viernes, 2 de diciembre de 2022

Crónica de un enfrentamiento épico en la pelota venezolana. El enfrentamiento entre Los Marcelinos!

 

A 60 años de un partido irrepetible en la pelota venezolana

El enfrentamiento entre los Marcelinos

Domingo 2 de Diciembre de 1962.  El estadio de la Ciudad Universitaria de Caracas se comenzó a llenar desde temprano en la mañana para presenciar el encuentro entre Los Industriales del  Valencia y los  Tiburones de La Guaira, equipo éste que en ese año hacía su debut en la Liga Venezolana de Beisbol Profesional o LVBP.

Como  era usual en esa época, los  domingos los juegos comenzaban a las 11 de mañana, que con la entonación del Himno Nacional a través de la pista del estadium el juego venía comenzado como las 11 y cuarto. Y ese domingo no fue diferente de lo que ocurría semanalmente durante el séptimo día de la  semana. Lo único distinto fue que ese domingo 2 de diciembre el mediodía caraqueño era más amigable con la llegada de Pacheco, que en aquellos tiempos le daba un encanto especial a  la ciudad capital, la que alguna vez fuera llamada La Sucursal del Cielo.

Así que a las 11.15 am con la voz de play ball por parte del árbitro principal, señor F. Blanford, se daría inicio a las hostilidades entre los llamados pericos del Valencia y Los Tiburones de La Guaira, juego que marcaría un hito en la pelota profesional de todo el Caribe e incluso  de los estados del Norte de América, ya que lo que estaba por ocurrir jamás se había  visto y difícilmente se volvería a ver,  a pesar del entusiasta axioma beisbolero que dice que los récords se hicieron para ser rotos.

A decir del momento el estadio de la UCV estaba “de bote en bote” un domingo en el  que, seguramente, se enfrentaban equipos con una marca rivalidad.

Saltaron al engramado del Estadio de Los Chaguaramos los Tiburones de La Guaira como equipo tradicionalmente home club en los juegos  de la capital con Dámaso Blanco en tercera, Aquiles Gómez en LF, Elio Chacón en el CF, Dave Roberts en 1B, Merrit Ranew de cátcher, J.C. Hartman en SS, Graciano Ravelo en el RF,  Jesús Mora en la 2da y el cubano  Marcelino López como lanzador.

Por su parte, los Industriales del Valencia contaba en su roster con Teolindo Acosta en el LF, Teodoro Obregón en el SS, Angel Scull en el CF, Bill Bryan cátcher, Gustavo Gil, en tercera, Ken Harrelson en 1B, Luis Rodríguez en el RF, Antonio Obregón en 2B y el pitcher criollo Marcelino Sánchez.

El primer ininng transcurrió sin anotaciones, en lo que parecía más bien un round de estudio, como dijeran en boxeo. La primera carrera del juego entró de caballito  cuando en la primera parte del 2do episodio el pitcher cubano Marcelino López perdió momentáneamente el home luego de 2 outs, concediendo base por bolas a Harrelson, luego vendría un hit de Luis Rodríguez y para rematar el descontrol otorgaría boletos seguidos a Antonio Obregón y al lanzador Marcelino Sánchez, con lo que el partido se pondría 1 a 0  a favor de Los Industriales.

La paridad en el marcador se produciría en la segunda del  cuarto episodio cuando La Guaira logra anotarle una carrera al Marcelino del Valencia,  mediante imparable de Dámaso Blanco (Dámaso siempre ha dicho  que él no  era un out por regla y en este juego lo demostraría) y Aquiles Gómez toca la bola para sacrificarse y poner hombre en segunda. Seguidamente a Elio Chacón le conceden 4 bolas malas en busca de un doble play salvador, pero lo que ocurre es que los corredores avanzan por wild pich del Marcelino criollo.  Ya en tercera, Dámaso se engomaría por flay de sacrificio de Dave Roberts. De esta manera al cerrar el cuarto ininng el juego se empataría a una carrera por bando.

Marcelino López,  el de Cuba, grabó su nombre para siempre en la vida de los fanáticos del deporte favorito de los venezolanos con esos 15 ininngs de extraordinaria labor.



A partir de este momento comienza a escribirse la historia con este duelo entre los dos Marcelinos, el de Cuba y el de Venezuela. El de Cuba, Marcelino López, era un joven de 19 años que venía haciendo carrera en las granjas del equipo de Grandes Ligas Los Phillips de Filadelfia, dejando buenos números, lo mismo  de abridor que como relevista. 

Siendo todo un veterano a los 23 años, Marcelino Sánchez, el de Venezuela, inscribió su nombre en el libro de grandes hazañas  del béisbol venezolano.

Por su parte el Marcelino de Venezuela, el Sánchez, a los 23 años era considerado un experimentado jugador ya que desde los 17 años comenzó a jugar beisbol profesional con Orientales, en la temporada de 1956-1957. Al momento de este memorable  duelo, Marcelino Sánchez tenía una experiencia acumulada de 6 temporadas, en las que al menos en 3 de ellas terminó con efectividad por  debajo de los 3.00 puntos, histórica cifra de excelencia en pitcheo.

La moderna pizarra eléctrica del parque UCV

La pizarra eléctrica del estadio de la Ciudad Universitaria marcaba cero tras  cero a partir del 5to capítulo sin que ninguno de los 2 Marcelinos diera muestra de dejar el encuentro así como estaba, de hecho se dice, en lo que muy bien pudo ser considerada  como una leyenda urbana, que al finalizar el ininng 11 con la pizarra empatada a 1 el manager del Valencia le habría pedido la pelota a Marcelino Sánchez para dar paso a un lanzador relevista, lo que el criollo habría respondido con un lanzallamas “si él  (Marcelino López) sale para el 12 yo también salgo a pichear”. Leyenda o no lo que sí iba camino a convertirse en una fábula del beisbol venezolano y caribeño era este encuentro entre estos dos Marcelinos al prolongarse la paridad en el pizarrón de Los  Chaguaramos por espacio de 15 ininngs. 

 Sí, leyó bien la  fanaticada que recientemente se incorpora al deporte rey de Venezuela, ¡15 ininngs! Y no solo eso, si no que durante esos 15 ininngs ninguno de los dos lanzadores daría muestras de bajarse del montículo.

Llegaría entonces el cierre del  episodio número 15 con los dos últimos hombres y el primero del line up de La Guaira en el orden al bate. Jesús Mora inicia el capítulo anotándose un infield hit, en una controversial decisión arbitral vehemente protestada por el equipo visitante pero que, como estábamos muy lejos de que existiera el recurso de retar la jugada, se quedaría tal  como fue apreciada. El segundo bateador de la entrada era el propio lanzador Marcelino López que, contrario a lo que ustedes están pensando, consumió su turno al bate obteniendo su pasaporte a primera vía desbol o golpeado por el lanzador su tocayo Marcelino  Sánchez quien aún guapeaba para salir con vida de esta emboscada, víctima también de su propio descontrol y del cansancio. 

Dámaso Blanco, estrella de los tiburones.

Quedaría la mesa servida para que viniera al bate Dámaso Blanco con hombres en primera y segunda sin outs. El tercera base oriundo de Curiepe sacaría un trueno que pasó por encima de la segunda produciendo la carrera de la victoria en las piernas de Angel Mora, quien a toda mecha anotó desde la segunda base dejando tendidos en el terreno a los Industriales del Valencia y dando por finalizado un juego que además de jugarse a 15 entradas consumió un tiempo de 4 horas con 5 minutos. 

“La locura se prendió en el universitario”, comentaba  Delio Amado León.

En el sumario del juego podemos apreciar que a pesar de la gran cantidad  de entradas jugadas, entre los dos equipos apenas se conectaron 15 hits (6 el Valencia y 9 La Guaira).   Por el Valencia solo Teodoro Obregón y Angel Scull duplicaron, mientras que por los Tiburones lo lograron Dámaso Blanco y Jesús Mora. Esto fue muestra del férreo dominio de ambos lanzadores. Apenas entraron al juego dos emergentes y ambos fueron de los litoralenses. Uno de los jugadores más destacados del encuentro fue, sin lugar a  dudas, Dámaso Blanco (¿Quién dijo que Dámaso era un out fácil? Además, el de Curiepe se prendía en las postemporadas) al irse de 7-2, anotó la primera carrera de su equipo y empujó la del gane. En aquel tiempo y hasta no hace mucho se destacaba el jugador que empujaba la carrera ganadora, de modo que tenía méritos para ser considerado entre los más valiosos del maratónico encuentro, incluso el más valioso …. de no haber sido por la permanencia en el morrito de Marcelino López, en una performance para la historia, en la que marcó una minúscula efectividad de 0.60.

Difícilmente, por no hablar de imposibles,  un juego  con iguales características pudiera repetirse en el presente y en el futuro de este deporte porque es que el béisbol ha cambiado tanto que ya es extraño que un lanzador cubra la  ruta completa. Una salida de calidad, en nuestros días, significa que el pitcher trabajó durante 6 entradas y recibió 3 carreras o menos, de modo que en este encuentro entre los dos  Marcelino, en justicia se habrían producido casi 6 salidas de calidad, 3 para cada lanzador. Es que en el béisbol moderno, es decir, el  jugado actualmente, además del pitcher abridor, existen los relevos largos, los relevistas intermedios, los llamados set up (los que lanzan el 8vo ininng y se acreditan un hold si logran mantener la ventaja) y los relevistas de cierre o salvadores de juego. A todos ellos  les pagan un dineral por sus servicios  y tienen que demostrar su valía en el terreno de juego. Eso que ahora llaman la  sabermetría vino a cambiar el beisbol para siempre.

Lo más cercano a un juego como éste fue el duelo de cubanos protagonizado por Luis Tiant, por los Industriales del Valencia y Orlando Peña por los Leones del Caracas el 5 de Febrero de 1964, en lo que fue el séptimo juego de la serie por el campeonato de la temporada 1963-1964, el cual se extendió por 10 ininngs con ambos pitchers lanzando las serpentinas. Para matar la curiosidad de los fanáticos de los eternos rivales,  este juego se definió en el cierre del décimo a favor de Los Gloriosos Leones del Caracas. ¡Ya va…sin parcialismos, por favor! 

Hoy 02 de Diciembre de 2022 se está cumpliendo 60 años de un hito en el beisbol venezolano, el día en que se produjo un show irrepetible … el enfrentamiento entre los Marcelinos.

 “Este juego se fue a la historia” seguramente dijo Marco Antonio de Lacavalerie o “Musiú  Lacavaleri”, voz oficial del circuito de los Tiburones de La Guaira, al finalizar el juego.

¡Pero qué manera de irse a la historia, caballeros!





sábado, 8 de octubre de 2022

Luis Arráez un campeón bate sin objeciones

𝐋𝐮𝐢𝐬 𝐀𝐫𝐫𝐚𝐞𝐳 𝐨𝐛𝐭𝐮𝐯𝐨 𝐞𝐥 𝐜𝐚𝐦𝐩𝐞𝐨𝐧𝐚𝐭𝐨 𝐝𝐞 𝐛𝐚𝐭𝐞𝐨.... ¡𝐬𝐢𝐧 𝐧𝐚𝐝𝐚 𝐝𝐞 𝐪𝐮é 𝐚𝐯𝐞𝐫𝐠𝐨𝐧𝐳𝐚𝐫𝐬𝐞❗ 

 Ahora resulta que hay que explicar muy bien para poder justificar cómo fue que el jugador venezolano Luis Arráez obtuvo el campeonato de bateo de la Liga Americana con "tan bajo promedio". Tiene tanto mérito el título de bateo que acaba de obtener Arráez con un promedio de .316, como el obtenido por Andrés Galarraga de .370. Tampoco hay mayor diferencia con el título obtenido por Jeff McNeil de la Liga Nacional, con .326 de average. Ambos promedios (el de Arráez y el de McNeil) corresponden a poblaciones estadisticamente comparables; lo que tal vez no las sean cuando hablamos de la temporada de 1993 en la que se coronó el Gato Galarraga con ese astronómico promedio, del mismo modo que tampoco se podía comparar con la de 1941, cuando Theodore Samuel Williams, alias Ted Williams, obtuvo el título de bateo con un hasta ahora inalcanzable promedio de .406. Un estadístico probablemente pueda explicar mejor que yo este fenómeno visto a través del paradigma que "reúne, clasifica y recuenta todos los hechos que tienen una determinada característica en común, para poder llegar a conclusiones a partir de los datos numéricos extraídos".

 Lo otro que es importante destacar, ya lo hemos hecho en otras intervenciones, es que la MLB ha hecho lo imposible durante las dos últimas temporadas por beneficiar al pitcheo, muy por encima del bateo. ¡Y miren que lo ha logrado! La de 2022 ha sido la temporada con el más bajo promedio de bateo (.243) en las Grandes Ligas en los últimos años y uno de los 7 más bajo en la historia de las Grandes Ligas. Pero por otra parte la temporada de 2022 es una de las pocas en la última década en que la efectividad promedio de los pitchers baja de 4.00! Este año los pitchers obtuvieron una efectividad de 3.96. Se comprende entonces! ¿Sorprendente? No, eso no tiene nada de sorprendente, ya que como dijimos anteriormente el sistema ligamayorista se ha ocupado de beneficiar el pitcheo. Observen ustedes todo lo que han hecho: las señas secretas se venían dando desde el dogout, pero ahora las señas las tiene el catcher en una computadora en la muñeca de su brazo izquierdo. 

Por otra parte todos los jugadores tienen en sus bolsillos la chuleta que le dice cómo jugarle a cada bateador. El pitcher lo tiene en la gorra. De esta chuleta super confiable, estadisticamente hablando, se creó la "formación especial" la cual es la responsable de robarle una altísima cantidad de hits y de extrabases a los bateadores. Pero por si todo esto fuera poco, ahora resulta que el pitcher tiene un audífono en la gorra a través del cual recibe la indubitable seña que le indica qué lanzarle al bateador.

 Y el colmo... ahora es lícito detener el juego cuando el aparatico se desconfigura y el pitcher no escucha bien lo que le están pidiendo que lance. La MLB, tan celosa para disminuir la duración total del juego, ahora le da todo el tiempo al pitcher ....hasta que regrese la señal, como si se tratase de un relevista que viene a lanzar luego de una eventual lesión del pitcher anterior. Mientras tanto exponen al escarnio público a jugadores y equipos que le roban artesanalmente la señas al catcher, como si aquello fuera un delito de lessa humanidad. De modo que bajo estas condiciones ampliamente ventajosas para los pitchers es de un enorme mérito obtener un campeonato de bateo con el promedio que sea, porque pegarle duro a esa pelotica cuando el pitcher, catcher y jugadores te tienen totalmente escaneado no debe ser tan fácil como pelar mandarinas. 

 Así que tan destacado es este campeonato de bateo del criollo Arráez como lo fue el obtenido por el temible Tony Gwynn en 1988 al promediar para 313, y con el exhibido por el incomparable Carl Yastrzemski en 1968 cuando ganó el champion con un promedio de .301. Ambos jugadores, que batearon para promedios inferiores a los del criollo, hoy descansan felices en el Salón de la Fama de Copperstown! 

 ¿Qué es? ¡Dejen quieto a ese muchacho!

domingo, 4 de septiembre de 2022

Nostalgia sesentera o "Se solicita muchacha de buena presencia ........."

Todo parece indicar que el estado nostálgico del venezolano no hace más que incrementarse con el paso de los años. Los sitios para derramar la nostalgia se incrementan cada día en las redes sociales, las que parecen redundar en aquello de que todo tiempo pasado fue mejor. Pareciera que haber vivido la juventud durante los años 60 y 70 otorga cierta libertad para juzgar sin censura el momento actual del siglo XXI que vivimos, de modo que detractores y detractoras de la juventud de 2022 es lo que más abunda en los medios electrónicos de comunicación.

Al comentario de "estas sí eran damas, no como las de ahora", las  RRSS entran en ebullición

Las abuelas contemporáneas, aquellas que se emanciparon en el 60/70,  con frecuencia se quejan cada vez que ven una foto de su época y en vez de disfrutar la nostalgia por el buen tiempo vivido, lo que hacen es incriminar el presente con expresiones tales como “esas sí eran damas que se daban a respetar; no como ahora que andan enseñándolo todo”. O cuando los abuelos exhalan un “estas muchachas de hoy lo que se la pasan es guindadas de los hombres … unos bichos feísimos … no como en mis tiempos que para tú verles algo a las mujeres tenías que ser un buen buzo”.

Bellas damas de los 60 engalanaban las calles de
Venezuela cuando ya era hora de subir el ruedo a los vestidos
Así que la discusión se pone buena en las redes sociales cada vez que alguien en un arranque de melancolía, lejos de rememorar con simpatía los años vividos, le da por establecer símiles ¿o disímiles? con el momento contemporáneo que de abuelos y abuelas les ha tocado vivir, no dejando muy bien parada a la juventud de esta década de 2020. Lo bueno del asunto es que aquí en las RRSS nadie se queda callado y, al contrario, a cualquiera se le sale su Otro yo del Dr. Merengue para defender con vehemencia cualquiera que sea su  posición. 



Pavos de los '60 ataviados al último grito de
la moda
No hay que olvidar que las abuelas y abuelos que hoy juzgan a la generación silicona o reguetonera, como eufemísticamente son llamados, vienen de una juventud vivida en los años 60s y 70s en los que se disfrutaron muchos eventos maravillosos; pero también existían, lógicamente, las mismas u otras cosillas que critican a la juventud actual.

De modo que ni tan calvo ni con dos pelucas, exclaman los  defensores de aquella modernidad que vivió a plenitud los 60s y 70s pero que no se dejaron enceguecer con el neón de la época. Esas décadas tuvieron unos muy marcados referentes en muchos acontecimientos, que si bien no todos los abuelos y abuelas de la tercera década de 2000 las disfrutaron, no menos cierto es que fueron muchos los que se dieron con furia viviendo a plenitud cada snob que surgía a la luz de tan movidos años.

Para nadie es un secreto, dicen los anti brecha generacional, que quienes vivieron su juventud durante los 60s son los hijos del Festival de Woodstock, aquel en el que se proclamó tres días de paz y amor, pero también fueron días de sexo y drogas, aunque esto haya que escribirlo en letras pequeñas en honor al legado cultural que heredamos de esos escasos 3 días. Para el momento los hoy abuelos veían eso como algo normal. La película del Festival se viralizó mundialmente en aquellos tiempos haciéndonos disfrutar con todo frenesí en aquella Venezuela sesentera.

Tres días de música, paz, amor, sexo y drogas comenzaron el 15 de Agosto de 1969 con el Festival de Woodstock

Toda esa turbulencia, argumentan, pegó con fuerza en todos los países de la América Latina cuyos jóvenes veían incrementar su nivel de testosterona por la facilidad que brindaba el momento protestatario que se vivía y que proclamaba a los cuatro vientos la consigna del amor libre como forma de liberación ante la represión de la sociedad, con lo que se asumía   un incremento desconsiderado de las fuerzas productivas del afecto de la hembra y del varón.

El amor libre, entonces, no era más que una forma de vivir el amor sin ataduras y alejados de los preceptos sociales que limitaban la manifestación del cariño entre los amantes. Esa fue una proclama de los años sesenta que los abuelos y abuelas de hoy vivieron y que ven con asombro inusitado la exhibición de silicona en los pechos y glúteos  de nuestras mujeres, mujeres que hoy son sus nietas y hasta bisnietas. Por cierto en un Miss Venezuela el animador del programa le preguntó a una candidata qué opinaba  del amor libre. Como se trataba de un preguntaba que podía decir mucho de la candidata y hasta decidir el destino final de la concursante, ésta respondió con una evasiva que aún en nuestros días muchos abuelos comentan: “¿el amor libre? Bueno, a mi ese tema me es inclusive” (subrayado nuestro). Dicho esto, hasta el jurado quedó raspado con tan  inesperada e inocua respuesta!

Por otra parte, atizan la discusión quienes simpatizan por lo actual pero que vivieron aquellos hermosos años, con el boom de las discotecas en los 60s y 70s se conoció una nueva forma de relacionamiento entre los sexos opuestos ya que estos centros de entretenimiento rápidamente devinieron en lugares donde expresar libremente el amor, amparado en la obscuridad del lugar, argumentan los defensores del quiebre de las brechas generacionales, como manera de coexistir pacíficamente el pasado y el presente.

Uno llegaba a la discoteca, dicen ellos, y era recibido por un mesonero quien con linterna en mano se iba abriendo paso entre el humo de los cigarrillos y de otras hierbas aromáticas hasta llegar a la mesa que tenía asignada la pareja o el grupo de amigos. Una vez allí el mesonero tomaba el pedido, lo traía y desaparecía del lugar dejando al grupo a su libre albedrío. Antes de perderse en la espesa neblina, el mesonero indicaba con una suerte de linterna laser, dónde estaba la pista de baile y dónde quedaba el baño; no obstante más de una pareja se perdía cuando venían de regreso de la pista yendo a parar a camas, perdón, mesas de otros; mientras algunos de regreso del baño ocupaban otros espacios incluso hasta que sonaba el Alma Llanera. También se adoptaba la regla de los 20 segundos que consistía en que quien fuera a fumar contara 20 segundos antes de encender el fosforo o yeskero para así evitar dejar al descubierto a parejas que tempranamente habían superado el round de estudio y ya estaban en la pelea en el in fight. ¿Quiénes estaban en esas discotecas? Pues, nuestros abuelos y abuelas! ¡Los asombrados de hoy, pues!

Los más jovencitos, mientras tanto, iban agarrando experiencia en sus casas para cuando les tocara debutar con su cédula de identidad laminada que marcaba los 18 años de edad. En las tardes de los viernes se producían grandes matinees discotequéricos donde se cerraban  puertas y ventanas y se aseguraban contra los rayos del Sol y luz eléctrica y a la voz de un How can you mend a broken heart o mejor de un Down by the river que duraba 15 minutos, salían en busca de un hombro donde descansar sus cabezas, con movimientos lentos pero de bastante aproximación física inferior…. Y también superior. Tanto acercamiento físico devenía en grandes frustraciones para los hoy abuelos, lo que al final se traducía en el síndrome de las Blue Balls, responsable de grandes dolores en una parte muy sensible de sus anatomías.

Ah pero ya va, dicen los defensores de la igualdad generacional, no obstante lo hasta arriba expresado, este referente criollo se queda en pañales de tela al lado de lo que sucedía en el 273 West 54th Street de la ciudad de Nueva York, sitio en el que se levantó por allá por 1977 una discoteca que sería la envidia de todos los establecimientos de su clase. Se trataba de la archi famosa discoteca Studio 54, lugar en el que concentraba lo más granado de la farándula mundial y al que no podía asistir cualquiera que se lo propusiera, contándose incluso quienes murieron en el intento, como fue el caso de un hombre que trató de colearse metiéndose por los ductos del aire acondicionado, quedando aprisionado entre los hierros. Su cuerpo sería descubierto 3 días después cuando ya el olor era insoportable.


Afuera, el gentío buscando entrar. Adentro
Michael Jackson y Elton Jhon compartiendo
Studio 54 durante casi 3 años fue un sitio de desenfreno total. Los habitués entre los que se cuentan, Calvin Klein, Bianca  y Mike Jagger, Andy Warhol, Halston, Cher, Carolina Herrera, Michael Jackson, Jack Nicholson, Liza Minnelli, Elizabeth Taylor, Jerry Hall, , Elton John, Bette Davis, Donna Summer, Al Pacino,  Woody Allen, Frank Sinatra, Brooke Shields, Salvador Dalí, etc., gozaban de todas facilidades que su fama les generaba. Sus cumpleaños eran celebrados fastuosamente en este local, en cuya decoración los dueños llegaban a invertir hasta 100 mil dólares. Para ellos había regalitos o presentes de parte de los dueños de Studio 54 constituídos por bolsitas decoradas en cuyo interior estaba la cocaína más pura del momento. En el ambiente se le conocía como premium cocaine En este inmenso local, de 2500 mts2,  también existían salones diseñados especialmente compartir experiencias sexuales. Uno de ellos, el Rubber  Room, estaba acondicionado especialmente para albergar una gran cantidad de parejas al mismo tiempo, diseñándose para ello un tipo de muebles en goma que facilitaba su limpieza rápida y efectiva; de allí el nombre Rubber Room. En otros salones se hacían competencias sexuales y en un palco se podía tener relaciones a la vista de todos. ¡Todo por el mismo precio!

Una pareja del jet set calienta en el Rubber room
Además de la  premium cocaine, otra droga, esta vez de efecto euforizante,  y que al apenas probarla la gente entraba en una de socialización inmediata era también distribuida entre los asistentes frecuentes a Studio 54. Se trataba de popper una droga que por su efecto empoderador era muy popular en este establecimiento al punto que, se dice, frecuentemente el ambiente era rociado con popper para crear sin mayores complicaciones un ambiente de euforia colectiva. ¡Para romper el hielo rápido, o sea!

La muerte de este antro con clase ocurrió una vez que fue allanado por autoridades del estado de Nueva York, descubriéndose en sus sótanos y techos bolsas de dinero que no eran declarados. En el hallazgo se conseguirían fajos de billetes  hasta  600 mil dólares, así como unas 300 pastillas de metacualona (medicamento sedante hipnótico, conocido popularmente también en Caracas como Quaalude) y cocaína en grandes cantidades, decretándose con esta acción judicial el cierre de la non plus ultra discoteca.

Mientras tanto las hostilidades continúan en las redes. Cada quien saca un recuerdo que le aflora de ese par de décadas y que les sirve para confrontar a quienes entrompan contra la juventud de hoy día como argumento que les permita reivindicar lo actual sobre lo antiguo. 

Bajo el lema "El sexo vende asientos" las líneas aéreas comenzaron a subir el ruedo a los vestidos
de las aeromozas.

En este sentido hay quienes se recuerdan de la canción de Rocío Durcal y Palito Ortega del año 1967 “Amor en el aire”, no tanto como evocación de la canción misma sino como remembranza de que en aquella época las líneas aéreas se emanciparon por la calle del medio del pudor del momento y se lanzaron a la caza de pasajeros para sus vuelos, usando como gancho la sexualidad de las azafatas, quienes fueron vestidas con diminutos vestidos y shores en una develada insinuación a la facticidad de un encuentro de tercer tipo. 

Azafatas en shores calientes
Estos encuentros serían propiciados y eventualmente materializados por algunas líneas aéreas que los contemplaban entre sus atractivos paquetes o como lo llaman ahora, combos. De allí que se haya popularizado por la línea aérea Southwest Airlines la estrategia de marketing  según el cual “el sexo vende asientos”. ¡Qué ignorantes seríamos si no fuera por estas redes!

 Concluyen quienes presentan evidencias que no todo fue color de rosa hace 50 o más años, preguntándose: ¿Y qué me dicen del cándido Juego de la Botella? Ahh? En la década del 60 y del 70 el aparentemente ingenuo juego de la botella, que originalmente era jugado por adolescentes desprovistos de malicia, fue ganando espacios hasta convertirse en una diversión (¿?) de adultos universitarios y de grupos de  mayores en general. Aquel juego de besitos en la mejilla poco a poco con el tiempo fue subiendo de temperatura obligando a los jugadores a despojarse de sus calurosas prendas de vestir hasta quedar, la mayoría, completamente en cueros, comenzando una verdadera ……¡Supervivencia al desnudo! Por cierto después de tantos años vuelve a ponerse de moda el pre nombrado juego, solo que ahora ha sido llevado a las tablas a través de obras de teatro, vodevil por supuesto, protagonizado  por artistas de renombre, como  Roxana Díaz y quien, según dicen los entendidos, tiene suficiente marco teórico en este juego, El Juego de la Botellita. Bueno, la verdad es que en tiempos de refritos cualquier estrategia de sobrevivencia es válida!

Mejor nos salimos un rato de las redes sociales, redes que tienen enredado a medio mundo, mientras continúa la diatriba acerca de cuál época fue mejor entre la de los años 60-70 y la actual, con la ironía de que quienes   piden respeto por la actual es la de aquellos y aquellas, abuelos y abuelas de hoy,  que  se beneficiaron de todas las transformaciones que hubo en el relacionamiento de los seres humanos, con especial mención al Movimiento para la Liberación de las Mujeres en búsqueda de igualdad con el sexo fuerte. ¡Claro, si se hablaba de un sexo débil, lo demás se desprende por añadidura!

También hay que acotar que quienes agreden a esta juventud llamada despreciativamente de silicona, contradictoriamente son los mismos que vivieron con fruición la era de la Liberación sexual y el ataque desmedido de la imposición del modelo de belleza occidental caracterizado por la exigencia de proporciones corporales para la adopción del paradigma de belleza. Tal vez sea por eso, ahora entiendo yo, que durante esas dos décadas de oro en los avisos clasificados y en otros anuncios de oferta de empleo, se demandaban requisiciones de personal con la inscripción de “se solicita muchacha de buena presencia ….

Propongo para finalizar que lo dejamos hasta aquí, porque estas redes han logrado enmarañar la discusión  y hasta yo que comencé como un oficiante de buena voluntad en  todo este asunto resulta que de defender una igualdad relativa generacional, ahora con los indestructibles ejemplos presentados por los accionantes he sido persuadido  por la creencia de nuestros abuelos, otros un poco más viejos y ya desaparecidos, al concluir en que todo tiempo pasado fue mejor … si y solo si se trata de los años 60 y 70 … o sea.

Héctor …. Héctor  …. y motorizado con moto propia”

 

viernes, 5 de noviembre de 2021

Caracas: las leyendas urbanas cuelgan de cables eléctricos

 𝐂𝐚𝐫𝐚𝐜𝐚𝐬: 𝐥𝐚𝐬 𝐥𝐞𝐲𝐞𝐧𝐝𝐚𝐬 𝐮𝐫𝐛𝐚𝐧𝐚𝐬 𝐜𝐮𝐞𝐥𝐠𝐚𝐧  𝐝𝐞 𝐜𝐚𝐛𝐥𝐞𝐬 𝐞𝐥𝐞é𝐜𝐭𝐫𝐢𝐜𝐨𝐬

Conforme a la creencia colectiva de que las leyendas urbanas son propias de países subdesarrollados, la realidad confirma lo contrario porque lo mismo en Caracas que en Ciudad de México, Buenos Aires, Nueva York, Madrid y Armsterdan la mitología urbana se pasea por las calles sin distingos de clases sociales ni de países con los más elevados PIB. En todos ellos las leyendas urbanas prosperan como en los pueblos nuestros en que la ruralidad y falta de luz eléctrica dio pie al nacimiento de la 𝐿𝑒𝑦𝑒𝑛𝑑𝑎 𝑑𝑒𝑙 𝐻𝑜𝑟𝑐𝑜́𝑛, 𝑜 𝑙𝑎 𝐿𝑒𝑦𝑒𝑛𝑑𝑎 𝑑𝑒𝑙 𝑆𝑖𝑙𝑏𝑜́𝑛, 𝑜 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑆𝑎𝑦𝑜𝑛𝑎. Por cierto en la misma meca de la modernidad occidental nacieron leyendas relacionadas con el Baseball, como la 𝑳𝒆𝒚𝒆𝒏𝒅𝒂 𝒅𝒆𝒍 𝑩𝒂𝒎𝒃𝒊𝒏𝒐, 𝒐 𝒍𝒂 𝑴𝒂𝒍𝒅𝒊𝒄𝒊𝒐́𝒏 𝒅𝒆 𝒍𝒂 𝒄𝒂𝒃𝒓𝒂 𝒐 𝒍𝒂 𝑴𝒂𝒍𝒅𝒊𝒄𝒊𝒐́𝒏 𝒅𝒆 𝒍𝒐𝒔 𝑴𝒆𝒅𝒊𝒂𝒔 𝑵𝒆𝒈𝒓𝒂𝒔 o esta otra que está calientica, de esta última post temporada de béisbol y que los periodistas deportivos parecieron ponerse de acuerdo en llamar  𝙇𝙖 𝙈𝙖𝙡𝙙𝙞𝙘𝙞𝙤́𝙣 𝙙𝙚 𝙅𝙤𝙚𝙮 𝘾𝙤𝙧𝙖, manager de los Medias Rojas de Boston que le prohibió a su pitcher caer en la tentación del  𝙥𝙚𝙧𝙧𝙚𝙤, comenzando a partir de ese momento el declive de los de Boston. Todas estas supersticiones son made in USA, por cierto; no en Santa María de Ipire, ni en Caracas.


En este sentido, desde hace mucho tiempo los cables eléctricos tendidos entre poste y poste en nuestras calles y avenidas han servido, además de enviar  la electricidad a casas y comercios, de tendedero de zapatos desechados por sus dueños, en su mayoría jóvenes, quienes por una u otra razón, han preferido verlos guindando de los cables que darle cristiana sepultura en las compactadoras del aseo urbano. Esto que parecía un deporte amateur ha devenido con el correr del tiempo en media de docena de leyendas urbanas las cuales han tratado de explicar el enigmático origen de la tradicional costumbre juvenil, incluso de ella ha surgido un  nombre para identificarla y hasta patentarla. A esta mixtura entre arte y misterio lo han llamado ❞𝒔𝒉𝒐𝒆𝒇𝒊𝒕𝒊❞. ❞𝑺𝒉𝒐𝒆❞ por los zapatos y ❞𝙛𝙞𝙩𝙞❞ por graffiti. O sea que es una forma de hacer graffiti con los zapatos!

Pero este arte callejero aparentemente inocuo se le asume, de acuerdo a la leyendas conocidas, algunas  venidas de afuera, un origen gansteril o delincuencial al relacionarlo con acciones de pandilleros y mal vivientes que utilizan este artilugio para enviar algunos mensajes. Así, la leyenda recién construída narra que vendedores de drogas guindan los tenis muy cerca del sitio de expendio para avisarle a los usuarios que por ahí pueden conseguir su poción de yerba o algún otro alucinógeno de su predilección. Lo extraño del caso es que, popularizada la leyenda, los cuerpos policiales también deben enterarse de la contraseña. Esta leyenda ha dado lugar a que en el propio Nueva York y muy cerca de la meca del mundo financiero por antonomasia, Wall Street, se promuevan tours hacia los sitios donde hormiguean los principales 𝙨𝙝𝙤𝙚𝙛𝙞𝙩𝙚𝙧𝙤𝙨 del olimpo del modernismo. ¡Y pagan por dar ese paseo!  Por allá también de que vuelan vuelan!

Otra de las leyendas sugiere también que esa es una forma como los pandilleros marcan su territorio, del mismo modo en que hienas, leones y tigres demarcan el suyo meando en los árboles para anunciar la inviolabilidad de esa tierra que se está pisando; es una forma de decir PROPIEDAD PRIVADA, NO PASE.

También se habla de que esta leyenda nació de las costumbres de los malandros quienes cuando atracaban a algún desprevenido transeúnte, le quitaban los zapatos y los lanzaban a los cables de la electricidad para ser exhibidos como trofeos, no se quedaban con ellos, con los zapatos, aunque en el medio venezolano esta explicación no es muy convincente, más si se tratara de un par de zapatos de los que usa 𝙉𝙖𝙘𝙝𝙤 𝙡𝙖 𝙘𝙧𝙞𝙖𝙩𝙪𝙧𝙖, los cuales rondan los 1500 dólares. A confesión de parte …..!

Del mismo modo en México se habla que cuando alguien muere sus mejores zapatos son arrojados a los cables eléctricos para que ya estén más cerca del cielo, de modo que cuando el finado emprenda el viaje definitivo pueda ponérselos y seguir el largo trayecto de una manera más cómoda. O más 𝑛𝑖𝑘𝑒!

 Así como éstas hay unas cuantas historias, cuentos o anécdotas que en realidad no llegan a convertirse en leyendas por lo inverosímil de sus explicaciones, porque para que algo se convierta en verdadera leyenda debería estar bien imbricada en el sistema de creencias  de la población, de lo contrario no pasará de ser un entretenido cuento de camino, o más bien de autopista y rascacielos.

Ahora bien en mis más de 50 años siendo parte de esta tradición jamás se me habría ocurrido suponer ninguna de esas explicaciones, ya que en mi experiencia propia lo vi y lo viví como un acto de irresponsabilidad ciudadana, de cambio de época y de cambio de la conciencia. 

Henry, un amigo de la esquina de Luneta, en Altagracia, lanzó sus viejos zapatos a las cuerdas de electricidad luego de trabajar todo el mes de Diciembre para renovar aquellos a  los que le había dado 𝑗𝑢𝑙𝑒𝑝𝑒   durante dos años. Subió a la azotea de su pequeño edificio, se levantó en americano y  el par de viejos zapatos  se enredaron y quedaron pendiendo por el resto de sus vidas. Recuerdo también a Plaja, un poco más arriba, en la esquina de Caja de Agua, quien se despojó de sus tenis y los lanzó al cableado porque al día siguiente comenzaba en la universidad. Por supuesto ya los zapatos coincidencialmente no daban para más. Por último recuerdo perfectamente la mañana  en que Gabriel, un amigo de la pata de la esquina de Santa Bárbara, allí cerquita del La Salle de Tienda Honda, en la misma parroquia Altagracia, se deshizo de sus acostumbradas botas 𝘧𝘳𝘢𝘻𝘻𝘢𝘯𝘪. Esa noche al parecer tuvo una revelación que cambiaría el curso de su historia porque al otro día, bajo la explicación de que había comprendido que esas botas eran símbolo de la dominación y  del neocolonialismo,  las aventó lo más alto que pudo quedando ambas colgadas en lo más alto del tendido eléctrico, comenzando una nueva vida para Gabriel …. y también para las botas!

Finalmente, en lo personal nunca fui presa de esas veleidades por una razón muy simple y es por que mis zapatos eran para toda la vida. Si hubiese estado de moda la película 𝗗𝘂𝗿𝗼 𝗱𝗲 𝗺𝗮𝘁𝗮𝗿, sin ninguna duda esa debió estar dedicada a mis zapatos. Mis zapatos eran eternos. Ellos agarraban cartones para paliar sus huecos, luego pasaban a media suela y luego a suela corrida en un ciclo de interminable duración. Cuando llegaba al fin su ciclo de vida no los botaba, si no que los guardaba para los 𝑝𝑜𝑟𝑠𝑖𝑎𝑐𝑎𝑠𝑜𝑠 que siempre se presentaban. La vez que ya siendo un hombre de grandes responsabilidades tuve un superávit de zapatos los doné en una  festividad de  Quema de Judas en una Semana Santa, con tan buena suerte que ese judas no llegó a morir y mis zapatos tampoco,  volviendo a la vida nuevamente en una 𝑎𝑝𝑟𝑒𝑡𝑎𝑧𝑜́𝑛 económica que tuve en esos días. En esos días y en otros también!

Lo que sí me pasó por la mente en más de una oportunidad fue en hacer un mercado de zapatos en el tendido eléctrico que pasaba frente a mi casa y que se extendía hasta San José del Ávila, bajo la modalidad utilizada por los buhoneros de El Silencio, quienes a la orden del 𝒑𝒖𝒚𝒂𝒎𝒆𝒔𝒆 procedían a bajar el flux de la escogencia del cliente, de modo que más de una vez me vi tentado en ponerme un par de zapatos 𝙥𝙪𝙮𝙖𝙤𝙨 , pero fui persuadido por mis amigos, no por el temor a bajarle un par de zapatos a los malandros de las leyendas que les he contado, sino por miedo a morir electrocutado, dado que la tradición oral del momento decía que los zapatos se habrían convertido en anguilas.

 Así que no le vengan con leyendas al que sabe historia … historia viva e historia vívida o vivida… o sea.

domingo, 24 de octubre de 2021

La inscripción en el Pedagógico: un evento de naturaleza olímpica

Crónica conmemorativa del L Aniversario del Pedagógico de Maturín

Héctor Acosta Martínez

Cuando uno llega a un nuevo sitio, lo mejor que puede hacer es asimilarse rápidamente a los usos y costumbres del lugar, un poco para no sufrir por los efectos de la inadaptación y bueno, tratar de encajar de una vez  en el ambiente.

Eso fue lo que, posiblemente, contribuyera a mi temprana inserción en  la cultura maturinesa de principios de los años 70s, cuando  ingresé a mi Glorioso Pedagógico de Maturín.

Una de esas particularidades que me llamaron poderosa y asombrosamente la atención fue la manera tan autóctona, endógena tal vez, como  en ese tiempo se inscribían las asignaturas antes del inicio de cada semestre.

Resulta que existía un sistema, bueno más que sistema era un mecanismo, el cual consistía en que cada profesor tenía un número determinado de tarjetas de las asignaturas que facilitaba, incluso entre profesores que facilitaban la misma asignatura, las cuales se diferenciaban por el número de la sección que le tocaba a cada profesor.   Entonces si usted quería inscribir una materia con un determinado profesor, usted se dirigía al sitio en donde se estaban repartiendo las tarjetas de ese profesor. Generalmente era el mismo docente quien las entregaba. El profesor le hacía entrega, entonces, de una tarjeta que venía identificada con el Nombre de la asignatura, el número de la sección y las unidades de crédito (UC) que tenía. Los demás datos los colocaba el estudiante de su puño y letra.  Y uno, el estudiante, tenía que retirar las tarjetas tan rápido como pudiera porque existía el riesgo de que se acabaran y bueno, se cerraba esa sección y usted tenía que agarrar la materia con el que quedara, que, muy seguramente, no era de su total agrado. El de usted!


Tarjeta de inscripción en el IUPEM de un estudiante que, seguramente, sudó para obtenerla

El problema se presentaba cuando usted tenía que inscribir 7 materias y cada materia de cada profesor se entregaba en un sitio distinto, separado por cierta distancia dentro de la geografía iupemista. Entonces usted tenía que estar en buena forma para pegar carreras de un sitio a otro tratando de llegar antes que los otros 35 o 40 estudiantes. Aquello se convertía en un torneo atlético en el que   quienes disponían de mejor estado físico obtenían las tarjetas deseadas, con sus profesores favoritos, seguramente. Pero aquellos que tenían algún hándicap, bien por el exceso de peso o  por alguna discapacidad física, terminaban inscribiendo lo que quedara. El propio darwinismo iupemista, pues! Y esto no tiene nada que ver con Darwin, el hermano profesor de Educación Física.

También ocurría que algún amigo, que  quería extender sus vacaciones en su sitio de origen, le pidiera el favor  que le recogiera las tarjetas; entonces la carrera era doble, más aún si no era de su misma Especialidad.

Así las cosas, en una oportunidad le recogí las tarjetas a mi amigo margariteño Loyo (Eulogio), quien estudiaba en la Especialidad de Inglés. Esto por supuesto lo hice luego de colectar todas mis tarjetas (Historia). Luego me fui para los lados de Inglés, que era el mismo bululú,  solo que cuando llegué la presión había bajado y ya los profesores heavy weight habían sido seleccionados. Cuando, a su regreso de su lar insular, le entregué sus tarjetas,  Loyo se me quedó viendo y con aires de resignación me dijo “coño, cupaño, lo que me metiste fue el chere chere”. Bueno, Loyo, después de la ribazón lo que queda es el chere chere! Este diálogo se entendía perfectamente en todo el Oriente venezolano!


Prof. Eddy Córdova, referente e impulsor de la moda afro.

Esta selección de profesores a través del precitado  mecanismo se transformaba en un de sociograma  porque dependiendo de sus resultados algunos profesores eran mayoritariamente seleccionados al gozar de las preferencias de las masas estudiantiles. De este modo, algunos muchachos como Eddy Córdova, Pedro Márquez (Pitongo), Carlos López, Eugenio Lárez,  el Pájaro Bruzual, Hernán Pineda, Saúl Rivera, Manuel Moreno y algunos otros, quienes eran chicos recién graduados y disfrutaban la ocasión de ser  los últimos modelos de la época, corrían con la suerte de que sus secciones se cerraban casi  al abrirse. Eran caballos ganadores en este hipódromo de tarjetas, o sea!

El suscrito en los melenudos años iupemistas.

Hubo casos  en los  que el número de estudiantes superaba con creces el total de tarjetas disponibles (¡no hay cama pa’ tanta gente!), lo que les causó pánico a un par de profesores que viendo la avalancha de estudiantes que se les encimaba decidieron  salir al pasillo y lanzar las tarjetas al aire, de modo que quienes las obtuvieran producto del rebuleo que inmediatamente se formaría, serían los felices cursantes de esas asignaturas, no sin antes perder un US Keds, un zarcillo  o una pulsera, bajo aquel método que más bien parecía una  piñata en fiesta de recién nacido.

Prof. Simón Bejarano: excelencia y exigencia pedagógica.
Había, recuerdo, otras dos formas sencillas de elegir. Los estudiantes interesados siempre querían inscribir las asignaturas con los mejores profesores, quienes, casualmente, eran los más exigentes. Mientras que aquellos flojones  buscaban los profesores menos exigentes, es decir, a los que se parecían a ellos.  Conforme a esto también me ocurrió que una vez le hice la inscripción  a una amiga de la Especialidad de Geografía y cuando detalló las materias y sus profesores, con los ojos desorbitados me dijo “coño ‘e la madre, pelúo,  me metiste Geografía con el negro Bejarano, ese negro es un demonio. Ni siquiera pudiste meterla con Ardinelia o con la misma Panchita. Este va a ser el peor semestre de mi vida, melena”.

Las maturinesas, de naturaleza afables y  bien presentadas, bien discretas en el andar y calzadas siempre de primera, en tiempos de inscripción sufrían tal metamorfosis que al propio Kafka hubiera sorprendido. Era impresionante ver a aquellas lindas féminas que en las tardes llegaban ataviadas de vestidos y tacones a sus clases, transformadas en atletas olímpicas que ya la misma Yulimar Rojas hubiera envidiado. Vestidas de monos, guachicones en los pies y pañoletas en la cabeza llegaban dispuestas a batir todos los records de velocidad, salto largo, salto con obstáculos; desde Tipuro al Sector E; del sector E al sector A; del sector A a las canchas; de las canchas al sector B y de aquí de vuelta a Tipuro. Algunas de mis amigas como Martina, Gisela, Laurita, Yamila (la eterna Reina de El Corozo), la flaca Ingrid Meneses, Maggloris Arredondo, la flaca Eunice Barreto, la gorda Dinorah y hasta la muy distinguida Nora Natera, de suyo elegantes y de pausado transitar,  participaban sin pudor en ese inclemente maratón. Allí se perdía el decoro, el glamour y el donaire. Ni los indios tarahumaras (indígenas del Alto México, que corrían para todos lados sin ninguna motivación especial) les hubieran visto luz.

Los varones también sufrían los embates del malhadado mecanismo de inscripción. Igual se les veía corriendo por todos los pasillos del Pedagógico,  llevándose por el medio al que se le atravesara. Los mejores dotados, por supuesto, llevaban la delantera. Otros, que eran los mayorcitos de la partida, como Andarcia, Américo Rondón, Laverde, Chichí Avila y Zaracual tenían mañas y de alguna manera se las ingeniaban para inscribir sus materias. Mientras  estaban algunos que, como el gordo Ortíz, tenían su mayor hándicap en el peso, lo que los obligaba a inscribir lo que dejaran, porque siempre llegaban detrás de la ambulancia, cuando no dentro de ésta.  Una vez,  jadeante y todo descompuesto, con la camisa rasgada y enseñando lo que en Oriente llaman el maruto, escuché cuando le decía a una amiga “ay no, mijita, yo no voy a seguir en esta gueboná; mi mamá me mandó para acá a hacer una carrera, no que viniera a vivir en una sola carrera”. Sería ésta la primera vez que escuchaba esta expresión que más adelante se convertiría en un chiste nacional. Para mí fue inventado en mi Glorioso Pedagógico de Maturín.

En la tarde, ya todos cansados se concentraban en la Plaza Central y allí contaban las peripecias del agotador día y en ese mismo espacio comenzaba una transacción de tarjetas, como si se tratara de un intercambio de cuentos como los que ocurrían todas las noches a la entrada del cine Plaza de Ciudad Bolívar. Uno podía escuchar transacciones  como:

“Cambio una Historia de América con el flaco Silva por una con Etanys Mendoza”.

“Cambio un Inglés II con Maikí por uno con Raquel Gardié”.

“Cambio una Geografía con el negro Bejarano por una con la negra Borromé, o con cualquiera otra”.

“Cambio una Historia de la Civilización con Oscar Velásquez por una con Chuberto”.

Pasado el amargo trago de la inscripción poco a poco se volvería a recobrar  la normalidad, siempre con la cordialidad y el ingenio del oriental quien a todo le encontraba una salida graciosa con la cual olvidar los sinsabores de la vida de estudiante de escasos recursos, como eramos casi todos los del IUPEM.

A medio siglo de su fundación mi Glorioso Pedagógico de Maturín no ha dejado de ponerme a dar carrera; esta vez con la elaboración de esta crónica que, como todo buen estudiante, la dejé para última hora a pesar de tener más un año para realizarla y no obstante el látigo del buen editor que es Edmundo Zapata, quien con cierta frecuencia me la recordaba.

¡Qué viva el Pedagógico de Maturín en su L Aniversario! ¡Qué viva!

 


viernes, 1 de octubre de 2021

Había 8 negras entre las Medias Blancas

                                                       ¿O todas eran  negras?

Mal comenzaron las cosas para los Medias Blancas de Chicago, equipo de beisbol de las Grandes Ligas, cuando su pitcher estrella,  Eddie Cicotte, golpeó al primer bateador que enfrentó en el primer juego de la Serie Mundial de 1919. No se vaciaron los dogouts, ni hubo intentos de trifulcas entre los jugadores, pero ese desbol (anglicismo derivado de la palabra inglesa dead ball o bola muerta)  hizo que de inmediato se dispararan las apuestas a favor del más débil en esta Serie, que era el equipo de  Rojos de Cincinnati.

Los Medias Blancas de Chicago formaba en esa época un verdadero trabuco, con un equipo de grandes estrellas entre quienes figuraban el estelar lanzador Eddie Cicotte, el outfielder  “Shoeless” Joe  Jackson,  Eddi Collins,  Dicki Kerr y unos cuantos más.

En esas primeras 2 décadas del siglo XX, los Medias Blancas acumularon 6 Campeonatos de la Liga Americana, la Serie Mundial de 1917;  dicen los entendidos que si no es por que se les atravesó la 1era Guerra Mundial en 1918 y hubo de ser suspendida esa temporada, también se hubieran embolsillado la Serie Mundial de ese año y al llegar a la Serie Mundial de 1919, último año de la llamada Dead Ball Era (Época de la Bola Muerta) lucían como amplios favoritos de las apuestas para hacerse de esa Serie Mundial; apuestas que aunque eran ilegales, no obstante servían para apreciar el grado de favoritismo de los equipos.

Ah pero ese equipo de los White Sox no vivía en un lecho de rosas. Al contrario existían demasiadas diferencias, algunas irreconciliables, entre los jugadores y entre los jugadores y el dueño del equipo, el señor Charles Comiskey (ah por eso el nombre del estadio de los Medias Blancas). Una de esas diferencias era la preferencia que tenía el big boss por los peloteros educados. Estos, que hoy en día llamarían Nerds ganaban más dinero que aquellos analfabetas, hechos a sangre y fuego. El jugador mejor pagado de la franquicia ganaba 14500 dólares por temporada, mientras que los demás tenían salarios entre 3 mil y 6000 dólares por año, cifras éstas risibles comparadas con las de los demás equipos.

 Charles Comiskey, el tacaño.
Del mismo modo se cuenta que en 1917, año en que ganaron la Serie Mundial, los peloteros tuvieron que hacer una huelga porque el mandamás del equipo se negaba a pagar el lavado de sus blancos uniformes de lana. Esto produjo que los uniformes lucieran cada vez más sucios . El Sr. Comiskey quería que cada jugador pagara el lavado de su propio uniforme. Al final mister Charlie accedió a pagar la lavada….pero se salió con las suyas al descontarlo del sueldo de los jugadores. En alguna parte de la literatura se afirma que este impasse dio origen al nombre de Medias Negras, por el estado de suciedad en la estuvieron sus uniformes durante un tiempo.

El dueño del equipo lejos de mantener al equipo unido y cohesionado, como la familia que en algún momento fueron los Piratas de Pittsburg de Clemente, Stargell, Sanguillén, etc., en la década del 70, propiciaba el celo y rivalidad entre los propios jugadores, quienes en un momento determinado ni siquiera se hablaban entre ellos y bueno, en esa misma medida crecía el odio hacia él.

Con ese telón de fondo ocurriría en 1919 un hecho inédito y por demás insólito y reprochable cuando el primera base del equipo, Arnold “Chick” Gandil entró en contacto con gente de la mafia relacionada con las apuestas, para amañar los resultados de la Serie Mundial de ese año en el que, como hemos dicho, los Medias Blancas de Chicago eran los grandes favoritos. Aunque en un primer momento se trataba de mafiosos de poca de monta, necesario sería que hiciera su aparición gente relacionada con los grandes cárteles puesto que se estaba hablando de cifras que alcanzaban los 100 mil dólares, lo que en dinero contemporáneo equivaldría a más de  millón y medio de los verdes.

Se trataba de una acuerdo que debía implicar al mayor número de jugadores para estar blindado y asegurar su éxito ya que no eran conchas de ajo de lo que se estaba hablando. De esta manera se reclutaron hasta 8 jugadores, más otros que aun cuando no estaban en el trato, lo conocían y guardaron silencio, cómplice y temeroso silencio. La nómina incluía a los siguientes jugadores: Eddie Cicotte, Claude Williams, Oscar Felsh, George Weaver, Charles Risberg, Fred McMullin, Joe “Shoeless” Jackson y el propio Gandil. El trato contemplaba el pago de 80 mil dólares al inicio de la serie y otros 20 mil al finalizar la Serie Mundial; sin embargo las fuentes reportan que estos peloteros solo recibieron 40 mil dólares y que al verse estafados por los mafiosos continuaron jugando de la forma usual, solo que los apostadores encabezados por el famoso capo de mafia Arnold Rothstein  apretaron las tuercas de los jugadores amenazándolos con acabar con sus familias si no honraban el acuerdo. Finalmente los jugadores accedieron y perdieron 10 a 5 el último y decisivo juego de la Serie Mundial de 1919 ante Cincinnati Reds y con ello se terminaría de escribir una de las páginas más tristes del Beisbol Organizado de los EEUU.

Los 8 jugadores involucrados en el acuerdo con la mafia apostadora

Al año siguiente, en 1920, un Gran Jurado de Chicago realizó una investigación para determinar las responsabilidades del caso  en la que todos los implicados, en apariencia,  se declararon culpables, pero cuando se realizó el juicio todas las pruebas del caso habían desaparecido misteriosamente, lo que obligó a los jueces a declarar inocentes a los jugadores complotados y dar el caso por cerrado.

El 29 de Septiembre de 1920 el New York Time daba detalles del penoso trato

Sin embargo, el tacaño Comiskey estableció su propia ley al botar a los 8 jugadores implicados en la trama. Ese mismo año fue creada la Oficina del Comisionado de Beisbol de las Grandes Ligas cuyo interés inicial era el caso del arreglo de la Serie Mundial.  Esta Oficina terminaría extrañando del beisbol profesional de por vida a todos los jugadores involucrados, bajo el argumento de que:

“Independientemente del veredicto del jurado, un jugador que arregle un juego de pelota, un jugador que acometa o se comprometa a arreglar un juego de pelota, un jugador que se sienta en confianza con un montón de apostadores y jugadores corruptos, donde los medios de arreglar un juego se discutan y no acuda con prontitud a denunciar a su club sobre este arreglo, nunca jugará béisbol profesional.”


Pete Rose continúa viendo los juegos desde las tribunas por una discutible decisión del Comisionado












Por eso el loquito que bateó la inalcanzable cantidad de 4256 hits fue execrado del deporte pasatiempo de los norteamericanos al haberse comprobado su afición por las apuestas, independientemente que jamás se le comprobara que lo hiciera en contra de su propio equipo, justamente los Rojos de Cincinnati. Ese loquito se llama Peter Edward Rose y fue excomulgado del beisbol desde 1989. Analogía obligada!

Esos 8 jugadores fueron marcados para toda su vida con esta nefasta experiencia, en especial el jardinero “Pies descalzos” Jackson, quien al momento del horroroso affaire era considerado junto a Ty Cobb como los máximos exponentes de la Era de la Pelota Muerta. “Pies descalzos” negó su participación hasta el momento de su muerte y de acuerdo al testimonio de los involucrados el nombre de “Shoeless” Jackson fue puesto en el trato sin su consentimiento para darle un soporte más serio y confiable al acuerdo con la mafia, dada la fama de juicioso y buen jugador que tenía el deszapatado. Dicen que minutos antes de morir “Pies descalzos” habría dicho que ahora sí se iba a enfrentar al jurado que lo absolvería de toda culpa.

El escándalo suscitado con la trampa realizada por los jugadores para perder a ex profeso la Serie Mundial del año 19 del siglo pasado sería otras de las razones por las que, se especula, este equipo fuera también conocido como Los Medias Negras de Chicago.

Mal comenzaron las cosas para los Medias Blancas de Chicago, equipo de beisbol de las Grandes Ligas, cuando su pitcher estrella,  Eddie Cicotte, golpeó al primer bateador que enfrentó en el primer juego de la Serie Mundial de 1919 porque esa era la señal que esperaban los mafiosos apostadores para saber que el acuerdo logrado con los jugadores se estaba comenzando a cumplir y que de aquí en adelante se ingresaba en la zona de no retorno.