Tesis Doctoral, que vaina tan buena”! Siempre hay un dejo de hastío y desazón que sólo es compensado con la expresión lacónica “estoy escribiendo mi Tesis Doctoral”
Y es que en las casas en las que uno de ellos escribe su Tesis Doctoral se produce una especie de obscuridad; obscuridad en el ámbito vacacional (nadie sale de vacaciones mientras papá o mamá esté escribiendo su Tesis Doctoral, ah bueno); obscuridad en el ámbito etílico (total abstinencia alcohólica) y obscuridad sexual (aquí se acabaron los “ay que me muero, de media noche en la hamaca”, como diría Andrés Eloy Blanco). Lo que agrava el asunto es que muchas universidades otorgan plazos de hasta seis años para la entrega del fatídico requisito, los cuales se amplían con alguna que otra prórroga que solicite el doctorando (ahhh, este es otro de los términos pomposos y únicos de la jerga doctoral: nadie es maestrando ni ingenierando!).
Bueno, como quiera que hoy me ha dado por escribir con mucha formalidad y ese no es el carácter de El País de Comiquita, voy a finalizar con un cuento, para ver si en el futuro las cosas cambian y logramos recuperar prontamente a aquellos amigos doctorandos que están en plena Tesis Doctoral:



Qué es lo importante en una Tesis (Fábula).

Un conejo estaba sentado delante de una cueva escribiendo, cuando aparece un zorro.

- Hola, conejo, que haces ?
 
- Estoy escribiendo una tesis doctoral sobre cómo los conejos comen zorros.
- Ja, ja, pero qué dices ?
 
- No te lo crees ? Anda, ven conmigo dentro de la cueva...
 
Total, que los dos entran y al cabo de un ratito sale el conejo con la calavera del zorro y se pone a escribir.
 

Al cabo de un rato llega un lobo.
 
- Hola, conejo, qué haces ?
 
- Estoy escribiendo mi tesis doctoral sobre como los conejos comen zorros y lobos.
 
- Ja, ja, que bueno, que chiste mas divertido !
 
- Que no te lo crees ? Anda, ven dentro de la cueva, que te voy a enseñar algo !
 

Al cabo de un rato sale el conejo con una calavera de lobo, y empieza otra vez a escribir. 

Después llega un oso.
 
- Hola, conejo, qué haces ?
 
- Estoy acabando de escribir mi tesis doctoral sobre como los conejos comen zorros, lobos y osos.
 
- No te lo crees ni tu!
 
- Bueno, a que no te metes en la cueva conmigo ?
 

De nuevo se meten los dos en la cueva, y como era de esperar, un león enorme se tira encima del oso y se lo come. El conejo recoge la calavera del oso, sale fuera y acaba su tesis doctoral.
 

MORALEJA DE LA HISTORIA:

1. No importa cuán absurdo sea el tema de tu tesis..
2. No importa si no tiene el más mínimo fundamento científico..
3. No importa si tus experimentos jamás llegan a probar tu teoría..
4. No importa, siquiera, si tus ideas contradicen los mas obvios conceptos de la lógica..
5. Lo que verdaderamente importa es ... QUIÉN ES TU TUTOR.



Del hombre y su fauna


DEL HOMBRE Y SU FAUNA

Desde hace tiempo he venido pensando en el desprecio que sienten las personas por la fauna y la flora, con sus respectivos frutos, de esta parte de la geografía en que me ha tocado vivir. Esto se evidencia en los calificativos que se le da a la gente cuando, dada una clara situación de desacato al orden, cometen infracciones penadas por la ley del hombre más cercano al punible, haciéndose acreedores de epítetos propios de la zoología. Pero, francamente lo confieso de una vez, en muchos de esos casos no siento lastima por el homo sapiens a quien va dirigido el cumplido, sino por los pobres animales que vienen a mal simbolizar lo que de negativo y maligno hay en el comportamiento humano.

Una mañana logré almacenar en esta memoria ram (cia) que se ha de obsoletizar por culpa de los modernos multimedia, un concierto en vivo, en el propio lugar de los acontecimientos, con sus protagonistas originales, en el que los adjetivos constituían  lo sustantivo del asunto, donde cada vez que alguien se desayunaba con el semáforo, daba la vuelta en “U” o cruzaba la esquina somnolientamente despacio, la justicia meneaba su látigo a través de afinadas gargantas para expresar frases como: “mira, perro #&%$*ñoe:%#”, o “apártate, burrángano…” o “apúrate morrocoy”. Definitivamente no existe razón alguna que justifique la apelación genérica de estos candidatos animales en el desmadramiento de los seres “superiores”, porque, por muy leve que sea la falta, un perro, según sea el caso, no se merece que se le desacredite y vilipendie de esa humanizada manera, verbigracia al tratarse del supuestamente mejor amigo del hombre. Además, a mí siempre me ha deprimido la gran lavativa que le  echó a los caninos teutones la mamá de un diputado de Nueva Esparta cuando le colocó a su hijo (el diputado) el hombre de Pastor.

Un caso bastante parecido es el que ocurre con los burros. ¿habíase  visto alguna vez un animal más trabajador y leal que estos simpáticos burritos? Nunca  jamás! Y sin embargo la gente no repara en pretextos para calificar de: “burradas” las acciones torpes y desproporcionadas de los hombres. A veces, pensándolo en frío, me asalta la idea de que lo que existe por parte del hombre hacia el asno es un celo encubierto, dada la dadivosidad con la que el creador privilegió al cuadrúpedo en cuanto a la dotación de su membresía varonil y en cuanto a la humildad con que arrastra su pena.

Una situación similar es la que vive El Camaleón, animal éste que, debido a ciertas características crónicas es blanco de burla de quienes les encanta hacer comparaciones poco ponderadas. Vale la pena destacar que este saurio vive encaramado en árboles y que, debido a la pigmentación de su piel, cambia de colores según la intensidad de los rayos solares y las tonalidades que lo rodeen. Por cuanto es un animal sumamente timorato y por cuanto es sometido a un acoso constante al ser confundido con la señora Iguana, el Camaleón ha desarrollado a lo largo de su evolución la particularidad de mimetizarse ante el peligro, lo que ha dado lugar a que este don sea aprovechado por el hombre en su afán de perpetuarse en los cargos públicos, al asumir el color del partido político que esté defendido su turno al bate, sin importar mucho la vergüenza que, se supone, es intrínseca al ser humano.

Esta particularidad del hombre, no de el Camaleón, ojo, es lo que ha dado lugar al asombro Jingle ese que dice así: “el camaleón, mamá, el camaleón, cambia de colores según la ocasión”. Ha llegado a tal punto la evolución del hombre en sus rasgos camaleonisticos que hoy existen familias enteras de reptiles en la que cada miembro se viste de un color, cada cual distinto, de tal manera que siempre haya alguno encaramado en el árbol, mientras que los demás se arrastran abajo disfrutando de la sombra proporcionada por un miembro del oportunista clan.


La nota que me ha dado hoy por salir en defensa de Lassie, el Burrito Sabanero que va camino a Belén y el Cama, cama, camaleón no es nueva; lo que pasa es que se ha ido acrecentando el rechazo hacia estas comparaciones tan destempladas, cuando contemplo cómo en los últimos gobiernos se ha multiplicado el numero de individuos que viven encamarados sin ser saurios, se guindan y no son monos, chupan sangre y no son murciélago, muerden y no son perros y rebuznan y, afortunadamente, no son burros.

1994
EL   ESCRITOR  DE  PROVINCIA




Quedó suficientemente claro en el articulo de Luís Barrera Linares el precio que debe pagar el escritor por mantenerse en ese rol, independientemente que a éste, la mayoría de las veces se le hace bien difícil cobrar. Pensaba yo, entonces, que si eso le pasaba al escritor-escritor: ése que es invitado a dar conferencias allende los mares, ése que es contratado ¿o mejor contactado? para cumplir con el uno por uno escritural  cuando viene algún colega extranjero, o ése que al morirse todos apuestan a que lo mató el Sida lo cual, aunque cueste creerlo, es hoy por hoy símbolo de status, ya que no cualquiera se muere de tan prestigiosa enfermedad; qué le quedará al escritor de provincia que no tiene medios ni de comunicación ni de los otros de que valerse para ver publicada su creatividad.

Si bien al escritor del amigo Barrera Linares muy esporádicamente cobra, el escritor mío, es decir al de provincia, muy frecuentemente paga; en primer lugar paga un realero en enviar sus artículos (éstos como no son de primera necesidad pagan impuesto al lujo) a los distintos medios impresos a ver quién se interesa en su producción. Aquí quienes ganan son las empresas de encomiendas, excluyendo Ipostel por supuesto, pero incluyendo a la CANTV por la gran cantidad de faxes que son enviados a los diarios. La segunda fase de este periplo comienza cuando se calcula que ya todos los diarios deben haber recibido los artículos: durante un tiempo indefinido se deben comprar ininterrumpidamente todos los días todos los periódicos a los que se les escribió. Esta es una tarea que a veces dura años y a un costo de, por lo menos quinientos bolívares diarios. ¿Qué por qué no publica en su terruño? Bueno, porque la máxima aquella según la cual nadie es profeta en su tierra, aquí se convierte en una sentencia.

Cuando ¡Al fin! Al escritor de provincia le publican en un diario nacional es cuando viene lo mejor. Primero, se compra unos diez ejemplares, por si se le pierde alguno en una de esas mudanzas. Luego, como no sabe cuándo le volverán a publicar, comienza ese mismo día a llamar a sus amigos de Mérida, Barquisimeto, Santa Elena de Uairén, Mesa de Aura; Apartaderos, San Fernando de Apure, Turén, etc. para que salgan corriendo a comprar el periódico y lo lean; es decir, lo lean a él, no todo el periódico. En esta etapa nuevamente la CANTV hace su agosto uniendo a toda esta gente a expensa de nuestro alegre y realizando escritor. Asimismo, a los amigos y familiares de la región hay que comprarles el periódico para obligarlos a que lo lean. Después de todo este desagüe de dinero vienen las llamadas de regreso para verificar que realmente lo leyeron y para buscar la realimentación positiva de lo que escribió. Hay otro gasto en fotocopias para los amigos que están en el extranjero, las cuales le son enviadas de cualquier manera; pero de que se enteran se enteran.

Por último, cuando le publican dos o tres veces seguidas ya se cree columnista fijo del diario y basado en ello comienza a reclamar, o más bien a implorar, para que le saquen algunos paguitos. Finalmente, termina convencido que no hay mejor pago que ver su obra semanalmente publicada; mientras continúa buscando la manera de pagarle al kioskero y los recibos telefónicos pendientes.




El cielo no pudo esperar más por Conchita


No esperen que este artículo se convierta en una suerte de elegía o canto a los muertos, prefiero dejar las elegías para cantarle a los amores furtivos que así como llegan de rápido, se marchan sin dejar huellas. Pero como Conchita es un amor que jamás va a morir prefiero conjugarla en tiempo presente, porque presente es el tiempo de los que duran para siempre.

Prefiero pensar que su largo viaje a Francia la aportó por un tiempo de nuestro lado, pero jamás podrá borrar la larga estela de dulces recuerdos que en mí ha dejado.

Prefiero acordarme con Jorge Luis Borges cuando decía que él tenía amigos que pasaba hasta treinta años sin verlos y no por ello dejaban de ser sus amigos; así que, si en mis próximos cuarenta años no veo a Concha, ello no es motivo que afectará mi intensidad hacia la amistad comprometida; de tal manera que no es la frecuencia con que nos veamos lo que habrá de darle el sello al afecto que me une a ella.

Prefiero pensar que, como están las cosas, iba a ser muy difícil que yo diera un viaje a Paris para verla –¡para mí Paris queda demasiado lejos!- y que al mudarse un poco más allá del meridiano de Greenwich pues más difícil me la pondría la Concha, cosa nada extraño en ella, así que para mí esto no es más que un cambio de residencia, cambio de residencia éste que mejoraría en alguna medida  el status de su penúltima morada, si es que es cierto aquello que dicen los entendidos según lo cual, si hay en la tierra algo parecido al Cielo entonces estamos hablando   de   la Ciudad de la Luz.

Prefiero   creer que su cambio, de Educación al ejercicio de la práctica política en la Gobernación de Bolívar, continúa hoy tan fuerte como ayer y que su absoluta dedicación al régimen de Andrés Velásquez continúa ocupando la mayor parte de su tiempo, para desgracia de algunos que éramos sus habitués en los saraos de los fines de semana.

Así que prefiero pensar, no sin sentir una pequeña dosis de celos, por demás bien justificados, que los nuevos amigos, hechos a la sombra de los gabinetes del gobernador de la erre to´choreta, continúan acaparándola y que aún hoy la mantienen secuestrada, condenando con ello al ostracismo a muchos, quienes incluso llegamos al extremo de conformarnos con llamarla a cualquier hora a su casa y tan sólo poder escuchar su tradicional “dígame”. “¿Qué más quieres que te diga, mi amor?”, es lo que normalmente le respondo.

Pensar en Conchita es recordar sólo momentos buenos, porque de buenos momentos es que debe estar llena la vida y la vida de la vieja Vázquez, como suele referirse a ella la negra Teresa Pierluissi, lo ha estado. Así que, cómo no recordar, por ejemplo, que cuando estaba a punto de dar a luz  a su segunda hija y todavía no había teléfono en casa de su hermano, se le ocurrió proponerme que al presentársele las novedades ella me avisaría mi; y que yo fuera, supuestamente a la medianoche, a casa de Mario y le moviera la camioneta hasta que sonara la alarma, que eso lo levantaría y entonces le daba el parte médico. Esto pareciera una estrategia normal; pero para los que no lo saben, su hermano, Mario Vázquez, era en ese momento Campeón Nacional de Tiro al blanco, tiro al negro, tiro al indio y tiro a todo lo que se moviera, así que al materializar tal acción seguro que serviría yo de inspiración para una Crónica de una muerte anunciada.

El anecdotario compartido con la Concha está lleno de historias de esta naturaleza, todas con un alto contenido humorístico, satírico y cómico, todas con finales felices, todas con bajadas de telón sonoras de aplausos,  encandilantes de luz,  ricas en  sensaciones y de multivariados sabores.

Por eso es que con todo y todo, no le echo la culpa al Cielo de quererla tener para el resto de nuestros días, pues allá sabían de lo que se estaban perdiendo al dejarla compartir con los privilegiados mortales, quienes nos dejamos atraer con su magnetismo y comenzamos a sufrir de una especie de concha-adicción.


Así que, si en los próximos años no vuelvo a ver a Conchita, no crean que es porque no he querido, ¡es que se ha mudado aún más lejos para mí!; pero lo que sí es seguro es que nos volveremos a ver, sólo que le voy a pedir tanto a Concha, como a sus huéspedes en el Cielo, que conmigo tengan un poco de paciencia … ¡es que suelo ser muy lento para algunas cosas!…. es más.