viernes, 21 de mayo de 2021

ROSA PERFUMADA: un cuento de camino!


Decía Simón en una magistral metáfora, que allá en su pueblo cuando pasaba un alcaraván se asustan las muchachas por el beso del morichal. Esta y otras tantas de sus poesías formaban parte de las creencias que se construían en los pueblos y que en alguna medida le daban explicaciones a los acontecimientos de la vida diaria, con esa dosis de suspicacia que caracteriza al venezolano, muy orientado hacia los temas del corazón. Todo esto se resumía en que si un alcaraván volaba bajo, alguna mujer preñada había en el barrio.

Otro tanto sucedía cuando cantaba la pavita. Esta  no anunciaba preñez, sino muerte. Entonces la gente se persignaba en señal de protección de su hogar y de los suyos y salían para las calles a ver  dónde había caído la desgracia. Si el deceso ocurría dos o tres meses, igual después se decían “viste, qué te dije, es que esa pavita no pela”.

Con esa fantasiosa ingenuidad pasaba la vida en los pueblos, a falta de experiencias extraordinarias como ocurrían en la gran capital, independientemente de que aquellos considerados capochos por los citadinos, llevaban y recibían con bastante frecuencia su cafecito en el morichal … “ah puej …parece loco ese joven” dijera el Tío Simón.

Pero es que incluso la Gran Caracas tampoco se libró de espantos. Recuerdo que cuando llegué a la capital, por allá por el año ’68 del siglo pasado, para ponerlo más dramático, aún existía un comercial de la Electricidad de Caracas y Luz Eléctrica de Venezuela, que decía “los fantasmas se fueron de Caracas con la llegada de la luz eléctrica”, lo que significaba que hasta no hace muchito los fantasmas habían estado rondando por la capital. Por cierto, mi profesor de Física en 4to año, me sacó de clase cuando preguntó sobre los beneficios de la luz eléctrica y yo de memoria le recité el comercial de la Electricidad. Me dejó sin luz!

Mi madre, Petra Corina Martínez de Acosta - así se presentaba ella en los registros oficiales- sería quien,  junto con el viejo, por supuesto, se encargaría de darme, además de las primeras luces, los primeros conocimientos acerca de ese realismo mágico  que era característico de nuestros pueblos y caseríos de principio del siglo pasado; bueno, y hasta de buena parte del siglo XX, a través de los cuentos que le contaron y de otros que ella me contaba en primera persona.

De esta manera, me contaba la vieja,   que hubo una noche en la enlutada llanura  del poblado donde vivía, Pariaguán para más señas, pueblo de espantos y aparecidos, de ánimas y de espiritistas del Estado Anzoátegui, comenzó a oírse a lo lejos las notas de una melodía conocida por todos, sin saberse a ciencia cierta dónde se originaba la tonalidad.

Intrigados por aquella misteriosa melodía, los adultos, con inteligente precaución salían a la calle tratando de ubicar el sitio donde la estaban entonando y aunque tenían una idea de dónde provenía, la gente no se atrevía a ir al origen del misterioso sonido, ya que la obscuridad infundía respeto y, bueno, los temores naturales que producían esas cosas siempre  relacionadas con eventos de explicación enigmática, que era muy común en aquella época. Basta con recordar que Pariaguán está asentado en pleno estado Anzoátegui, ahí cerquita de Santa María de Ipire, pueblo del Estado Guárico en el que se rinde culto como en ningún otro, a las Ánimas y a los aparecidos y, por supuesto, también a los desaparecidos. Allí nació El Ánima del Taguapire, para más señas y en él está asentado el culto a la negra Francisca Duarte, que es como decir la María Lionza de los llanos centrales.

Lo cierto es que durante toda la noche estuvieron escuchando solo dos palabras de la canción, que decía rosa perfumada, pero al ratico escuchaban perfumada rosa. Así pasarían toda la noche escuchando rosa perfumada, perfumada rosa; rosa perfumada, perfumada rosa.

A la mañana siguiente y con los primeros rayos del Sol, un grupo de hombres y mujeres ahora envalentonados por la claridad del día, decidió indagar sobre aquel  misterio, ya que aún continuaba oyéndose la melodía rosa perfumada, perfumada rosa, aunque con menos intensidad por los ruidos normales de la mañana. Aún así, juntos, pegaditos unos de otros en una especie de excursión, se internan en un tupido montarascal, apartando arbustos y charamizas y cuidándose de las culebras, que cuando no son reales la imaginación se encarga de darles vida.  Hasta que por fin llegan al sitio exacto donde se originaba el sonido.

Allí ven un disco de vinilo de 33 rpm en lo alto de una mata de limón. Al atender al detalle del asunto se dan cuenta que  una espina de la mata, en una suerte de aguja de pick-up,  hacía contacto con un surco del malogrado disco y cuando el viento lo movía pa´allá, se podía escuchar rosa perfumada y cuando el viento lo traía pa´acá, entonces sonaba perfumada rosa. Y en ese tejemaneje  el limonero (no del Señor, precisamente) los hizo trasnochar con la interpretación   incompleta de la canción.

De regreso al caserío, los excursionistas  dan con el segundo descubrimiento y es que se enteraron que un vecino del sector, bajo efectos de unos tragos, le dio la moña por botar sus discos, echándolos a volar en la negrura de esa noche, por lo que  Rosa Perfumada fue a parar al RCA Victor (tocadiscos)  natural que la devolvería a los oídos de los pobladores del vecindario.

Esa noche, en el Hit Parede de Pariaguán, Rosa Perfumada fue la estrella indiscutible de la jornada, dando así lugar al nacimiento de una creencia según la cual en Pariaguán los discos de acetato (no habían otros) suenan incluso con el pick-up apagado y de eso daba fe mi madre Petra Corina.

En retrospectiva concluimos en que tanto esfuerzo e imaginación que le puso Thomas Alba Edison y Alexander Graham Bell a la confección del fonógrafo para que un limonero de un pueblo de mechurrios y sofocones  le viniera a plagiar ese gran invento.

Aunque pensándolo con cabeza fría podría decirse que este cuento de Rosa Perfumada  pudiera tratarse del primer acto de piratería musical, lo que bien pudo servir de antecedente para que un siglo después se creara la peculiar forma de reproducción a través de la quema de  CDs, o sea…. 

martes, 27 de abril de 2021

Crónica de una Charla (para orinarse) de las risas

 𝐋𝐚𝐬 𝐚𝐧𝐝𝐚𝐧𝐳𝐚𝐬 𝐝𝐞 𝐮𝐧 𝐂𝐨𝐧𝐬𝐮𝐥𝐭𝐨𝐫


Uno de los oficios más controvertidos que existen en la actualidad es, sin lugar a dudas, el de Consultor. El Consultor es como decir el décimo jugador en el beisbol. Es el off sider favorito de las empresas. Unos cuantos lo adoran, mientras otros …. no tanto, sobre todo por la literatura pesada que hay en la 𝑐ℎ𝑖𝑠𝑡𝑜𝑔𝑟𝑎𝑓𝑖́𝑎 𝑢𝑛𝑖𝑣𝑒𝑟𝑠𝑎𝑙 acerca de esta tan necesaria figura en el mundo organizacional. En realidad, en esa chistografía al Consultor siempre lo dejan muy mal parado y hasta hay veces en que no lo dejan mal sentado también.
Sin embargo, hay quienes piensan que lo que pasa es que el Consultor siempre es llamado en los momentos más álgidos, cuando ya las soluciones tradicionales brillan por su ausencia, es decir, cuando todo el mundo adentro ha tirado la toalla. Ante estas situaciones aparece la figura del mago, el alquimista, el solucionador, el artista, el provocador, el motivador, el improvisador, el arriesgado, el que no teme a las alturas (Superman?... no, no es para tanto); pero también el necesitado, el urgido, el socorrido e incluso, recogido.
Lo cierto de todo esto es que quien abrace este oficio debe estar dispuesto a estar siempre en el ojo del huracán y desarrollar esa habilidad del gato para caer parado desde donde sea lanzado. Por ello son muchas las experiencias que se acumulan en media vida, y hasta en menos, dedicada al ejercicio de esa controvertida profesión, por lo que, aprovechando que hoy (ayer o antier seguramente, cuando usted lea esta crónica) se celebra en Venezuela Eʟ Dɪ́ᴀ ᴅᴇʟ Hᴜᴍᴏʀ, vámonos de cuento con una de las vicisitudes por la que pasó este Consultor amigo de ustedes, una vez en que, sin aviso y sin protesto, fueron requeridos sus servicios para apagar un fueguito en una organización.
El caso es que estando aún de reposo de una operación de próstata que hube de practicarme en el año 2012 y estando aún lejos de que se me venciera dicho período de cesantía temporal, fui llamado por la Unidad de Recursos Humanos de Ferrominera, para solicitarme les diera una charla, casi que con carácter de urgencia. Para los que desconocen el lenguaje que se habla en nuestras empresas, esa solicitud era para ayer. Y como uno como Consultor lo último que debe hacer es decirle que no a un cliente cuando le está solicitando sus servicios, pues entonces decidí diferir el reposo y afrontar aquel compromiso, que era todo un reto para alguien que aún no tenía 20 días de post operatorio.

Rosa, Flor y Sol, parte del equipo de RRHH que llevó la Risoterapia para Ferrominera

Las analistas de Ferrominera me estaban pidiendo una charla acerca de la Risoterapia y sus beneficios para la vida. Ellas se habían enterado que recién había terminado un Programa de Coaching de Bienestar y que dentro de sus contenidos había un módulo de 𝗥𝗶𝘀𝗼𝘁𝗲𝗿𝗮𝗽𝗶𝗮 𝘆 𝗛𝘂𝗺𝗼𝗿𝗶𝘀𝗺𝗼 (seguramente yo mismo lo había promocionado ¡porque los consultores no se quedan con nada!), de modo que querían probar mis conocimientos del área para evaluar la posibilidad de colocar esos contenidos en su programas de adiestramiento, y bueno, estando yo ahí cerquita muchas serían las posibilidades de trabajo que se abrirían en ese sentido. Eso lo pensaba yo, claro, cuyo optimismo me llevaba a ver en todo una oportunidad de trabajo.
Lo cierto es que me retiré a preparar mi charla, la cual comencé por intitular Una charla de las risas y estaba dirigida a todos los analistas de Recursos Humanos y a quienes ellos quisieran invitar.
A la semana ya mi charla estaba diseñada con ayudas audiovisuales, contenidos, ejercicios y todo. Para ello me valí de un par de libros de mi amigo, maestro y Risólogo número 00001 del mundo, el inefable Menahem Belilty, creador también del concepto musical humorístico Fᴏʟɪ Vᴇʀɢᴜᴇ́ Tᴀᴋɪᴛɪᴛᴀ y de algunas otras organizaciones del mismo género. También me socorrí con ejercicios provenientes del 𝐘𝐨𝐠𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐑𝐢𝐬𝐚, género pariente de la Risoterapia que incorpora el yoga en la práctica de la risa fingida y cuyo mayor exponente, y esto sí fue realmente sorpresivo para mi, no risible, por supuesto, fue un hindú (¡tan seriecitos que son ellos!) llamado Madan Kataria. Ambos modelos tratan de lo mismo: de cómo mejorar la vida y la salud a partir de la risa, risa fingida en un primer momento, ya que el cerebro no distingue entre una fingida y una risa real, por lo que los beneficios se obtienen con ambos ejemplares de risas, todo esto como aprendizaje del descubridor de la risa terapeútica, Norman Cousins, quien posteriormente sellaría su descubrimiento en un libro intitulado “Aɴᴀᴛᴏᴍɪ́ᴀ ᴅᴇ ᴜɴᴀ ᴇɴғᴇʀᴍᴇᴅᴀᴅ”.
Con la puesta a punto llegaría el día de la charla, a la cual asistí puntualmente el día y hora acordada en los salones de la Gerencia de Recursos Humanos de la empresa. Allí me esperaba un salón repleto fundamentalmente de mujeres dispuestas a sacarle el queso a la tostada, de modo que muy pronto comenzamos con un poco de la teoría motivadora, la que por sí sola es motivo de risas, porque más que teoría es una práctica de la manera como nació todo este embrollo de cosas maravillosas.

Mientras se ríe no se piensa en otra cosa que no sea el motivo de la risa.

Posteriormente pasaríamos a reírnos con las 𝑠𝑖́𝑙𝑎𝑏𝑎𝑠 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑟𝑖𝑠𝑎 𝑗𝑎, 𝑗𝑒, 𝑗𝑖, 𝑗𝑜, 𝑗𝑢 ., ya que estábamos en lo que había sido el motivo del encuentro: reír. En la medida que avanzábamos en ejercicios se profundizaba la risotada de los participantes, quienes con la guía de éste su facilitador, imitaban y mejoraban la sonoridad y espectacularidad de la risa, de modo que de un momento a otro allí ya nada era fingido y al contrario, las explosiones de risas espontáneas daban lugar a nuevas expresiones faciales y corporales que se incorporaban para provocar nuevas manifestaciones.



La risa contagia a los paladares más exigentes, lo que se demostró en el módulo en el campo

A estas alturas ya se operaban cambios en las fisiologías de los participantes: algunos se veían claramente exitados (exaltados, pues, para evitar malas interpretaciones), a otros se les veía enrojecidos los cachetes, mientras otros sudorosos no dejaban de reír. Hasta el facilitador delataba cambios en su fisiología sólo perceptibles por él mismo ….aparentemente. Finalmente haríamos ejercicios provenientes de la experiencia de Madan Kataria o lo que es lo mismo El Yoga de la Risa para terminar con ese salón convertido en una parranda de risas, abrazos, apretujones, empujones y hasta de besos, en agradecimiento por el par de horas que pasamos riendo.
¡La risa no requiere de mucho esfuerzo!
Rosa, una de las coordinadoras y participante que más se gozó la velada, se me acercó para retroalimentar el evento y aún presa de la emoción me confesó “a mi me gustó mucho ver que tú te meabas de las risas, al igual que los demás participantes y eso me provocaba mayor risa”.
Lo que Rosa y demás participantes no sabían es que Rosa tenía razón en lo que decía, porque mientras hacíamos los ejercicios de la risa, yo, como dicen los chicos de hoy, literalmente, me orinaba de las risas y mientras más lo hacía, pues más me reía de mi propia fisiología. Todo esto debido a que luego de una operación de próstata viene en la mayoría de los casos, un período de incontinencia urinaria producido por unas vacaciones unilaterales que se toma el esfínter, dejando al usuario a merced de eventos como hacer ejercicio, toser, estornudar, reírse o cargar objetos pesados que ocasionan la salida involuntaria de la excreción, en lo que se conoce entre médicos como Incontinencia por esfuerzo.
Esto, por supuesto, no lo sabía el yo facilitador de 𝐓𝐞𝐫𝐚𝐩𝐢𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐑𝐢𝐬𝐚; aunque de haberlo sabido seguramente me habría arriesgado igual porque … para un Consultor en suma necesidad no hay incontinencia demasiado caudalosa que lo detenga, o sea.


𝘜𝘯 𝘤𝘰𝘯𝘴𝘶𝘭𝘵𝘰𝘳 𝘮𝘶𝘦𝘳𝘦 𝘺 𝘭𝘭𝘦𝘨𝘢 𝘢𝘭 𝘤𝘪𝘦𝘭𝘰. 𝘊𝘶𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘚𝘢𝘯 𝘗𝘦𝘥𝘳𝘰 𝘭𝘦 𝘳𝘦𝘤𝘪𝘣𝘦, 𝘩𝘢𝘺 𝘮𝘪𝘭𝘭𝘰𝘯𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘱𝘦𝘳𝘴𝘰𝘯𝘢𝘴 𝘢𝘱𝘭𝘢𝘶𝘥𝘪𝘦́𝘯𝘥𝘰𝘭𝘰.
- ¿𝘘𝘶𝘦́ 𝘱𝘢𝘴𝘢 𝘢𝘲𝘶𝘪́? -𝘱𝘳𝘦𝘨𝘶𝘯𝘵𝘢 𝘦𝘭 𝘤𝘰𝘯𝘴𝘶𝘭𝘵𝘰𝘳.
- ¡𝘘𝘶𝘦́ 𝘷𝘢 𝘢 𝘱𝘢𝘴𝘢𝘳! 𝘜𝘴𝘵𝘦𝘥 𝘦𝘴 𝘭𝘢 𝘱𝘳𝘪𝘮𝘦𝘳𝘢 𝘱𝘦𝘳𝘴𝘰𝘯𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘷𝘪𝘷𝘦 160 𝘢𝘯̃𝘰𝘴.
- ¿160? ¡𝘠𝘰 𝘵𝘦𝘯𝘨𝘰 40!
- ¡𝘐𝘮𝘱𝘰𝘴𝘪𝘣𝘭𝘦! ¡𝘏𝘦𝘮𝘰𝘴 𝘴𝘶𝘮𝘢𝘥𝘰 𝘤𝘰𝘳𝘳𝘦𝘤𝘵𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘩𝘰𝘳𝘢𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘭𝘦 𝘧𝘢𝘤𝘵𝘶𝘳𝘰́ 𝘢 𝘴𝘶𝘴 𝘤𝘭𝘪𝘦𝘯𝘵𝘦𝘴!







miércoles, 24 de marzo de 2021

Covid: el drama de vivir 3 días en el corredor de la muerte!

 𝐂𝐨𝐯𝐢𝐝:

¡𝐭𝐫𝐞𝐬 𝐝𝐢́𝐚𝐬 𝐞𝐧 𝐞𝐥 𝐂𝐨𝐫𝐫𝐞𝐝𝐨𝐫 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐦𝐮𝐞𝐫𝐭𝐞!
En la película de Tim Robbins de 1995, un preso, (Sean Penn) aguarda en el death row (𝑐𝑜𝑟𝑟𝑒𝑑𝑜𝑟 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑚𝑢𝑒𝑟𝑡𝑒) del cual muy pocos, por no decir nadie, regresa respirando, el momento en que el carcelero lo llame y lo anuncie con voz trémula, para que se vayan abriendo todas las puertas de seguridad de los pabellones que han de atravesar antes de llegar a la sala letal, ¡DEAD MAN WALKING!, es decir HOMBRE MUERTO CAMINANDO.
Este film viene a cuento porque de él me acordé en los 3 días que estuve hospitalizado en el Hospital de Guaiparo en San Félix, gracias a la adquisición de la infección del llamado Covid19, de modo que, me imaginaba en medio de la 𝑝𝑎𝑑𝑒𝑐𝑒𝑛𝑐𝑖𝑎, que una cosa era disfrutar (y hasta sufrir del film ganador del Oscar, protagonizado por Sean Penn y Susan Sarandon) en la sala de un cine o de cualquier otra locación, tal como cualquier espacio burocrático en los que se discute el destino de los enfermos, y otra muy distinta era estar estampillado a un respirador, en busca del aire que no termina de ingresar a los pulmones, añorando por un poquito de vida o por la llegada definitiva de la inexorable muerte, ambas soluciones ahí, en ese 𝑐𝑜𝑟𝑟𝑒𝑑𝑜𝑟 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑚𝑢𝑒𝑟𝑡𝑒, son añoradas por unos y otros.
Los burócratas no conocen el 𝑐𝑜𝑟𝑟𝑒𝑑𝑜𝑟 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑚𝑢𝑒𝑟𝑡𝑒 que existe en cada hospital. Desconocen que en un largo pasillo hay hombres de todas las edades que se quejan como verdaderos niños, que llaman a sus madres y padres para que los vengan a socorrer y hasta les piden, a los que ya han cambiado de plano, que se los lleven de una vez. En ese largo pasillo hombres de todos los pesos llaman desesperadamente a las enfermeras y médicos que usualmente los tienen en frente, solicitando una poción que los aleje del sufrimiento. Hombres con gorduras que bien pudieran ser pacientes del Dr. Nowzaradan, son asistidos por diminutas enfermeras/enfermeros que sacan fuerzas de donde solo la necesidad las encuentra, para voltear aquellos volúmenes de masa humana para asistirlos con masajes y maniobras en posición prono (boca abajo). Al despertar en la mañanita, luego de a duras penas conciliar un sueño pesadillesco, ya algunos de ellos habían emprendido viaje a un descanso en paz.
Allí no hay tiempo para bromas, pero las enfermeras, camilleros y médicos se encargan con su trato amable, desde que ingresan, de proporcionarles alivio emocional, a través de un trato verdaderamente humano, directo y cariñoso; donde no existe el de la cama 5 ni el de la cama 9; no, allí están Héctor, Carlos, Pedro, Vladimir, etc., personas de carne y alma; en un espacio donde, desde la directora hasta el camillero pasan días 𝑒𝑛𝑐𝑎𝑛𝑎𝑑𝑜𝑠 sin saber de sus seres queridos, tratando de salvar vidas, aún con los malos pronósticos con que a veces son recibidos algunos pacientes.
Sólo a veces, cuando existe algún momento de tranquilidad, si tenemos el oído bien afinado, podemos escuchar en muy baja voz, a alguna enfermera confesarle a otra, que al salir de allí, en la mañana, tiene que buscar dinero para comprar medio kilo de queso duro para las arepas del desayuno de sus hijos. Allí es cuando te enteras que el esfuerzo por salvar una vida y el riesgo de contaminarse ella y sus familiares y de morir en el intento, tienen un costo mensual de un kilo de queso y dos harinas de maíz.
A los burócratas de todos los calibres y de todas las tendencias esto pareciera no importar, a juzgar por su falta de prisa en la toma de decisiones. Ellos se reúnen dos veces por semana, para discutir diversos temas y si se atraviesan unas efemérides, pues le dedican el tiempo de trabajo a recordar la epopeya pasada, olvidando lo urgente e importante que los está esperando. Bueno, urgente e importante para otros. Y así pasan años discutiendo si es el Bolívar Oro el que debe implementarse, o si es el Bolívar Petro o el Bolívar Diamante, o si se trata de indexar el salario a no sé qué vaina. De si Farías es ortodoxo, mientras Curcio y Boza son estructuralistas y los demás no son ni lo uno, ni lo otro. Todo esto en un ejercicio parlamentario que dura años. Mientras tanto la gente muriendo en el 𝑐𝑜𝑟𝑟𝑒𝑑𝑜𝑟 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑚𝑢𝑒𝑟𝑡𝑒, y muchas de las abnegadas personas que entregan su vida a la de otros han debido abandonar el barco para poderles llevar algo de alimentos a su familia, a través del ejercicio de otras profesiones u oficios.
No se trata de desconocer la realidad del país, ni de pedir imposibles a un país que indudablemente tiene problemas y limitantes muy serias. De lo que se trata es 𝕙𝕒𝕔𝕖𝕣 𝕝𝕠 𝕢𝕦𝕖 𝕤𝕖 𝕡𝕦𝕖𝕕𝕒 𝕙𝕒𝕔𝕖𝕣, 𝕡𝕖𝕣𝕠 𝕙𝕒𝕔𝕖𝕣𝕝𝕠 𝕪𝕒. Sea el Petro, dólar, Bolívar Oro, Bolívar diamante o el que sea, que sea, pero 𝕤𝕚 𝕖𝕤 𝕡𝕠𝕤𝕚𝕓𝕝𝕖 𝕚𝕞𝕡𝕝𝕖𝕞𝕖𝕟𝕥𝕒𝕣𝕝𝕠, 𝕢𝕦𝕖 𝕤𝕖𝕒 𝕪𝕒. Si es el Carvitavir, las gotas milagrosas, la levo, la ivermectina, la azitromicina, favipiravir o dexametasona , pues que sea, pero si existe en las farmacias de toda Venezuela, cada venezolano debe tener reservado su kit ante cualquier eventualidad. ¿𝐶𝑢𝑎́𝑛𝑡𝑜 𝑜𝑟𝑜 ℎ𝑎𝑐𝑒 𝑓𝑎𝑙𝑡𝑎 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑎𝑠𝑒𝑔𝑢𝑟𝑎𝑟 𝑙𝑜𝑠 𝑚𝑒𝑑𝑖𝑐𝑎𝑚𝑒𝑛𝑡𝑜𝑠 𝐶𝑜𝑣𝑖𝑑 𝑑𝑒 𝑐𝑎𝑑𝑎 𝑣𝑒𝑛𝑒𝑧𝑜𝑙𝑎𝑛𝑜?
Si queremos lograr la ansiada salud se debe aislar al burocratismo, sacarles el reloj que tienen en el pecho y meterles un corazón, meterlos empijamados al menos una semana en los corredores de la muerte de los hospitales venezolanos. Nada de visitas turísticas al Poliedro y a otros centros modelos de atención o de atención para modelos.
No pido imposibles. Sólo pido que realicemos lo posible, aquellas cosas que sean materialmente viables con los recursos que tenemos y dejar de excusarnos todos con la autocompasión de todo cuanto nos está sucediendo.

De lo contrario faltarán Susan Sarandon y Sean Penn para traspasar el umbral del 𝑐𝑜𝑟𝑟𝑒𝑑𝑜𝑟 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑚𝑢𝑒𝑟𝑡𝑒 mientras el carcelero habrá de gritar a cada segundo 𝘿𝙀𝘼𝘿 𝙈𝘼𝙉 𝙒𝘼𝙇𝙆𝙄𝙉𝙂,o sea …

domingo, 7 de febrero de 2021

Como ano para chocolate

Curiosicosas

Esta no es una crónica triple X, no obstante, es mejor que aquellas personas sensibles al lenguaje corporal abierto, tomen sus precauciones y consideren más bien que es para ser leída en horario supervisado.

Todo esto porque la empresa belga Edible Anuses le ha dado por innovar en el arte de la chocolatería y ha introducido una nueva forma de disfrutar del manjar de los grandes cacaos del mundo, como es el chocolate. De esta forma han inventado un bombón (¡esto sí que es un bombón!) en forma de ano, es decir de culo, con todas las particularidades físicas visuales y táctiles del innombrable sitio del cuerpo causante de grandes tragedias en la humanidad.

El método es muy sencillo. Si usted quiere andar de boca en boca y ser la comidilla de la gente, usted llega a la chocolatería y pide el servicio. Allí mismo es trasladado a un cuarto donde le espera un experto. Lo manda a desnudar, lo coloca en posición mirando al cielo. Luego, una plantilla especialmente diseñada para tan ignominioso propósito, es colocada allí en el dulce nombre y, de esta manera, se toma la impresión del culo del cliente. 



Una clienta feliz en camino a la inmortalización de su ano.

Lo demás será encofrar el chocolate líquido dentro del modelo y de ahí en adelante su culo será exhibido, a pedido del cliente, en la estantería, o le serán entregadas tantas cajas de culos como puedan ser pagadas, para deleite de amigos, familiares y hasta de desconocidos que no sabrán de quién fue ese culo tan sabroso que acabaron de degustar.


Modelo y producto se funden en esta gráfica para celebrar la agradable experiencia. 

La empresa recibe diariamente solicitudes de seres anodinos que desean lograr un poco de fama, inmortalizando sus culos en deliciosas golosinas. Pero también reciben 
rogaciones de parte de seguidores de algunos culos, quienes quisieran poseerlos, manque sea en forma de esfínteres chocolateros. Dicen, entonces, sus dueños que mucha gente que llega pagaría cualquier cosa por el culo de Beyoncé; mientras a otros les encantaría comerse el de Shakira y no faltan los que se darían con furia lamiéndose el de Nicki Minaj y el de Jeniffer López. Así  que desde Bélgica le pregunten a JLo "y ese culo pa' cuando".

Jennifer López, Beyoncé y Nicki Minaj son algunos de los modelos de culos que los belgas añoran saborear.

Entre los usuarios de este servicio, ahora sí dejaría de ser sacrílega la expresión 
sajona usada mucho por los gringos “kiss my ass” o “bésame el culo”, solo que para 
besarlo, previamente habrá que pasar por la registradora cancelando el importe. 
Mientras la venezolanísima expresión “anda a lavarte ese culo”, comportaría el riesgo 
de levantar falsas expectativas, porque aquellos que en Bélgica mandan a hacer su 
modelo, antes han de pasar al cuarto del experto, han de pasar por el departamento 
de higienización de la pudenda zona.

Finalmente, ya que estamos en una época en la que al “matatigrismo” lo llaman 
emprendimiento, por qué no aprovechar las ventajas competitivas que tenemos, al 
poseer el mejor cacao del mundo y a las mujeres más bellas del planeta, para montar 
una fábrica al estilo de Edible Anuses y entonces en la bolita del mundo se sabrá
que en Venezuela también se hace..... el mejor culo del mundo, o sea ….






lunes, 2 de noviembre de 2020

La rápida zorra de Maturín

 La rápida zorra de Maturín

Maturín como todos los pueblos venezolanos en los años 70’s tenía sus características propias, representadas en sitios nocturnos, en ventas de carne, en cervecerías, en abastos, en bodegas, en talleres, etc.

Recuerdo que cerca de mi casa en la Urbanización, más bien barrio, Las Brisas, había en una esquina una vieja bodega llamada Vietnam, en la que, al menos cuando yo llegué a principio de los 70’s, vendían muy pocas cosas. La consigna tácita parecía ser “si lo que anda buscando no lo encuentra en ninguna parte, pues no pierda su tiempo porque aquí tampoco lo hay”.

Pero lo bueno de la Bodega Vietnam es que siempre estaba abierta y si usted no conseguía una papeleta de Ace o un jabón azul, en cambio sí podía encontrar una caja de cerveza, despachada por cuatro viejos que se congregaban desde temprano en el sitio a tomarse las frías y a hablar de política, de allí que su nombre era demostrativo del tipo de pláticas que allí se producían.

Más allaíta, como decía el buen narrador que era Simón Díaz, había un comercial, de esos en los que se consigue de todo, regentado por un italiano bien tropicalizado al que nadie se  iba sin comprarle algo.  Una vez llegó un niño preguntando por el precio de una linterna. El italiano le sacó una y le hizo la demostración de lo bien que alumbraba. El niño le preguntó el precio y el europeo le dijo que 10 bolívares.

El niño contó el dinero que tenía y se dio cuenta de que lo que tenía no le alcanzaba. Entonces le pidió que se la vendiera sin pilas, pero el italiano que estaba preparado para contrarrestar de inmediato, le respondió para asombro de todos los que estábamos allí: “no, sin pilas te cuesta 13 bolívares”.  El muchacho le dijo que ya venía y al ratico se presentó con el dinero completo, en el entendido que una ganga como esa no se podía pelar. Mentira, la linterna en cuestión era más barata sin las baterías, pero el italiano introdujo una estrategia de marketing difícilmente despreciable.

En el centro de la ciudad, en la avenida Bolívar, estaba la Plaza Rómulo Gallegos, por cierto muy curioso el monumento, porque la estatua del gran escritor venezolano estaba como si un policía de la Metropolitana de Caracas, le hubiera gritado “cedula y contra la pared”. Su cuerpo yacía en el aire porque al escultor se le olvidó colocarle el pedestal, ¡qué nimiedad! y los brazos estaban colocados a los lados del cuerpo, lo que dio lugar a la explicación de los lugareños de que Gallegos estaba jugando concha escondida. Cosas veredes de nuestros pueblos!











Plaza Rómulo Gallegos de Maturín, años 70s, con el gran escritor pegado a la pared. 

Bien, hacia la parte posterior de la estatua de Gallegos, se encontraba un taller en el que se reparaban máquinas de escribir. Era el más conocido de la ciudad si no el único. Su nombre era Taller de Equipos para Oficina, TEPO por sus siglas en español y así era conocido en toda la ciudad. Al frente del negocio estaba el Sr. Juan Robles, hombre apacible, de gran respeto entre sus clientes, relacionados y conocidos y a quien los más allegaítos lo llamaban Tío Juan. También trabajaba allí el viejo Andrés Robles, un militar asimilado del ejército y el que se la tiraba de arrechón, pero que al uno entrar en confianza con él, rapidito terminaba llamándolo Tío Andrés. Y estaba también el sobrino de ambos, Armando Robles, quien era el técnico en equipos, es decir el que reparaba las máquinas de escribir de aquella generación y a quienes todos llamaban Armandito.

El local estaba atiborrado de máquinas de escribir desde el mostrador donde se recibían y entregaban los equipos, hasta la parte posterior que era donde efectuaban las reparaciones. Armandito siempre con su cigarro cosido en los labios, atendía a los clientes con una tranquilidad asombrosa, herencia tal vez del Tío Juan, no de Tío Andrés, por supuesto.

En mis frecuentes visitas a TEPO, ¡claro sí era novio de la sobrina de los tíos!, veía  cuando los clientes venían a buscar sus máquinas. Armandito se las traía limpiecitas y a un lado del mostrador les hacía una prueba rápida. Contentos los clientes  se dirigían a  cancelar en caja, donde los esperaba Rosa, quien parecía más bien la esposa del viejo Andrés y no de quien verdaderamente lo era, que era de Tío Juan.

Una vez cuando un cliente retiró su equipo, pude leer lo que Armandito en tan solo 5 segundos les escribía. Esto  era lo que los convencía de que el servicio había sido exitoso. Se leía en el papel una oración en inglés:

“The quick and Brown fox jumps over the lazy dog”

Intrigado le pregunté qué significaba aquello y echándome el humo del cigarrillo por un espacio desocupado por uno de sus dientes caninos, me respondió: eso significa “la rápida  zorra marrón salta sobre el perezoso perro”. Para luego acotar “si revisas bien te darás cuenta de que en la oración están contenidas todas las letras del alfabeto inglés”.

- Carajo, Armandito, y si te preguntan por la eñe? Le pregunté intrigado. Entonces agarró una máquina que ya estaba reparada y me respondió:

- Si me preguntan por la eñe, entonces les escribo; Coñññññooo!

Les he contado esta crònica de memoria porque aún en nuestros días le encuentro un magnífico encanto a esa inocente pero vivaz manera de ser de los venezolanos del siglo pasado de mi querido Maturín y que tal como a mí, tal vez a alguno de ustedes jamás se le olvide que “The quick and Brown fox jumps over the lazy dog”, o sea.

¡Y ustedes pensando que yo iba a hablar del mismo  animal, pero  de otra especie …..!


 


Plaza Rómulo Gallegos de Maturín , años 70s.

domingo, 25 de octubre de 2020

La gloria de estar con Gloria

 De La Pastora al Manicomio!

 Cuando estaba pequeño y me enamoraba como un bichito me decían que me había enamorado como un hombre; mas cuando ya entrado en años lo volvía a hacer, lo cual pareció convertirse en una inveterada costumbre, entonces me decían que me había enamorado como un niño. Como quiera que se le mirara el amor era el mismo, aunque seguramente el objeto era otro, porque nunca el amor era igual como cuando me enamoraba por última vez. En eso me parecía mucho a Hans Christian Andersen  y su final en la Balada de Hans y Jenny, en la creación romántica de Aquiles Nazoa.

Era el año 1969 y como recién llegado de la provincia venezolana, no era mucho el esfuerzo que tenía que hacer por adaptarme a la vida caraqueña de finales de la mejor década que conoció la humanidad. Como aún tenía pocas amistades, fácil se me hacía descarriar en medio de la gente en busca de no sé qué cosa, que no sé quién me podía facilitar, de modo que en ese andar por los pasillos y patios de ese gran colegio que era el Liceo Agustín Aveledo, de La Pastora, por primera vez pude  notar  la presencia luminosa de quien me convertiría en su habitué a partir de ese momento.

Liceo Agustín Aveledo, La Pastora. Circa 1968

Era Gloria! ¿Quién más, pues? La chica más popular y hermosa de todo el Liceo. Todo el mundo quería estar cerca de ella y yo, que no era de Marte, hacía mi trabajo para no pasarle desapercibido;  aunque contaba con un  aparente inmenso hándicap  y es que yo era apenas un cándido niño para ella, porque ella estudiaba 5to año y tenía 18 años y yo apenas iba por el 2do año de bachillerato con 14 años a cuesta ... Pero como en el  amor el peor mandado es el que no se hace, algo tuve que haber hecho para que en un abrir y cerrar de ojos me transformara en amigo de Gloria…. pero en un amigo de verdad verdad.

Comenzamos a vernos con frecuencia, a hablarnos, a encontrarnos a cada sonido del timbre de receso para compartir un chiclet, o una chicha en botella, o una fanta naranja. Como un macho alfa, la apartaba de la manada  y con ella me sentaba en el lugar más remoto de las canchas.  El objetivo era estar cerca de ella y eso a  ella parecía que no le disgustaba; al contrario ella también me buscaba; ah pues, esta era una amistad absolutamente correspondida. Amistad dije, no obstante en esta oportunidad me veía casándome con aquella belleza impetuosa del barrio El Manicomio, aunque manicomio era lo que se había formado en mi cabeza al conocer a Gloria.

Gloria era popular, muy popular en el liceo. Ella formaba parte del equipo de vóley ball de su sección, además de eso cantaba en la estudiantina, era tan aplicada que era miembro del equipo de Ciencias y, por si fuera poco, bailaba en el grupo de danzas del liceo. Pero lo que más me llamaba la atención era que tenía una batatas - bueno así  llamaban  en Ciudad Bolívar a esa parte de las extremidades inferiores que adquieren distintos volúmenes allá abajo detrás de las piernas – impresionantemente bien formadas, que apenas se podían ver al desnudar ….sus rodillas en momentos en que la larga falda del uniforme se descorría un poco hacia arriba, cosa que invitaba a continuar la indagación por algo más complicado, pero placentero, que por eventos eminentemente aleatorios.

Un día tomé una contundente decisión que me mantendría por más tiempo diario al lado de Gloria, con todo y las consecuencias que aquello me podría acarrear: me metí en el grupo de danzas del liceo. ¡Imagínense al hijo de Petra Corina, de quien decían que tenía piedras en los oídos y que bailaba como si tuviera dos pies derechos, bailando como todo un Nuréyev junto a Gloria! A partir de ese momento nuestros ratos juntos se prolongarían hasta ciertas horas de la noche, dado que los ensayos empezaban al salir las clases y terminaban cerca de las 8 de la noche.


Un autobús San Ruperto "La mejor forma de conocer Caracas", supera la empinada cuesta de la Plaza de la Pastora, circa 1968.

Teníamos ensayo tres días por semana. Y yo ahí siempre pegadito de Gloria. Aunque ensayábamos valses yo me la ingeniaba para para mantener una aproximación física muy alejada del distanciamiento social que este año conocimos. Durante los recesos le pedíamos permiso a la profesora para poner en su picót una canción que se transformaría en el himno de nuestros días juntos:

The changing of sunlight to moonlight

Reflections of my life

Oh, how they fill my eyes

The greetings of people in trouble

Reflections of my life

Oh, my sorrows

Sad tomorrows

Take me back to my own home

Y allí, con mis ojos cerraditos, descansaba mi cabeza sobre la azabache cabellera de mi dance partner durante los minutos de ensoñación que duraba la canción. Al terminar los ensayos nos íbamos caminando desde el liceo, en La Pastora, hasta la esquina de Marcos Parra, en el centro de Caracas, en donde ella tomaba un autobús o microbús que la llevaba hasta el Manicomio. Aunque podíamos tomar un autobús San Ruperto, cuya parada estaba a escasos metros del Liceo, preferíamos caminar por las estrechas aceras de La Pastora hasta la avenida Baralt y así seguir comentando las incidencias del día, mientras tropezábamos adredemente uno al otro.

Parada de autobuses, camioneticas y por puestos con rumbo, entre otras localidades, al Manicomio de mi Gloria. 

Pero el amor por Gloria no estaba exento de problemas. Por una parte Gloria, como toda luminaria, tenía sus pretendientes, muchos de ellos verdaderos Adonis para la época y para  las circunstancias que nos rodeaba y, por otro lado, a mi familia no la convencía esa llegadera tarde de un carajito de apenas 14 años y  dos años de experiencia en la peligrosa gran ciudad.

Así que un día en que llegué como a eso de las 9 de la noche del liceo, encontré instalado el Tribunal de Nuremberg en el comedor de la casa,  esperándome para sentarme en el banquillo a rendijú. No tuve otra que confesar, pero sólo la mitad de lo que estaba pasando. Le dije al gran jurado que me había metido en danza y que llegaba tarde porque ensayábamos al terminar las clases. El gran jurado me conminó a dirigirme al salón de confinamiento mientras sus miembros deliberaban. Estando allí escuché cuando uno de sus jueces, exaltado, enjuició “ese carajo es mariiicooo. Yo no he visto ningún bailarín que no sea mariiicoooo”. Para luego dictar sentencia: Va a tener que irse a bailar pa’ Ciudad Bolívar”. Decisión tomada…no vale apelación!

Nada de eso empañó el encandilamiento que tenía por Gloria y, por el contrario, la rebeldía del joven adolescente lo empujaba a buscar cada vez más la compañía de ella; pero como la relación no avanzaba por un motivo eminentemente etáreo, el idilio fue enfriándose … porque ni yo era Emmanuel Macron, ni Gloria era Briggitte. De modo que un aciago día Gloria me confesaría que todo sería maravilloso si yo tuviera 18 o más años, y que ella en verdad me quería mucho …pero como un amiguito. Recuerdo que mi amada Gloria concluiría con que esos cuatro años que ella era mayor que yo hacían una diferencia insalvable para continuar con el noviazgo.  Esta vez vendría Charles Aznavour a  darle el Capri C’est fin a nuestro amorío.

Sé que no quieren que me despida sin antes decirles cómo terminó la condena del juicio de Nuremberg. Pues nada, ni me fui para Ciudad Bolívar, tampoco a bailar para el Teresa Carreño y menos aún para la avenida Libertador, porque antes de terminar el año escolar me presenté con Morella, quien estudiaba conmigo, pero la obnubilación por Gloria me había impedido reparar en su presencia, en su profunda belleza y en unos ojos que al menor de Petra Corina volvió loco, esta vez para toda la vida… nunca como en las 30 anteriores oportunidades…nunca!

Pasaron los años. Muchos años; es más, varias décadas. Después de 4 décadas, en realidad casi 5, volví a ver a Gloria. Como en la canción Nuestro Balance, nos sentamos un rato a conversar serenamente. Echamos un vistazo a aquel pasado bonito y zanahoria. Nos reímos mucho y en verdad disfrutamos de ver todo aquello a través de los cristales del tiempo. Ya casi para despedirnos, Gloria me preguntó si aún había chance para recuperar algo de aquella pasión y comenzar nuevamente a vernos y bueno… que fuera lo que Dios quisiera. Que lo pensara! 

En realidad no había mucho que pensar. Esa invitación me hizo evocar sus concluyentes  palabras de despedida; sin embargo no había en mi la ruindad y abyección como para decirle que tanto en aquella época como en ésta, esos 4 años de diferencia continuaban siendo un obstáculo insalvable... o sea.


jueves, 15 de octubre de 2020

Un condominio amoroso en el Edificio Roma

Un triángulo amoroso comprometedor!

Una vez, por allá por 1971, me hice noviecito de una chica que vivía en el 2do piso del Edificio Roma, una vieja edificación (ya era vieja para aquella época) que quedaba en la esquina de Puente Trinidad, a escasos 200 metros del Panteón Nacional, en la Parroquia Altagracia de Caracas. Deyanira era su nombre. Hoy recuerdo su agradable olor y la fragancia que se la proporcionaba, muy popular en esos tiempos,  cuyo nombre y aroma, aún conservo intacto en nuestros días: Christian Carol.

Lo cierto es que éramos novios diurnos, novios de matinee,  porque sus padres eran muy celosos. Después de las 6 de la tarde era imposible verla, además, bajaban la cortina de la ventana que miraba hacia el Edificio Mapal que era donde yo vivía, lo que me impedía bucearla en la distancia. Nuestro amor no llegó a alcanzar la nocturnidad, moría en cada vespertina… o sea.

Ella estudiaba en el liceo Simón Bolívar, uno privado que quedaba en la esquina de Caja de Agua, hasta donde iba a llevarla y buscarla durante los días que duró el noviazgo.

En las tardes solíamos salir a comprar  pan  y en un descuido de sus padres nos echábamos una paseadita hasta la Plaza del Panteón Nacional, mientras esquivábamos a los borrachos que entraban y salían del bar La Cuevita, una taverna, o mejor caverna, que estaba anexo al Roma.

Allí, en la placita del Panteón, nos sentábamos un ratico a conversar; en un descuido una agarraíta de mano; en otro, una agarraíta de lo que se pudiera y en  otro descuido un piquito estimulante. Y miren que era estimulante para un carajito de 16 años!

Al regresar y pasar frente a la Torre de la Prensa, Santiago, el chichero que por años hizo de ese su sitio de venta, se metía con nosotros al gritar “y ella como que quiere”. Y cuando uno ya iba a entrompar pensando que Santiago se refería a lo que uno quería después del piquito de la plaza, el chichero ripostaba “pero él como que no tiene real”. Ah, okey, y ambos soltábamos la risa. Y el chichero también se celebraba su gracia, enseñándonos su diente de oro canino.

A veces podía entrar al edificio y acompañarla hasta muy cerca de su apartamento, lo que comportaba un altísimo riesgo de encontrarme con sus padres, para lo que aun  no me sentía suficientemente maduro. 

Lo otro es que el edificio Roma era una suerte de capital gastronómica europea, en la que convergían portugueses, italianos, of course,  españoles y canarios, todo lo cual se manifestaba en una mixtura permanente de la riqueza culinaria de estas culturas. De modo  que todos esos olores se evadían de las cocinas inundando los pasillos, que eran  espacios confinados de respiración peligrosamente forzosa.

Abajo, a nivel de la calle, quedaba el Cine Roma, conocido por su arquitectura colonial y por el fuerte olor a orine que a una cuadra  anunciaba su presencia. Recuerdo del Cine a un implacable portero, quien nunca me dejó entrar a ver la película Lo malo, lo bueno y lo feo, desde los 14 años intentándolo, porque era Censura “C”. Ya conocía mi cédula de memoria.  Sin embargo cuando cumplí los 18 y casualmente estaba montada la película ….no me pidió la cédula, para mi frustración.

 Siguiendo con mi Love Story, una noche en la que trataba de ver a Deya, a través de los bloques de ventilación del pasillo de mi apartamento, se hizo el milagro y se abrió la persiana del suyo, con tan mala suerte que  pude vislumbrar una escena que cambiaría el rumbo de esta historia de amor.

En la salita de su casa se veía a su mamá y a su papá sentados en una mesa; mientras un poco más allaíta, en un rinconcito donde sólo cabía un pequeño sofá, estaba ella sentada .....adivinen con quién? Sí, eso que están pensando: con un novio! Qué terrible! Mi novia con un novio!

Al otro día, al buscarla para acompañarla al colegio, le pregunté qué estaba pasando ahí. Muy apenada me confesó que ese era un enamorado  que sus padres le habían impuesto mucho antes que ella comenzara conmigo, pero que eso no pasaba de una visita todas las noches en los mismos términos como yo lo había observado la noche anterior, además que el tipo era muy mayor para ella. Sus padres, al parecer, estaban embrujados con este yerno que habían adquirido porque se trataba, según alegaba Deya en su defensa, de un conocido escritor y locutor de radionovelas de la época y a quien conocían como  "el escritor que llega al alma de las mujeres".

A partir de esa noche y durante todas las noches, me podían encontrar sentado como un pendejo en el pasillo, esperando que subieran las persianas. Eso, al final, destruyó todo el amor que nos habíamos prometido.

Lo bueno que pude extraer del final de esta historia es que con quien yo, presuntamente,  estaba compartiendo una novia, era nada más y nada menos que con un Antonio Madrigal, laureado artista  de los años 50, 60, 70 y quien sabe cuántas décadas más y quien con el grito de guerra que lo hizo famoso embrujó el alma de la mamá de Deyanira y quien sabe si también la de ésta. Yo no esperé para comprobarlo!

Todo esto ayudó a que mi autoestima se elevara, que el ego se edematizara y que me sintiera más tranquilo a la hora de formalizar la separación,  porque no era con cualquiera con quien este cándido quinceañero enamorado   tenía un noviazgo ..... un noviazgo en condominio!